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El presidente Puigdemont no quiere matar la declaración de independencia y juega con la CUP para ganar seis meses de negociación con el Gobierno

Manel Manchón

La CUP fuerza la suspensión del próximo pleno del Parlament. Puigdemont y Anna Gabriel. EFE

en Barcelona, 07 de octubre de 2017 (06:00 CET)

El peligro no se aleja. La declaración de independencia sigue siendo una posibilidad para el presidente catalán, Carles Puigdemont, que se apoya en la CUP para mantener viva la secesión. Puigdemont estudia cómo acomodar la declaración política que tiene previsto pronunciar este martes en el Parlament con las necesidades y advertencias del Pdecat y de ERC, sin descuidar el mundo económico que ya ha dado muestras de grave preocupación y que ha tomado medidas claras como la salida de las sedes sociales por parte del Banco Sabadell, Caixabank o Gas Natural. Y eso pasa por una declaración sobre el derecho a la independencia de Cataluña, con un periodo de seis meses para negociar con el Gobierno alguna salida política, antes de convocar elecciones constituyentes.

Puigdemont ha recibido una enorme presión en las últimas 48 horas. Representantes del mundo económico han contactado con Puigdemont, pero también los dirigentes de su propio partido, el Pdecat y de Esquerra, que buscan una vía intermedia que pueda lograr un difícil equilibrio: no defraudar a las masas independentistas, pero tampoco invitar al Gobierno de Mariano Rajoy a que aplique el artículo 155 de la Constitución tras una declaración de independencia.

Puigdemont no quiere defraudar a las masas independentistas, aunque escucha los ruegos del Pdecat

Para ello, Puigdemont se escuda en la CUP, que desea la proclamación de la independencia, atendiendo a los resultados del ‘referéndum’ del 1-O, que, con el recuento definitivo señala que votaron 2,2 millones de catalanes, con el 92% favorable a la independencia. Con las dificultades provocadas por las cargas policiales, el bloque independentista considera que se trata de unos resultados que demuestran “una proeza”, y que no se puede ahora dejar a toda esa gente en la estacada. Escucha, sin embargo, a un amigo, al consejero Santi Vila, que le pide que es el momento de no forzar las cosas, de que la proclamación sería un error que se podría pagar muy caro.

Y es que una declaración de independencia supondrá la intervención directa del estado. El empresariado ha tomado conciencia del peligro, después de no hacer prácticamente nada en los últimos cinco años. El discurso del rey actuó, en palabras de un consejero de la Generalitat, de “electroshock”, porque el monarca advirtió de que ya no queda más margen, de que el 155 está esperando en la esquina de la plaza Sant Jaume, donde se ubica el edificio de la Generalitat.

Forzar la máquina, tras una reacción que ha supuesto ya la salida de empresas y de las sedes de los dos bancos catalanes, Caixabank y Banc Sabadell, sería catastrófico para la economía catalana.

La tesis de una parte del independentismo es forzar la máquina al máximo para forzar una negociación, con todas las consecuencias

Sin embargo, y esa es la paradoja de la sociedad catalana que nadie entiende en Madrid, un economista liberal independentista como Xavier Sala Martín, premio Rey Juan Carlos I de Economía en 2004, minimizó esas salidas empresariales, y alentó a mantener el pulso para busca una negociación de tú a tú con el Estado. Para el economista, tesis que defiende el independentismo, el Gobierno busca ahora el ahogo económico de Cataluña, después de buscar el miedo con las cargas policiales del pasado domingo. Esa tesis es compartida por el presidente Puigdemont, y por la CUP, y, por tanto, alienta la carta de seguir adelante y que salga el sol por Antequera.

Esa es una realidad que teme el Pdecat, y también buena parte de ERC, que, aunque partidaria de buscar una negociación, no quiere quemar las naves de cualquier manera. El hecho es que el martes, en el Parlament, el soberanismo tiene capacidad para rodear el edificio, en el parque de la Ciutadella, con 70.000 personas, dispuestas a jalear la proclamación de la indepedencia y/o enfrentarse a los cuerpos de seguridad.

Quedan unos pocos días. Las negociaciones a todos los niveles se suceden. Puigdemont explicaría ya sus intenciones, dispuesto a negociar, si el Gobierno accediera a sentarse en una mesa. Pero el Ejecutivo de Mariano Rajoy no acepta esas condiciones. El primero que debe retirarse, para Rajoy, es Puigdemont, dejando de lado esa proclamación de independencia.

Lo mejor para todos los implicados es que “se gana tiempo, aunque sea un día”. Y es que Puigdemont ha aceptado un requerimiento negociado con Catalunya Sí que es pot para comparecer en el Parlament el martes a las 18.00 horas, después de que el Tribunal Constitucional hubiera suspendido el pleno que se había convocado para este lunes únicamente programado para proclamar la DUI.

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