Pedro Larrea, consejero delegado de Ferroatlántica, en una imagen de archivo

La presión de Moody’s acelera la venta de Ferroatlántica

Ferroblobe pide autorización a la Xunta para la venta de las centrales entre amenazas de Moody’s de rebajar la calificación de su deuda

Ferroglobe llegó este jueves a la reunión con los trabajadores de la planta de Cee-Dumbría con el agua al cuello. El difícil contexto de mercado, con bajos precios para el silicio metal y para las aleaciones de manganeso pero elevados costes de producción, deteriora la solvencia de la compañía, que ya arrastraba problemas de deuda cuando el sector comenzó a contraerse en el segundo semestre del año pasado.

La dueña de Ferroatlántica pretende cerrar la venta de la factoría y de las centrales hidroeléctricas gallegas al fondo TPG por 170 millones lo antes posible, azuzada por las amenazas de las agencias de calificación de rebajar su calificación crediticia, el famoso rating, encareciendo la financiación del grupo. Esto supondría un golpe fatal para Ferroglobe en un contexto de tensiones de liquidez y estrechamiento de márgenes.

Moody's degrada a Ferroglobe

Los planes del equipo de Villar Mir pasan por refinanciar su deuda, vender las centrales antes del tercer trimestre del año y rebajar el apalancamiento. La deuda neta de Ferroglobe superaba los 400 millones a cierre del primer trimestre del año. A partir de ahí, esperar que se cumplan las mejores perspectivas comerciales previstas para 2020 e intentar limpiar deuda hasta que quede por debajo de los 200 millones, evitando la beligerancia de las agencias de calificación.

Un informe del 4 de julio de Moody’s evidenciaba los problemas de Ferroglobe. La agencia, una de las tres grandes junto a S&P y Fitch, degradó el rating de la compañía a B3, hundiéndola un poco más en el grado especulativo o bono basura.  Añadía además que la calificación podría caer más en el corto plazo si el grupo no mejoraba su situación de liquidez mediante una quita o reestructuración de la deuda o mediante la venta de las centrales hidroeléctricas gallegas. “Incluso si Ferroglobe mejora su posición de liquidez, las calificaciones podrían rebajarse en caso de una desaceleración prolongada del mercado que impediría una recuperación significativa de la rentabilidad de la compañía en los próximos 12-18 meses”, añadía Moody’s.

Con estas urgencias en la mochila, Ferroatlántica comunicó a los trabajadores este jueves que el pasado 1 de julio solicitó formalmente a la Xunta la autorización para proceder a la venta. Para ser exactos, solicita autorización para amortizar de manera anticipada el arrendamiento financiero (leasing) sobre las centrales con un grupo de bancos formado por Bankinter, Caixabank, BBVA y Abanca. Una vez recupere la propiedad de la concesión hidroeléctrica y consiga el visto bueno de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, el grupo venderá Ferroatlántica a TPG.

Se mantiene el ERTE y el contencioso contra la Xunta

A pesar del acuerdo con el fondo, la compañía mantendrá el contencioso administrativo abierto contra la Xunta  por no permitirle segregar las centrales para venderlas a Brookfield en 2017. Será el nuevo propietario de la empresa quien decida si continúa adelante con la vía judicial. También se mantendrá el ERTE, aunque no se aplicará durante el segundo semestre gracias a las primas obtenidas en la subasta de interrumpiblidad que permitieron que se reactivaran los hornos.

Si la operación acaba por cerrarse, la factoría pasará a estar gestionada por Ithaka, firma impulsada por exdirectivos de Unión Fenosa y FCC. Los encargados de capitanear la nueva etapa serán el propio consejero delegado de Ithaka, Alejandro Seco, y Juan Luis López Cardenete, quien fuera director general de Unión Fenosa.

El acuerdo con TPG fija el compromiso de Ferroglobe de comprar la producción de la factoría  y abastecerla con materia prima que consigue de manera más barata al ser una compañía global. En consecuencia, Ferroglobe no perderá capacidad de producción con la operación, pero ganará liquidez. Adicionalmente, TPG se compromete con un plan de inversiones para la factoría centrado en la renovación de equipos, que se suma al ya anunciado en su factoría de Sabón

Un artículo de Rubén Rodríguez

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