El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, y la portavoz parlamentaria de la CUP, Anna Gabriel. EFE/Alberto Estévez

Puigdemont forzará la ruptura con la CUP para convocar elecciones

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Puigdemont gana tiempo ante Rajoy con la idea de forzar a la CUP para que le deje caer y convocar elecciones, tras el rechazo a resistir desde la calle

Manel Manchón

El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, y la portavoz parlamentaria de la CUP, Anna Gabriel. EFE/Alberto Estévez

Barcelona, 17 de octubre de 2017 (04:55 CET)

La política catalana es barroca. Fuera de la realidad desde los últimos cinco años, --de hecho desde hace más de una década-- los partidos siguen enfrascados en cómo lograr la hegemonía en el campo nacionalista. El problema es que el proceso soberanista se ha ido de las manos a sus impulsores. Y el presidente catalán, Carles Puigdemont, busca ahora cómo soltar el lastre de la CUP –que le dio la presidencia-- para convocar elecciones.

La respuesta de Puigdemont al presidente Mariano Rajoy fue la única posible según el razonamiento del Govern. Ni sí ni no. Fue la respuesta necesaria para poder ganar algo de tiempo, y ver cómo reacciona la CUP, que quiere ya una proclamación de la república catalana y la movilización en la calle para resistir lo que venga de Madrid, con la aplicación, por parte del Gobierno central, del artículo 155 de la Constitución.

Puigdemont mantiene la retórica: los agravios, el supuesto conflicto histórico entre España y Cataluña no resuelto, y la necesidad de dialogar. No quiere presentar ya una especie de retirada, que sería funesta para el campo soberanista. Pero Puigdemont, según las fuentes consultadas, rechaza por completo el panorama que le brinda la CUP, una parte de la ANC, y sectores de ERC: la resistencia en la calle, con algaradas y movilizaciones con la intención de instalar una crisis en España que, supuestamente, obligaría a la Unión Europea a tomar cartas en el asunto.

Mas presiona, junto a la dirección del Pdecat, para evitar escenas de violencia en las calles

La dirección del Pdecat está con Puigdemont en esa idea. Y, de hecho, si el presidente catalán tiene la tentación de seguir ese camino, ahí estará el partido para presionar en la dirección contraria, junto al expresidente Artur Mas, que no quiere ahora correr más riesgos, después de haber sido él el máximo impulsor del proceso soberanista. ¡Vaya paradoja!

La idea es que unas elecciones no serían un mal final para nadie. E, incluso, ofrecen una muy buena perspectiva para el bloque soberanista, que confía en mantener o amplicar la mayoría absoluta. El Pdecat no tiene unas buenas encuestas, pero prefiere esa salida para iniciar un nuevo camino, aunque no tenga ahora un candidato claro. El líder de ERC, Oriol Junqueras, también defiende esa línea, aunque los republicanos juegan con fuego, al alentar, retóricamente, la necesidad de proclamar la república, y resistir frente a la aplicación del artículo 155 de la Constitución.

El malestar de la CUP va en aumento. Es una buena noticia para Puigdemont y Junqueras. La diputada de la CUP, Mireia Boya, consideró, tras conocer la carta del presidente catalán a Rajoy, en la que le da dos meses de plazo para dialogar, que no hay nada para dialogar si, previamente, no se declara la república.

La CUP no quiere otra cosa que la proclamación de la república y pone en jaque a Puigdemont

Ese punto es el que se puede discutir en los próximos días y semanas, aunque el jueves Mariano Rajoy, si no obtiene una nueva respuesta clara, iniciará los trámites para aplicar el artículo 155 de la Constitución: la necesidad de proclamar la independencia desde el Parlament, para, acto seguido, convocar elecciones con el mensaje, para la parroquia independentista, de que se trata de unas elecciones constituyentes.

Según Boya, la unidad del independentismo “significa proclamar la república”, tras rechazar “cualquier otro plan de lo que surgió el 1-O”. Un sector de la CUP, Poble Lliure, remachó la idea con un comunicado en el que se plantea que “hay que cumplir los compromisos de legislatura y no convocar nuevas elecciones hasta que la república catalana sea un hecho”.

¿En qué momento se irá concretando todo eso? La falta de sintonía ya provocó que este lunes se anulara el pleno del Parlament previsto para esta semana –miércoles y jueves. Esa es, precisamente, otra cuestión, y es que el soberanismo ha secuestrado la cámara catalana, y actúa según su voluntad, sin plenos previstos para la actividad ordinaria. Es decir, en estos momentos no hay poder legislativo en Cataluña.

Puigdemont y Junqueras son conscientes ahora de la debacle económica y de la falta de mediadores

El hecho es que Junts pel Sí y la CUP, con mayoría en la Mesa del Parlament, y en la junta de portavoces, evitó convocar ese pleno, porque no se sabe lo que se quiere hacer. El jueves será el día definitivo. Si no hay respuesta de Puigdemont, Rajoy iniciará los preparativos para aplicar el artículo 155 de la Constitución. En el último instante, y con las manos todavía libres, con potestad para firmar un decreto de convocatoria electoral, Puigdemont deberá decidir, tras una declaración de independencia o algún tipo de sucedáneo.

Otra cosa no se percibe. Puigdemont y Junqueras han sido conscientes --¿ahora?-- de que las consecuencias económicas pueden ser muy costosas, de que esas clases medias se han asustado ante posibles barricadas en las calles. Y también se han dado cuenta de que, pese a algunas declaraciones bienintencionadas, no hay posibilidad de intermediación internacional.

Rajoy espera la respuesta. Con todo preparado. No quiere. Pero actuará si Puigdemont se empeña en ello.

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