Carlos Torres Vila y Francisco González en la última junta de accionistas de BBVA. EFE
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Carlos Torres Vila trata de lidiar con la envenenada herencia de Francisco González mientras prepara su primer consejo de BBVA como presidente

Madrid, 20 de enero de 2019 (04:55 CET)

Carlos Torres Vila, el flamante presidente de BBVA desde el 31 de diciembre de 2018, ha cumplido recientemente sus primeros cien días desde que fuera elegido a finales del mes de septiembre como sucesor de Francisco González, que ha estado al frente de la entidad durante los últimos 19 años. Y llega a su primer consejo de administración entre la espada y la pared y presionado para que rompa con su valedor.

Lo que parecía ser una sucesión tranquila, programada al milímetro, se ha convertido en un calvario. Si sorprendente fue el anuncio del banco del adelanto de la retirada de Francisco González antes de cumplir los 75 años (lo que sucederá el próximo 19 de octubre), más aún lo ha sido el envenenado regalo que le ha dejado FG a su heredero.

Quizás ahora, cuando han salido a la luz las presuntas escuchas del comisario José Manuel Villarejo a instancias del banco, se entiendan mejor las prisas de González por abandonar la presidencia del banco. Porque si había algo que molestara sobremanera a FG en los últimos años era que le preguntaran cuándo tenía previsto dejar la presidencia de BBVA. Siempre se remitía, sin esconder su escaso sentido del humor, a la edad estatutaria de 75 años. Pero se ha ido casi un año antes.

Quizás ahora, al transcender las escuchas de Villarejo para BBVA, se entiendan mejor las prisas de FG por dejar la presidencia

El nuevo presidente de BBVA tiene muchos frentes abiertos, pero, sin duda, el de más peso es cómo dará solución a la crisis institucional que está suponiendo la investigación de la relación entre el banco y el comisario Villarejo que inició la entidad en junio pasado y que el propio banco califica de “conductas muy graves, deplorables y diametralmente opuestas a los valores de BBVA”.

Y es que FG ha dejado la presidencia, pero no se ha ido del todo. Sigue como presidente de honor, lo que representa un auténtico reto para su recién aterrizado sucesor. El BCE presiona a Torres para que desvincule totalmente a González, pero Torres se resiste por ahora. Los próximos días serán decisivos, especialmente el consejo de este lunes 21 de enero, si es que se celebra. Está previsto que trate el tema, aunque el presidente todavía deshoja la margarita.

Todos los frentes abiertos de Torres en BBVA

El futuro de FG es el gran frente abierto de Torres, pero tiene más. El próximo 1 de febrero tiene que presentar los resultados del pasado año. Llega con una caída de todos los grandes números, menos de los beneficios. Hasta septiembre ganó 4.323 millones de euros, un 25,3% más que en el año anterior, pero gracias, en buena parte, a los 633 millones de plusvalías de la venta de su filial en Chile. Todos los demás epígrafes están en terreno negativo, incluidos los márgenes, los ingresos, los créditos a la clientela y de los depósitos de ésta.

Tiene pendiente de resolver el contencioso que mantiene con el Banco Central Europeo por la gobernanza del banco. La institución monetaria que preside Mario Draghi no es partidaria de que los bancos tengan un presidente ejecutivo y al mismo tiempo un consejero delegado.

¿Por qué? Porque no quedan delimitadas claramente las responsabilidades de cada ejecutivo. El BCE ha hecho la vista gorda porque no tenía las responsabilidades que ahora las leyes le otorgan.

Le hubiera gustado que el proceso de sustitución de FG hubiera servido para que sólo hubiera un ejecutivo al frente del segundo grupo bancario español. Y si el sucesor de FG hubiera sido Jaime Caruana, mejor. Aprovechando la posición de debilidad con la que va a convivir la entidad vasca, el BCE va a volver a la carga antes de que la junta de accionistas ratifique los cargos en su cúpula.

El negocio en España está en punto muerto y Turquía no despeja dudas, por lo que a BBVA solo le queda México

Las incertidumbres que se ciernen sobre el futuro de la entidad, por otro lado un ejemplo de cómo debe llevarse a cabo el proceso de digitalización de la banca, siguen sobrevolando por Las Tablas, donde tiene su emblemática sede.

El negocio en España está en punto muerto, a la espera de que, de una vez por todas, se materialice un cambio de rumbo en la política monetaria de la Eurozona. La economía española sigue su lenta, pero firme desaceleración y la situación política ayuda poco.

Turquía no termina de despejar dudas. La lira está algo mejor que durante la crisis del verano pasado, pero su cambio con el dólar refleja aún una caída del 42% en relación a comienzos de 2018. El FMI ha rebajado la previsión de crecimiento del PIB para el presente año del 4% de la primavera pasada a un 0,4%, diez veces menos.

Así que BBVA tendrá que confiar en Bancomer, su filial en México, para seguir generando los beneficios que el coste del capital le reclaman.

BBVA sufre en bolsa

Con este panorama y con la atenta vigilancia del BCE, preocupado por el capital de primera calidad que el banco tiene (por debajo del 9% que desearía al menos Draghi), no extraña a nadie que las acciones de BBVA hayan sido las segundas más castigadas del sector por los inversores en 2018.

El pasado año, el valor en bolsa del banco, que cuenta con 896.000 accionistas, cayó en 16.500 millones de euros, un 34,7%. Los llamamientos de Luis de Guindos, vicepresidente del BCE, a reforzar el capital no son un buen reclamo para los inversores.

Demasiados frentes abiertos cuando apenas se llevan veinte días en el cargo.

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