Imagen de archivo de Adolfo Domínguez y Anxo Quintana presentando el proyecto para Val da Rabeda en 2008 / EFE

La 'ciudad de la moda', con diez millones de la Xunta, acaba en un erial tomado por la maleza

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El proyecto estrella de Anxo Quintana para Ourense, destinado a acoger el centro logístico de Adolfo Domínguez, acumula rastrojos tras ocho años de parálisis

Rubén Rodríguez

Economía Digital

Imagen de archivo de Adolfo Domínguez y Anxo Quintana presentando el proyecto para Val da Rabeda en 2008 / EFE

en Ourense, 21 de mayo de 2017 (05:48 CET)

Un amplio terreno que compró la Xunta en Ourense a golpe de expropiación hace ya una década, sobrevive como inmenso descampado poblado de maleza sin que nadie ponga un proyecto sobre la mesa para darle uso.

A aquella zona se le llamó de diversas maneras, desde ciudad de la moda, pues en una parte se instalaría el centro logístico de Adolfo Domínguez, hasta "ciudad gallega del siglo XXI”, por un diseño que pretendía la integración de espacios verdes, cívicos e industriales de manera armónica. Los rótulos de los terrenos pendientes de urbanizar lucían un “solo industrial para o século XXI”, para certificar tan elevadas ambiciones.

Anxo Quintana diseñó toda una ciudad que pretendía integrar servicios administrativos, suelo industrial y zonas verdes y lúdicas para los residentes

Pero el nombre que los aunaba a todos era el de parque empresarial Val da Rabeda, nodo de interrelación entre los concellos ourensanos de Allariz, Paderne, Taboadela y San Cibrao. En el diseño de aquel proyecto, encabezado por Anxo Quintana y desarrollado por la Consellería de Vivenda de Teresa Táboas, se empezó a hablar de "ágora moderna" mucho antes del 15M.

Hoy no es nada más que una enorme superficie comida por la vegetación. Un reciente estudio del Club Financiero de Ourense sobre la deslocalización de empresas gallegas al suelo industrial del norte de Portugal, explica que en los más de un millón de metros cuadrados disponibles en Paderne de Allariz la Xunta se gastó 10,2 millones de euros, que no tienen uso productivo alguno. En Taboadela estaba proyectada la urbanización de otro millón de metros cuadrados. En las conexiones exteriores se iban a gastar otros 6,3 millones.

Rechazo de Feijóo a un proyecto "carente de rigor"

Cuando Feijóo llegó al Gobierno gallego dijo que la planificación “carecía de rigor” y estaba “sobredimensionada”, recortó a la mitad los metros y todavía no fue capaz de encontrar uso alguno para el espacio adquirido. Alegó el Consello da Xunta como ejemplo de la inviabilidad del proyecto que el Plan Territorial Integrado (PTI) del bipartito preveía la construcción de 1.409 viviendas nuevas, cuando el Plan Sectorial de Solo Residencial preveía una demanda de 126 viviendas en los cuatro concellos afectados.

José Manuel Baltar llegó a reclamar la reactivación del proyecto en 2012, cuando el presidente de la Deputación de Ourense no estaba imputado ni Feijóo tenía tanta fuerza dentro del PP gallego. Pero el plan estrella de Quintana para el área ourensana acabó cayendo en el olvido.

El exvicepresidente de la Xunta dio en 2008 una rueda de prensa junto al modisto ourensano Adolfo Domínguez donde se explicaron los detalles del proyecto y se plasmó un protocolo de colaboración. La compañía textil iba a invertir 20 millones y crear 160 puestos de trabajo con su nuevo centro logístico. El área incluiría 623.000 metros cuadrados destinados a “usos lucrativos” y otros 350.000 de zonas verdes.

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Proyecto del arquitecto César Portela para el desarrollo de Val da Rabeda

En 40 hectáreas entre el Río Barbaña y Santa Mariña se levantaría una zona agropecuaria con un centro de investigación y parcelas para cultivos destinadas a vecinos que carecieran de tierras. En Taboadela se levantaría una plaza mayor sobre 105 hectáreas con espacios de soportales, edificios administrativos y conexión ferroviaria. Y desde allí discurriría una vía principal con viviendas y edificios. De realizarse todo, la inversión se elevaría a los 350 millones.

El proyecto se ha quedado en unos terrenos vacíos que corresponderían al parque industrial y que constituyen un símbolo de la errática planificación del suelo empresarial gallego y de la dificultad de la tercera ciudad de Galicia y de su zona de influencia para hilvanar proyectos económicos de calado, que en los últimos años se han limitado al desarrollo turístico vinculado al termalismo y a la buena salud del parque tecnológico, que en realidad tiene ya más de dos décadas.

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Otro de los bocetos de César Portela para el complejo

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