Pedro Larrea, consejero delegado de Ferroglobe / Grupo Villar Mir

Ferroatlántica cierra una planta y estudia recortes en toda su red

Ferroglobe cierra este lunes una planta en Estados Unidos tras anunciar recortes en la producción y ventas de activos no estratégicos

 

Ferroatlántica, además del dueño de las plantas gallegas de Cee-Dumbría y Sabón, es uno de los principales productores globales de aleaciones de silicio y manganeso, pero vive atribulada desde la presentación de los resultados del último trimestre. La compañía que se fusionó con Globe en 2015 presenta un buen comportamiento en la comparativa interanual, multiplicando por cinco los beneficios y elevando un 69% el ebitda. Sin embargo, en septiembre dio un frenazo, cerrando el trimestre con pérdidas de 2,6 millones de euros y un retroceso en prácticamente todas las magnitudes, incluidas las ventas. El consejero delegado de Ferroglobe, Pedro Larrea, anunció entonces que la compañía reduciría producción con el objetivo de generar flujo de efectivo, pues había incumplido sus metas en esta materia.

Dicho y hecho. La compañía cierra este lunes sus instalaciones en las Cataratas del Niágara, donde cuenta con dos hornos de arco sumergido con una capacidad de producción de 27.000 toneladas de silicio metálico. La clausura de las operaciones afectará a unos 100 empleados, según informó Ferroglobe al supervisor. Larrea enmarcó el cierre en la revisión que realiza el grupo para ajustar y optimizar su red de producción: “El cierre corresponde a nuestro anuncio de evaluar diversos ajustes de producción para optimizar el nivel de uso de nuestras plantas y maximizar la eficiencia de nuestra plataforma global”.

Efectivamente, el consejero delegado se pronunció en términos similares en la presentación de resultados, cuando se marcó el objetivo de “generar flujo de efectivo mediante la mejora en las operaciones, reducir capital de trabajo, vender activos no esenciales y reducir gastos”. En un mes, los títulos del grupo se depreciaron por encima del 25% en el parqué. 

El miedo se instala en la industria electrointensiva

La hoja de ruta de Ferroatlántica eleva el nerviosismo en Galicia, donde cualquier movimiento de la industria electrointensiva, después del portazo de Alcoa en A Coruña y Avilés, se percibe con temor. Más todavía tras los resultados de la subasta de incentivos de interrumpibilidad, que repartió un 40% menos en las primas a las empresas.

El sindicato CIG emitió un comunicado el 28 de diciembre explicando que la dirección de la compañía había decidido parar durante seis meses dos de los cinco hornos del complejo industrial de A Costa da Morte. También alertaba de que la base de clientes de las plantas, que cuentan con el suministro de las hidroeléctricas de Villar Mir en el río Xallas, estaba siendo parcialmente abastecido por la nueva y más moderna planta de aleaciones de manganeso de Dunkerque (Francia), que compró Ferroatlántica hace un año a Glencore. Ponía como ejemplo el caso de Megasa, la empresa de la familia Freire, en Portugal.

También los trabajadores de la planta de Sabón (A Coruña) temen recortes por el elevado precio de la energía en España. En un comunicado, el comité de empresa de Arteixo dio por hecho que se pararían dos hornos y recordó que, la última vez que sucedió eso, Ferroatlántica aplicó un ERE. La compañía obtuvo cuatro bloques de 5 megavatios, los pequeños, para la planta.

 

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