Francesc Rubiralta, presidente y consejero delegado de Celsa.

Otro golpe en la industria: Celsa Atlantic duplica sus pérdidas

El resultado operativo de Celsa Atlantic, con planta en A Laracha, presenta unos números rojos de casi 11 millones de euros en 2018

La crónica de la industria electrointensiva implantada en Galicia se escribe en rojo, el mismo color que presentan los números y los resultados de Celsa Atlantic, por ejemplo, que tiene en A Laracha uno de sus grandes polos productivos. La compañía, que integró en 2007 lo que era Siderúrgica Añón, promovida en su día por Manuel Añón y el difunto Epifanio Campo, no levanta cabeza y sobresale entre la nómina de grandes consumidores de energía gallegos que están a la espera del nuevo estatuto para la industria electrointensiva. Las pérdidas hacen de la paciencia agonía.

Celsa Atlantic prensentó un resultado de explotación negativo de 10,8 millones de euros al cierre del año pasado. Esas pérdidas, derivadas de su propio negocio en lo que se entiende por resultado operativo (incluye amortizaciones), prácticamente duplicaron las contabilizadas el año precedente, ya que en 2017 los número rojos en este sentido fueron de 6,1 millones.

Enajenaciones que dulcifican el resultado

La compañía, que culminó un plan de refinanciación millonario de su deuda bancaria en 2018, apuntó 12 millones como resultado de enajenaciones el año pasado, cuando en 2017 no había activado ninguna desinversión, con lo que su resultado neto refleja los efectos de esa operación. De hecho, según las cuentas presentadas en el Registro Mercantil, Celsa Atlantic amortiguó la cuenta de resultados con esa enajenación y firmó unas pérdidas netas el año pasado de 8,6 millones, frente a los números rojos de 14,7 millones de 2017.

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Mejora de ingresos

Y  la compañía con planta en A Laracha firma esta evolución pese a incrementar su cifra de negocio. Cerró el año pasado con unos ingresos de 295,3 millones, frente a una facturación de prácticamente 255 millones en 2017. Ese crecimiento, un 15% superior al

ejercicio anterior,  es "debido a la mejora progresiva de la economía global y en particular de las expectativas alcistas para la economía europea y española impactando positivamente en la evolución de precios en el sector del acero", señala la compañía.

Celsa Atlantic tiene su domicilio social en Vitoria y opera en España a través de sus localizaciones de Vitoria y A Laracha. Dos son sus actividades básicas: producción y comercialización de tubos de acero, así como de productos trefilados y laminados. La compañía está integrada en Barna Steel, sociedad de cabecera de la familia catalana Rubiralta.

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El rapapolvo de los auditores

Ernst&Young, el auditor de Celsa Atlantic, da la vuelta en su informe a la estructura del balance de la compañía, en gran medida debido a provisiones que debería haber llevado a cabo. Y en el caso de A Laracha, se detiene en el inmovilizado intangible del balance, que incluye un fondo de comercio por 144 millones de euros, relativo a una combinación de negocios acontecida en ejercicios anteriores y por los que Celsa adquirió la planta de productos largos de A Laracha.

Dice Ernst&Young que ese fondo de comercio, esos 144 millones, deberían ser íntegramente deteriorados, a los que debería incorporar otro importe adicional de 21 millones, en concepto de activos tangibles e intangibles deteriorados. Esas dos son las millonarias salvedades que incorporan en su informe los auditores en las cuentas del año pasado, opinión que también se había reflejado en 2017.

Un artículo de X.R.M.

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