Zonas siniestradas de los montes gallegos, en la aldea de Chandebrito en Nigrán (Pontevedra), donde fallecieron dos de las cuatro víctimas de los incendios / Salvador Sas (EFE)

Solo una de cada diez investigaciones por incendios llega a juicio

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En los dos últimos años se iniciaron 628 procedimientos judiciales contra incendiarios; la Fiscalía calificó delitos solamente en 51

Rubén Rodríguez

Economía Digital

Zonas siniestradas de los montes gallegos, en la aldea de Chandebrito en Nigrán (Pontevedra), donde fallecieron dos de las cuatro víctimas de los incendios / Salvador Sas (EFE)

en A Coruña, 18 de octubre de 2017 (06:00 CET)

“El 100% de los incendios” registrados el pasado fin de semana “fueron intencionados”. Esta afirmación tan rotunda la pronunció la conselleira de Medio Rural, Ángeles Vázquez, en el Parlamento gallego, después de que el fuego quitara la vida a cuatro personas el domingo. La conselleira sostuvo el relato que desde la pasada semana esgrime con intensidad la Xunta, calificando de “terroristas” y de “homicidas” a quienes intencionadamente queman el monte, y especulando con una posible trama organizada que dejó a Galicia a merced de las llamas.

Que la mayoría de los incendios son provocados y una parte relevante intencionados está bastante acreditado. De hecho, la Fiscalía Superior de Galicia llegó a elaborar un perfil sobre los incendiarios en un informe elaborado a raíz de la gran ola de incendios del año 2006, con el bipartito en la Xunta. Ahora bien, la persecución judicial es compleja y en la mayoría de ocasiones, infructuosa.

El año pasado se incoaron 177 procedimientos judiciales por incendios. La Fiscalía calificó delitos solamente en 28, cerca del 20%. En 2015 se iniciaron 451 procesos judiciales y se calificaron 23 delitos, según los datos de la memoria de la Fiscalía Superior de Galicia. La media de los dos años indica que poco más del 8% de los procedimientos acaba en juicio.

Frente a los centenares de investigaciones abiertas, las sentencias dictadas en causas por incendios forestales en la última década solo superaron las 60 en 2009. El año pasado se emitieron 34, en 2015 fueron 22, y entre 2012 y 2014 sumaron 45 cada año.

No es nada fuera de lo común. La misma memoria de la Fiscalía explica que “una enorme cifra de delitos incoados desparecen en la fase de calificación”, lo que se denomina, volatización de delitos. El curso 2015 fue especialmente marcado en este sentido, pues de 157.665 delitos incoados, el 92,3% no llegó a juzgarse. La cifra coincide con el porcentaje en los casos de incendios forestales.

El perfil del incendiario

El Seprona ha explicado en diversas ocasiones las dificultades para atrapar a los incendiarios por la propia tipología del delito, pues el fuego destruye las pruebas, la acción delictiva se produce en zonas aisladas y, en ocasiones, hay un silencio que protege a los autores o una vez que son acusados no se puede probar la autoría.

El informe realizado en 2006 indicaba que un 94% de los autores de fuegos actuaba en solitario, sin cómplices. En ningún caso había una actuación en grupo. Entre los intencionados, la mayoría se producían por prácticas tradicionales inadecuadas (el 23,9%); seguidos por los "sin sentido" (21%); los relacionados con la obtención de algún beneficio (17,9%); los realizado por pirómanos (7,2%) y aquellos que fueron para causar daño a terceros (5,1%). Los “sin sentido” estaban vinculados a problemas de salud mental y eran personas de entre 36 y 46 años que quemaban al anochecer.
 

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