Belén Gualda será la nueva presidenta de Navantia en sustitución de Susana de Sarriá

Reino Unido asesta el primer revés a la nueva presidenta de Navantia

El Gobierno británico considera "militares" los tres buques del macrocontrato por el que puja Navantia, lo que cerraría las puertas a astilleros extranjeros

Navantia se descuelga en la carrera por el macrocontrato para renovar la flota británica (la Royal Army). El responsable de Defensa del Gobierno del Reino Unido, Ben Wallace, se ha referido a los tres buques auxiliares que tiene previsto encargar en los próximos meses como “embarcaciones militares”, una distinción que cerraría las puertas de este contrato valorado en 1.500 millones de libras (unos 1.700 millones de euros al cambio actual) a la empresa pública española.

El cambio de terminología puede jugar un papel clave a la hora de decidir a qué astillero se le adjudica este encargo. Y es que hasta ahora estos buques proyectados tenían la consideración de embarcaciones de apoyo o auxiliares, pero una vez pasan a ser definidos como “buques militares”, tal y como Wallace ha proclamado en la Cámara de los Comunes, el contrato tan solo podría ir a parar a una empresa británica al alegarse razones de seguridad nacional (algo que también se da en España, lo que provoca que todas las fragatas o corbetas para la Armada Española vayan a parar a los diferentes astilleros de Navantia).

Los motivos del cambio de criterio

El movimiento del Gobierno británico levanta las expectativas de grandes centrales sindicales del país como GMB Union, que en los últimos meses ha redoblado el tono de sus protestas para reclamar que el contrato se quede en la isla para, entre otras cosas, insuflar aire a un sector naval británico que teme verse golpeado por la crisis del Covid-19. De hecho, el sindicato apuntaba el caso reciente de Francia, que en 2019 decidió excluir a empresas extranjeras del contrato para la construcción de cuatro buques logísticos de similares características.

El cambio de postura de Londres deja al consorcio británico formado por BAE SystemsBabcock y Cammel Laird como el principal favorito para hacerse con este contrato, en detrimento de Navantia, que concurre de la mano de las británica BMT y Harland & Wolff (astillero de Belfast conocido por construir en su momento el icónico Titanic), y a Japan Marine United Corporation.

Fue precisamente un expresidente de dos de las firmas que pujan por sacar tajada de este macrocontrato (John Parker, en su día máximo responsable de Babcock y del astillero Harland & Wolff) el encargado de publicar un informe clave en el cambio de postura del Gobierno británico. El documento se dio a conocer a finales del año pasado abogaba porque este veto a astilleros extranjeros se aplicase también a este tipo de buques, una postura contó con el apoyo de los sindicatos y de la principal fuerza de la oposición: el Partido Laborista. "No solo incrementaría la capacidad de la Royal Navy, sino que también sería un gran impulso para la economía británica, incluyendo toda la cadena de suministro en el nordeste de Inglaterra  en el caso de que el contrato fuese a parar a un astillero de Reino Unido”, declaró en su momento el diputado laborista y antiguo responsable de Defensa en el gabinete en la sombra de Ed Miliband, Kevan Jones.

Golpe a Gualda nada más llegar

El varapalo a las aspiraciones de Navantia respecto a este macrocontrato en Reino Unido se produce en un momento marcado por el relevo en su cúpula. La granadina Belén Gualda se ha convertido en la presidenta más joven de la historia de Navantia tras sustituir en el cargo a Susana de Sarriá, consolidando así el poder andaluz en la cúpula de la empresa pública.

Se trata del cuarto cambio de máximo responsable que sufre Navantia desde el año 2017. Por aquel entonces, José Manuel Revuelta fue reemplazado por el mugardés Esteban García Vilasánchez, que permaneció en el cargo menos de un año y medio. Fue entonces cuando la investidura de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno desencadenó una oleada de cambios en el organigrama de las empresas y organismos públicos que acabó llevando a Susana de Sarriá a la presidencia de Navantia.

Un artículo de Javier G. Casco

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