Un trabajador de Alcoa durante la manifestación de protesta contra el cierre de las factorías de A Coruña y Avilés
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El anuncio de la participación de las plantas de A Coruña y Avilés en la inminente subasta de interrumpibilidad supone un cambio de escenario

Economía Digital Galicia

Un trabajador de Alcoa durante la manifestación de protesta contra el cierre de las factorías de A Coruña y Avilés

en A Coruña, 14 de noviembre de 2018 (05:00 CET)

Milimétricos pasos los que está dando Alcoa en el conflicto de A Coruña y Avilés. Y diciembre vuelve a encajar como una pieza de relojería suiza en el calendario del conflicto. Las cartas comienzan a moverse sobre la mesa, tras semanas de posiciones totalmente encontradas. Siendo importante, el anuncio de que la compañía se abre a estudiar y valorar eventuales ofertas de compra de las dos factorías una vez ampliado el período de consultas del ERE extintivo si se constituye la mesa negociadora no es lo más relevante en estos momentos. Hay otro clavo ardiendo al que se pueden aferrar ahora los trabajadores, porque despeja una gran incógnita.

Y es que durante la reunión mantenida en Madrid este martes entre la dirección de Alcoa y los representantes de los trabajadores de Avilés (no acudieron los de la planta coruñesa), la compañía despejó una ecuación hasta ahora nunca resuelta: Alcoa se presentará con las dos factorías, junto a las de A Mariña, a la inminente subasta de interrumpibilidad que prevé convocar el Gobierno.

¿Una subasta eléctrica para cerrar?

Hasta ahora, la continuidad de Alcoa ha estado vinculada al resultado de esas subastas, siempre bajo la amenaza de la venta, como sucedió en 2016. Sin embargo, si la compañía opta por presentarse a la subasta, que es una herramienta empleada con las industrias electrointensivas para lograr incentivos y evitar deslocalizaciones, la pregunta es evidente: ¿Por qué entonces el cierre? ¿Aspira la compañía a lograr megativos en la subasta, es decir, a ganar más dinero, y proceder acto seguido a poner pies en polvorosa? Sería como premiar un cierre y tomar por ingenua a la Administración. ¿O aspira a adjudicarse el mayor número de bloques en A Coruña y Avilés con la mirada puesta en un inversor al que resulten así más atractivas las plantas? Es la otra vía abierta.

De momento, la gran incógnita, que incluso oficialmente Alcoa ni confirmaba ni desmentía la semana pasada, esa disposición a presentar las plantas de A Coruña y Avilés a la subasta, parece despejada. Es un cambio de discurso, y a buen seguro una muestra de acercamiento al Gobierno en estos momentos. El período de consultas del ERE comenzó a contar a partir del 31 de octubre, aunque la empresa parece avenirse a ampliar el período, ya que acaba este mes de noviembre, si se constituye la comisión de negocaición. En diciembre, caprichos del calendario, está prevista la nueva subasta de interrumpibilidad.

Más presión política

Y en todo el conflicto, más presión política. El Congreso ha reclamado a la multinacional que retire el ERE extintivo y encuentre una "solución urgente que garantice el mantenimiento de la actividad empresarial y el empleo". Así, la Cámara Baja ha aprobado una declaración institucional para "trasladar su apoyo a los trabajadores" de ambas plantas, y lamentar y rechazar "la decisión unilateral de la empresa de cerrar" ambas instalaciones, "pieza clave del tejido productivo" de ambas comarcas.

Con la declaración, leída por la secretaria primera del Congreso, la popular Alicia Sánchez-Camacho, el Congreso ha llamado a mantener la "unidad de acción" de todas las instituciones y a "abrir una mesa de negociación con todas las partes implicadas". Las espadas siguen en alto.

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