Juan Picos: "El futuro de la industria forestal ha de estar vinculado a la química"

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El profesor de la Escola de Enxeñaría Forestal de la Universidad de Vigo dibuja un escenario marcado por un mayor aprovechamiento del recurso y la creación de nuevos productos y biomateriales

El profesor Juan Picos

en A Coruña , 15 de febrero de 2016 (00:35 CET)

El sector forestal gallego tiene trabajo por delante. A la redacción del nuevo Plan Forestal de Galicia o la fijación de objetivos de inversión dentro del Plan de Desenvolvemento Rural 2014-2020, se suma la necesidad de reorganizar los sistemas de aprovechamiento y transformación para poder competir en condiciones en los nuevos escenarios que se van a presentar.

El profesor de profesor de la Escola de Enxeñaría Forestal de la Universidad de Vigo analizó recientemente en su informe El sector forestal en Galicia: problemática actual y perspectivas futuras, presentado por el Foro Económico Gallego la situación del sector y las oportunidades que se le presentan.

¿Cuál es el principal reto al que se enfrenta el sector forestal en Galicia?

El principal reto es fortalecer de principio a fin la cadena, desde la gestión forestal a las últimas transformaciones. Cada eslabón tiene que ser consciente de que cada una de las partes hace fuerte a las demás.

¿En qué aspectos se debe trabajar?

La innovación es básica. Tenemos que plantearnos aprovechar al máximo el recurso. Estamos en un escenario donde van a surgir nuevos productos. Todo el desarrollo de la ingeniería de materiales va a ser susceptible de ser aplicado a la madera. Al igual que hicimos con el plástico, aprenderemos a modificar las moléculas de la madera para obtener materiales como bioplásticos con los que dar respuesta a las demandas de una sociedad cada vez más preocupada por la ecología y el medio ambiente.

¿Y Galicia como está en este sentido?

En otros países es la industria química la que está cambiando de caballo. Está asumiendo que una parte de su futuro pasa por fabricar cosas a partir de la madera y no del petróleo. Nosotros tenemos una industria forestal fuerte cuya capacidad de transformarse es más pequeña sin esa pata química, pero ya hay facultades y grupos de investigación que están trabajando el tema de los biomateriales. Tendremos que ser capaces de impregnar nuestra industria forestal más tradicional con nuevos conocimientos de la química. El futuro va a venir por ahí.

Sin embargo, una buena parte del sector es reacia a los cambios

Va por barrios. Sobre todo la que tiene que ver con los aserraderos, porque son empresas de una dimensión pequeña, de carácter familiar y con dificultades de renovación del capital humano. Pero no hay que olvidar que también tenemos líderes internacionales de fabricación de pasta, de tablero... un sector muy heterogéneo.

El componente demográfico también juega un papel importante

Sí. Va a afectar mucho al aprovechamiento forestal. Un monte productivo, sano y competitivo es aquel que está insertado en una matriz rural que también es sana y competitiva. El monte es el mayor beneficiario de que haya vida en el rural. Con el abandono nadie gana.

Sobre los usos del suelo, ¿debemos acabar con el minifundio?

No hay que ser tan tajante. El minifundismo tiene algunos aspectos positivos. De lo que debemos ser capaces es de superar sus peros agrupando la propiedad, organizándonos, gestionándola conjuntamente y siendo más eficientes entre todos. Es decir, progresar pese al minifundismo organizándonos.

¿Por qué modelo debemos apostar?

No hay un único modelo que valga para todo. Existen, por ejemplo, maneras complementarias a las sofor de sacar adelante proyectos y mejorar la eficiencia. Una mera venta conjunta de madera, como hacen algunas asociaciones en el norte de Galicia, también permite combatir el minifundio sin necesidad de constituir sociedades nuevas ni meterse en más líos. Hay que superar barreras y fomentar que cada uno busque la mejor forma de cooperar con el vecino.

De alguna forma habrá que incentivar esos cambios... 

Lo más importante es localizar sitios que sean fértiles para llevarlos a cabo. Si somos capaces de sacar cosas adelante, la capacidad de contagio es muy grande. Tenemos constancia de grupos que están dispuestos a explorar cómo organizarse. A esos hay que darles todo el apoyo del mundo para que vayan definiendo el compromiso que quieren adquirir

Da la sensación de que el sector anda un poco perdido sobre cómo actuar. ¿Es el Plan Forestal de Galicia la solución a este problema?

Sí. Lo primero que tiene es tener claro lo que hay. Ahí no hemos hecho bien los deberes, porque incluso en las propias directrices – Picos forma parte del equipo de trabajo – aún no tenemos claros aspectos como magnitudes, superficies, crecimientos, afectación de plagas. Con lo cual estamos haciendo casi un diagnóstico en barbecho, en base a lo que creemos y no con las evidencias de lo que pasa. Han ido pasando años en los que debimos actualizar el inventario forestal con prontitud y preocuparnos de tener la estadística mejor construida. Obviamente hay que tener claro el diagnóstico antes de aplicar el tratamiento.

Y mientras, ¿no se pueden ir dando pasos?

Hay factores tan claros y tan manifiestos que se pueden aportar soluciones sin tener el análisis. Hay cosas en las que se necesita trabajar, por ejemplo en estimular la selvicultura. Estamos ante un escenario en el que los productos forestales van a tener mucha demanda. Debemos romper la dinámica y conseguir mover superficie forestal porque vamos a recuperar todo lo que invertamos. Hay que revertir la tendencia de abandono. Cada día que pasa nos está penalizando. Todavía hay mucha masa crítica, pero no podemos esperar.
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