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Nokia ha logrado sacar la cabeza en un Mobile World Congress falto de grandes nombres y anuncios. Eso sí, la emblemática marca vuelve tras una dura travesía

Pablo Jiménez

Arto Nummela, CEO de HMD, durante la presentación en Barcelona del nuevo modelo Nokia 3310, en la jornada previa a la inauguración de MWC 2017. EFE/Quique García

en Barcelona, 05 de marzo de 2017 (05:19 CET)

El Mobile World Congress (MWC) de 2017 bajó la persiana este jueves con el habitual regusto a deja vu de este tipo de ferias. El gran encuentro de la industria móvil gira desde hace años en torno a temas como el internet de las cosas, la inteligencia artificial o el coche conectado, tecnologías que no acaban de calar para el común de los ciudadanos. La otra pata suelen ser los grandes anuncios de los principales fabricantes, un reclamo del que el MWC ha andado escaso.

Bajo este panorama la compañía que quizás ha hecho más ruido es Nokia. Una vieja conocida que ha vuelto tirando de nostalgia y con cuatro nuevos dispositivos. El más llamativo, por lo que representa en la historia de la telefonía, es la nueva versión del Nokia 3310. Aquel teléfono muy sencillo y duradero, que vuelve más o menos con los mismos atractivos --pero sin Whatsapp, por ejemplo-- y a un precio de 49 euros. Junto a él, tres smartphones de gama media o baja: el Nokia 6 (229 €), Nokia 5 (189 €) y Nokia 3 (139 €).  

HMD es el nuevo padre

Nokia mantiene el nombre y la marca en su reaparición. De hecho los utiliza como su principal baza de marketing. Pero detrás de estas cinco letras muchas cosas han cambiado respecto a finales de los 2000, cuando la firma fue incapaz de sobrevivir a la revolución de los teléfonos inteligentes con pantalla táctil, con el iPhone a la cabeza.

Nokia mantiene el nombre y la marca en su reaparición. De hecho los utiliza como su principal baza de marketing

Los dispositivos ahora estrenados son hijos de HMD Global, una compañía, también finesa, creada en 2016 como fondo de capital riesgo y con el objetivo exclusivo de devolver a la vida (y al éxito) al que durante mucho tiempo fue el emblema industrial de Finlandia. Con esta idea en mente, HMD adquirió en mayo del año pasado las patentes de los teléfonos originales a Nokia Technologies, que hoy se dedica únicamente a redes de telecomunicaciones.

De manera paralela, HMD compró a Microsoft los derechos de imagen de la marca Nokia. La enseña europea apenas duró dos años en manos de la multinacional que hoy dirige Satya Nadella, quien fracasó en sus aspiraciones de hacerse un hueco en el competidísimo mercado móvil.

Fabricación vía Taiwan

Pero Microsoft vendió la tarta por partes. Los activos industriales fueron a parar a FIH Mobile Limited (FIH), filial de la multinacional taiwanesa Foxconn, ensambladora de buena de buena parte de los teléfonos inteligentes que hay en el mercado, incluidos los de Apple o Samsung. Tras ambas operaciones HMD y FIH sellaron un “acuerdo de colaboración” a través del que el grupo finés se hizo con el control operativo de las ventas, el marketing y distribución de los nuevos dispositivos Nokia, tanto tabletas como teléfonos.

Microsoft vendió la tarta de Nokia por partes, también a la taiwanesa Foxconn

A pesar de las operaciones de compraventa y el lavado de cara, los nombres que comandan este nuevo proyecto no tienen nada de nuevo. Al frente de todos ellos figura Arto Nummela, consejero delegado de HMD, vinculado a Nokia desde 1994. Nummela pasó por múltiples cargos en la compañía durante los años dorados del fabricante y se incorporó a la dirección de la división de móviles de Microsoft cuando el grupo estadounidense lo absorbió. Florian Seiche, presidente de HMD, pasó por empresas como Siemens o HTC antes de incorporarse a Nokia en la etapa más reciente.

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