Kike Sarasola / Room Mate

La empresa de Kike Sarasola cerró cuatro ejercicios en quiebra técnica

Los préstamos participativos de Sandra Ortega y una ampliación de capital culminada el pasado diciembre sacaron a Room Mate de la causa de disolución

La cadena hotelera de Kike Sarasola, participada en un 30% por Sandra Ortega, ha acabado todos sus ejercicios desde al menos 2015 en situación de quiebra técnica. La compañía, que está en medio de un ambicioso plan de expansión, también cerró con pérdidas millonarias los cuatro últimos años. Ascendieron a 7,2 millones en 2015; a 10,2 millones en 2016; bajaron a 8,3 millones al año siguiente y a 7,2 millones en 2018, el último ejercicio en el que presentó cuentas.

La empresa de Kike Sarasola, ahora en el ojo del huracán por alojar en apartamentos de lujo a la presidenta de la Comunidad de Madrid y al que fuera líder de Ciudadanos, Albert Rivera, sorteó su agujero contable gracias a los préstamos participativos de la hija del fundador de Inditex, Sandra Ortega, y a una ampliación de capital de 33,3 millones que culminó en diciembre del año pasado y que suscribió íntegramente Sarasola mediante una aportación de acciones.

Préstamos participativos de Sandra Ortega

Los movimientos para evitar la causa de disolución comenzaron en 2015, con la transformación de 3 millones de la deuda que Room Mate mantenía con Rosp Corunna en préstamos participativos. En 2016, el brazo inversor de Sandra Ortega accedió a transformar otros 4,7 millones de deuda en préstamos participativos para restablecer el equilibrio patrimonial de la compañía.

Este tipo de préstamos, a diferencia de la deuda ordinaria, contabiliza para el patrimonio neto, es decir, permite elevarlo para esquivar la causa de disolución obligatoria fijada en la ley de sociedades de capital. En esa situación estaba Room Mate, que acabó el ejercicio de 2015 con un patrimonio neto negativo de 25,1 millones, mientras que el agujero contable se elevó a 34,4 millones al año siguiente.

Otro préstamo de 8 millones

La mostró facturación de Room Mate mostró un claro crecimiento en los últimos años, pasando de los 49 millones de 2015 a los 81 millones de 2018, apoyada en la apertura de nuevos establecimientos. Sin embargo, esto no sirvió para hacer rentable a la cadena hotelera. Al contrario, volvió a acabar en quiebra técnica los dos últimos ejercicios.

En el de 2017, la empresa de Kike Sarasola cerró con un patrimonio neto negativo de 42,5 millones y en causa de disolución. Sandra Ortega otorgó un préstamo de 8,1 millones para solventar la situación. El volumen conjunto de los préstamos participativos que Rosp Corunna otorgó a Sarasola ascienden a 26 millones.

Finalmente, Room Mate volvió a acabar curso en causa de disolución en 2018, cuando tenía un patrimonio neto negativo de 49 millones tras volver a cerrar en números rojos de 7,2 millones. En este caso, la cadena realizó una ampliación de capital para resolver el agujero contable. Se realizó el pasado diciembre y ascendió a 33,3 millones, suscritos íntegramente por Sarasola mediante una aportación de acciones de la sociedad propietaria de la marca Room Mate.

Un artículo de Rubén Rodríguez

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