Francesc Gibert, de KPMG, durante su intervención en la comisión del Congreso

Los "patinazos" de KPMG con la fusión de las cajas

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El informe de KPMG preveía unos costes de reestructuración de apenas 485 millones y un beneficio bruto de 2.671 millones entre 2010 y 2015

en A Coruña, 17 de mayo de 2018 (05:00 CET)

El informe de KPMG sobre la fusión de las cajas es lo más parecido a una escopeta de feria en papel. Por sus fallos de cálculo y sus previsiones, totalmente alejadas de una realidad que, es cierto, en esos momentos era impredecible, como se encargaron de demostrar los años más duros de la crisis. El informe, presentado por la Xunta como una due diligence, término que no se ajusta al encargo, se presentó en enero de 2010, cuando en los despachos de San Caetano ya estaba claro el camino: la fusión.

¿Por qué KPMG? La Xunta optó por esa consultora por una cuestión, que tenía que ver con las incompatibilidades. De las grandes auditoras, Caixanova tenía a Deloitte como firma de cabecera, mientras que Caixa Galicia contaba con PWC. Prácticamente todas la proyecciones que realizaron los chicos de KPMG fueron erradas. Y eso que el equipo estaba integrado por todo un elenco de ejecutivos: dos socios directores expertos en el sector financiero, tres directores, tres senior manager y 19 consultores, además del asesoramiento adicional de las áreas de legal, laboral y fiscal de la consultora.

Nada de "due diligence"

Pues ni con esas. Empezando por las conclusiones: la fusión es solvente, es la fórmula que garantiza la galleguidad y está avalada técnicamente. Así rezaba la presentación realizada por la Xunta de dicho informe, que estaba muy lejos de ser una due diligence. Se entiende por este tipo de análisis aquellos  que se encargan a una consultora en un proceso de compra de una empresa, por ejemplo, para comprobar que todas sus cuentas responden a la realidad, con la verificación de su información financiera. El comprador suele encargar la due diligence.

Los números también erraron, y sacan los colores pasado el tiempo. Los costes totales de reestructuración, decía KPMG, ascenderían a 485 millones de euros, cuando hicieron falta 9.000 millones para que el barco resultante de la integración de Caixa Galicia y Caixanova no se fuera a pique. El ajuste de plantilla necesario, explicaba la Xunta con el informe como base, no pasaría de los 1.296 trabajadores, cuando la fusión y posterior quiebra se llevó por delante algo más de 3.700 puestos de trabajo.

Beneficios millonarios

Más datos. El estudio estimaba un cierre de oficinas de 280 sucursales. Y un resultado previsto para el período comprendido entre 2010 y 2015 que arrojaría un beneficio bruto de 2.671 millones de euros, con una aportación fiscal vía Impuesto de Sociedades de 655 millones. En ese mismo período, decían desde KMPG, la obra social estaría garantizada con una aportación de 300 millones.

"Los ratios clave de la entidad fusionada en cuanto a solvencia, rentabilidad, eficiencia y nivel de financiación mayorista previstos para 2015, después de la devolución de las ayudas del FROB, se corresponde con los de una entidad viable". Y, todo, con unos costes de 485 millones. Está claro que KPMG no tenía precisamente una varita mágica en el cajón.

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