Jesús Lence / EFE

Así diseñó Jesús Lence la sucesión de Leche Río

Desde 2014, cuando entra en pérdidas, Leche Río reduce un 40% su volumen de negocio para ser rentable y abre su cúpula a directivos de confianza de Lence

 

Un proceso dilatado a lo largo de los años ordenó el legado de Jesús Lence y la gestión del grupo familiar. Los hijos del empresario de Castroverde deberán decidir ahora si mantienen la galleguidad del primer operador lácteo gallego o ceden a las ofertas que en los últimos años han tentado a Leche Río. Esta inquietud por la sucesión atraviesa a todo el sector debido al peso de la empresa en la recogida de leche, aunque lo cierto es que todos los movimientos de Lence estuvieron encaminados a asegurar la continuidad del grupo.

Dos decisiones clave definen la situación actual de la compañía. Como avanzó este medio, la creación de un consejo de administración en Lence Torres, la matriz, incorporando como consejeros a directivos de confianza del empresario, como Jesús García y Aida Canto Veiga. Por otro, un cambio de orientación en el negocio de Leche Río después de incurrir en pérdidas de 1,34 millones en el ejercicio 2014, en plena crisis del lácteo y elevadas tensiones con los ganaderos.

La transformación de Leche Río

Desde aquel año, Leche Río sacrificó cerca de un 40% de su negocio al centrarse en sus propias marcas, reforzar Leyma con productos de valor añadido y olvidarse de la producción de marca blanca para la distribución, ese actor que tanto condiciona las relaciones entre las empresas y las granjas. Río facturaba en 2014 más de 218 millones, que a cierre de 2017 se quedaron en solamente 126,7 millones. En aprovisionamientos gastaba 179 millones y ahora gasta en torno a 90 millones. Frente a las pérdidas de aquel ejercicio, la empresa ganó 7,1 millones en 2017, 6,8 millones en 2016 y 4,6 millones en 2015.

El cambio de estrategia afectó a las granjas y a la flota y transportistas autónomos que utiliza el grupo. Lence, que dijo que los ganaderos hacían tractoradas porque les gustaba “ir de fiesta”; que afirmó que los sindicatos agrarios eran uno de los “problemas” del sector; que amenazó con llevarse la empresa de Galicia en varias ocasiones; acabó normalizando la relación con las granjas y colocándose entre los que mejor y de manera más estable pagan a los productores. Toda una metáfora de la personalidad del empresario de Castroverde.

Cambio en la gestión

Lence lega a sus herederos un grupo de lo más rentable. Los tres hijos ya figuraban como propietarios de la matriz, Lence Torres, donde ostentan un 20% del capital, repartido en un 7,5% de María Jesús, y un 6,53% cada uno para Luis Jesús y María del Carmen. Ahora heredarán el resto.

Estos dos últimos son también consejeros desde comienzos de este año, cuando el grupo se armó con un consejo de administración para garantizar la continuidad de la gestión. Fue un paso significativo para alguien que estaba a acostumbrado a capitanear el grupo, como así hizo hasta sus últimos días, incluso cuando peleaba con una grave enfermedad y buscaba el tratamiento adecuado para combatirla.

El nuevo consejo

Por primera vez, personas externas a la familia se incorporaron al máximo órgano de decisión. Son dos directivos de confianza, con dilatada trayectoria en el grupo y que ahora se antojan clave en el futuro inmediato de la compañía compartiendo cónclave con los hijos de Lence. Se trata de Jesús García, con más de una década de trabajo en su hoja de servicios para Leche Río, donde fue adjunto de dirección y director de calidad, entre otros cargos; y Aida Canto Veiga, también con años de bagaje en la administración del grupo lácteo.

Anteriormente, el empresario hizo este mismo movimiento con vistas a la sucesión, creando un consejo en 2016 con sus hijos y Alexander Zehnder, ejecutivo de la multinacional farmacéutica Sanofi-Aventis y yerno de Lence –casado con María del Carmen-- pero acabó disolviéndolo y colocándose de nuevo como administrador único.

Un grupo atractivo para los inversores

Mientras estos movimientos no cuajaron, cuando el empresario negociaba semana a semana la marca blanca con la distribución, en el sector veían muy difícil vislumbrar un futuro sin Jesús Lence a los mandos. En los últimos cuatro años, Lence planificó una sucesión tranquila y la empresa, que rechazó varias ofertas de compra, pudo trasladar un mensaje de continuidad a los trabajadores este sábado. Incluso antes, coincidiendo con la consolidación de Leyma y el cambio de denominación de Leite Río a Grupo Leche Río en 2013, el empresario ya había realizado una reordenación societaria a base de ampliaciones de capital con aportaciones no dinerarias, es decir, sumando activos, para conformar un grupo empresarial ad hoc y despejar así el camino de su sucesión entre sus tres hijos.

Las incógnitas aparecen a medio plazo en un mercado muy competitivo y dominado por Lactalis (más del 20% de la recogida), pero con grandes grupos operando, como Capsa (14%) o Celta (12,5%). Leche Río es una empresa solvente y, tras redimensionar el grupo, con plantas que no funcionan a su total capacidad, por lo que resulta de lo más apetecible para una alianza o para, directamente, presentar una oferta de compra.

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