El CEO de Unicaja Banco, Enrique Sánchez del Villar , y el director general financiero de la entidad, Pablo González, a finales de junio, cuando Unicaja salió a bolsa. EFE/Sergio Barrenechea
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Unicaja, Liberbank, Ibercaja y Kutxabank, además de Bankia y Caixabank, integran la nómina de cajas que resistieron una vez bancarizadas

X.R.M.

El CEO de Unicaja Banco, Enrique Sánchez del Villar , y el director general financiero de la entidad, Pablo González, a finales de junio, cuando Unicaja salió a bolsa. EFE/Sergio Barrenechea

en A Coruña, 16 de mayo de 2018 (05:00 CET)

 

¿Tenían que haber caído las dos cajas gallegas necesariamente en manos de Bankia o Caixabank de no ser por Juan Carlos Escotet y Banesco? No hace falta hacer arqueología financiera para saberlo. Simplemente basta con ver dónde acabaron otras cajas. Todas, una vez bancarizadas. El debate político, de grueso calado, lleva a un lugar común estos días: Novacaixagalicia habría acabado en manos de Bankia o Caixabank de no ser por la puja ganadora de Escotet en la subasta. Sin embargo, hubo vida más allá de los dos gigantes.

El problema de las cajas gallegas, visto diez años después, no fue de modelo. Fue de gestión. Porque hoy en día muchas cajas sobreviven bajo fórmulas en su día muy criticadas también en determinadas esferas en Galicia. Y es que gran parte de ellas iniciaron la carrera de las fusiones saneadas.

Un ejemplo es el de Liberbank, que era la opción por la que apostó inicialmente Caixanova ante sus reticencias a unirse a Caixa Galicia. La fórmula era un SIP, una fusión fría, o híbrida, pero que ha dado resultado en algunos casos. Liberbank es uno. Bajo el paraguas de ese banco se encuentra la resultante de la unión de Cajastur, Caja de Extremadura y Caja Cantabria. Con anterioridad, Cajastur había adquirido el negocio de Caja Castilla-La Mancha, la primera entidad que se intervino en la crisis. La sede de Liberbank está en Madrid.

Los otros caminos

Otro caso es el de Unicaja Banco. Es el resultado de una serie de fusiones previas. Entre Unicaja y Caja Jaén, por un lado, y Caja España y Caja Duero, por otro, que dieron lugar al Banco Ceiss. Éste último, finalmente, se integró como filial de Unicaja Banco. Para hallar su origen hay que remontarse hasta la Caja de Ronda. Hoy en día, Unicaja Banco tiene su sede en Málaga.

Fruto de integraciones alternativas es también Ibercaja, con sede en Zaragoza. Ibercaja, con su oriunda la CAI, es el resultado de las uniones de Caja Inmaculada de Aragón, Caja de Badajoz y Caja Círculo de Burgos, que impulsaron un SIP, denominado Banco Caja 3, y que acabaría posteriormente fusionándose con Ibercaja.

Los más grandes

Banco Mare Nostrum (BMN) lo intentó pero acabó en manos de Bankia. Desde enero de este año. Con anterioridad, navegó con distinta suerte fruto de otra serie de uniones. En su caso, se trató de la alianza de Caja Murcia, Caixa Penedés, Caja Granada y SA Nostra. En Bankia, que fue la opción planteada desde Caixa Galicia para dar respuesta al acercamiento de Caixanova a lo que sería más tarde Liberbank, están integradas Caja Madrid, Bancaja, Caja Canarias, Caixa Laietana y las cajas de Ávila, Segovia y La Rioja.

Capítulo aparte merece Caixabank, que procedió a engullir otras entidades, que incluso previamente habían constituido SIP, la fórmula alternativa a las fusiones. Las que en su día conformaron Banca Cívica y Cajasol están hoy en la órbita de Caixabank. Frente a este caso, otra integración de lo más natural. BBK, Kutxa y Vital Kutxa conformaron a través de un SIP lo que hoy es Kutxabank, con sede en Bilbao. Previamente, BBK absorbió Cajasur, en su día intervenida por el Banco de España. Por tanto, hay vida más allá de Caixabank y Bankia.

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