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El empresario Juan Miguel Villar Mir, al margen de Ferroatlántica, opera en Galicia a través de filiales como Ramsa, Sato, OHL o Cuarzos Industriales

Pablo Barro

Juan Miguel Villar Mir, que ha comprado al fondo Tyrus Capital Event todas las acciones que poseía en el capital social de OHL. EFE

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Villar Mir

A Coruña, 25 de abril de 2017 (05:00 CET)

A sus 85 años, el empresario Juan Miguel Villar Mir vuelve a toparse con la justicia. Este lunes, su nombre ha aparecido en la lista de personas a las que investiga el juez Velasco en el marco de la 'operación Lezo', en la que también se ha visto implicado su yerno, Javier López Madrid. No obstante, no es la única batalla legal que se le presenta, pues la venta de las centrales de Ferroatlántica parece llamada a dirimirse en los juzgados.

La empresa de ferroaleaciones y sus centrales hidroeléctricas son los activos que se relacionan con más facilidad con el empresario, pero otras infraestructuras como la autovía del Cantábrico, el Eje Atlántico de alta velocidad, el aeropuerto de Lavacolla o el puerto exterior de A Coruña también llevan su sello. Y es que, durante los últimos años, las empresas de Villar Mir, fundamentalmente OHL, pero también sus filiales Sato, Construcciones Malvar o Elsan Pacsa, han figurado en las listas de grandes adjudicatarios de obra pública en Galicia.

Villar Mir: el Eje Atlántico, el aeropuerto de Lavacolla o el puerto exterior de A Coruña llevan su sello

La Federación Gallega de la Construcción, en su último estudio de adjudicaciones de obra pública, correspondiente al ejercicio 2015, constata no obstante un frenazo de la actividad de las empresas del ex ministro en relación con el año anterior, pues resultó adjudicatario de obras por 4,8 millones (4,1 para la nueva línea de atraque en el puerto vigués de Bouzas y 785.000 para la mejora del calado de Langosteira), cuando en 2014 alcanzó los 22 millones, situándose como cuarto máximo adjudicatario.

Este parón también se hace patente en la renuncia a construir una planta de prefabricados de hormigón de su filial Pacadar en Monforte. A pesar de que la Diputación de Lugo le había allanado el camino, las trabas urbanísticas impidieron su desarrollo, lo que provocó que el empresario retirase los 50.000 euros de fianza que había depositado para su construcción.

Energía y minas

Sus empresas también están detrás de la construcción de las nuevas minicentrales del río Xallas, las mismas que ahora pretende vender junto con el resto de activos hidroeléctricos que controla a través de VM Energía, con sede en Madrid. Las centrales son una parte fundamental de su negocio en Galicia, como también lo son las plantas de ferroaleaciones a las que están vinculadas, al menos hasta que se haga efectiva la solicitud de segregación y la Xunta diga lo contrario.

Los productos de silicio-manganeso, ferrosilicio y silicio metal que utilizan estas plantas precisan algunas materias primas como el mineral de cuarzo y cuarzo sedimentario. Parte de estas necesidades se cubren con los proyectos mineros que el empresario gestiona a través de las sociedades Cuarzos Industriales, con sede en Vedra, y Rocas, Arcillas y Minerales SA (Ramsa), ubicada en Ribadulla.

Flirteando con el conflicto

Precisamente, vinculada a esta última, aunque desde el año 2000 bajo control de Ferroatlántica, está una de sus más polémicas propiedades: la mina de Serrabal, con la que Villar Mir quiso pegar un pelotazo a costa del supuesto lucro cesante que le ocasionaban las expropiaciones para el trazado del AVE, reclamaciones que, por otra parte, quedaron en nada.

También polémicas fueron la construcción del salto de O Ézaro, que recibió el visto bueno de su valedor en Galicia y entonces presidente de la Xunta, Manuel Fraga, una polémica presa que convirtió en atracción turística el único río que desemboca en cascada en la Europa continental. El mismo río, el Xallas, que le acusaron de secar tras vaciar el embalse de A Fervenza y provocar la muerte de miles de peces.

Ahora, son los trabajadores de Ferroatlántica en Cee-Dumbría los que le acusan de “secar” la empresa de inversiones y de reinvertir los beneficios que generan las centrales hidroeléctricas fuera de Galicia, una forma de proceder que no dudan en calificar de “expolio” y que, anuncian, defenderán en los tribunales "denunciando hasta el último funcionario por prevaricación" si se autoriza la segregación. A Feijóo, por su parte, simplemente le sugieren que "tome nota" de la imputación de Villar Mir para saber con quién decide hacer negocios.