Carles Puigdemont y Anna Gabriel en la sede europea de Naciones Unidas durante un acto sobre los derechos humanos en Cataluña. EFE/Archivo

Los partidos no encuentran modo de frenar a Puigdemont

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El 'dejà vu' catalán comienza a ser insoportable y el cansancio humillante de la política española bloquea las posibilidades de frenar a Carles Puigdemont

Carlos Carnicero

Carles Puigdemont y Anna Gabriel en la sede europea de Naciones Unidas durante un acto sobre los derechos humanos en Cataluña. EFE/Archivo

Madrid, 13 de mayo de 2018 (04:55 CET)

Se ha instalado un cansancio humillante en la clase dirigente española. Los ecos que llegan de la sesión de investidura de Quim Torra son depresivos. Ése es el estado de ánimo de los dirigentes consultados mientras Torra se proclamaba exclusivamente vicario de Carles Puigdemont en Cataluña y prometía confrontación con la Constitución para retomar el camino de la república. Un dejà vu que comienza a ser insoportable.

Mariano Rajoy reaccionó desde Jerez, en el transcurso de la gira que realiza para animar a sus bases deprimidas. No quiso hacer juicios de valor sino esperar a las obras del apoderado del ex president fugado. Se limitó a garantizar que “el Gobierno responderá a cualquier ilegalidad”.

El comunicado posterior del Gobierno fue más taxativo. Existe convencimiento de que no quedará más remedio que mantener la vigencia del 155 por poco que Torra sea fiel a su discurso, si finalmente la CUP le permite ser investido. Ese es el criterio manifestado por Albert Rivera.

Si la defensa del Estado se cimenta en la unidad de acción del Gobierno con el PSOE y Cs, ¿cómo se puede interpretar el autismo de Rajoy?

No hay manera de poner sobre la mesa los términos exactos del acuerdo alcanzado por Rajoy con el PNV. Desde Ciudadanos trasladan el convencimiento de que hay cláusulas ocultas que condicionan la acción del Gobierno en el frente catalán. Entre otras, una fecha límite para que se constituya un govern y se levante la vigencia del 155. Esa sería la explicación para Cs de que Rajoy no haya solicitado al Tribunal Constitucional la ilegalidad del voto a distancia de los fugados Puigdemont y Toni Comín.

Los de Rivera no solo están irritados sino además muy preocupados por el cariz de los acontecimientos. También sorprendidos por algunas interpretaciones de su órdago al presidente de Gobierno. Echan en falta más voces declarando impresentable e insoportable que el presidente de Gobierno no se haya comunicado con el líder de Cs desde hace más de cuatro meses. Si la defensa del Estado se cimenta en la unidad de acción del Gobierno con el PSOE y Cs, ¿cómo se puede interpretar el autismo de Rajoy?

Sensación de que la quiebra de confianza no salta la costura por la parte del PSOE solo por no dar la razón a Rivera. Pero el pesimismo que se está instalando en los refectorios de Madrid es que la unidad entre los tres partidos no está ahora bien encajonada en este nuevo desafío que protagoniza Joaquim Torra.

Casi nadie pierde el tiempo en glosar la biografía y la personalidad de Quim Torra

Casi nadie, en los ámbitos consultados, pierde el tiempo en glosar la biografía y la personalidad del ungido por Puigdemont para ser president interino. Un fundamentalista con menos que perder que el propio Puigdemont.

Un dirigente del PSOE alerta de que nos hayamos acostumbrado a comportamientos tan obscenos como el absolutismo del que hace gala Puigdemont: “Ni siquiera fue president por elección directa de los ciudadanos. Llegó de rebote por la negativa de la CUP a investir a Artur Mas. Con esas credenciales ejerce un cesarismo sobre el conjunto de los independentistas como si fuera la reencarnación del Rey Sol. Prohibir a su sucesor el uso del despacho de la Generalitat es clarificador del talante despótico del fugado. Ha demostrado una concepción patrimonial del poder”.

Quizá sea el argumento más repetido. El desparpajo de unos iluminados caudillos de una secta que no tiene límites de ridículo ni complejos en sus comportamientos antidemocráticos en los que por supuesto no respetan las normas. No ofertan disimulos.

Hay una fijación genética que apuntaría a que la CUP vote “no”, como los niños malos que les gusta llamar la atención y sentirse protagonistas

La pregunta se repite con todos los interlocutores. ¿Ahora qué?

Hay una preocupación también generalizada que se formula sottovoce. ¿Cuál será la resolución final del tribunal alemán sobre la entrega de Puigdemont a España? Los esfuerzos de Pablo Llarena por cambiar el primer dictamen alemán muestran la preocupación existente en el Tribunal Supremo. Que por lo menos sea por delito de “sedición”,  tiene un halo de cierta súplica.

Las consecuencias de una resolución contraria a la entrega a España del ex president serían una mala noticia por su repercusión internacional. Pero no solo por eso, porque también influiría en el proceso penal contra el resto de los procesados. “Necesitamos alguna buena noticia para desactivar la osadía con la que están actuando los sediciosos”. Esta frase resume también el estado de ánimo de los líderes consultados.

Finalizada la votación en el Parlament, las miradas se fijan una vez más en la CUP. Hoy domingo en asamblea decidirán el sentido de su voto en la segunda sesión de investidura. Hay una fijación genética que apuntaría a votar “no”, como los niños malos que les gusta llamar la atención y sentirse protagonistas.

También la tentación se amplía con la última encuesta del CEO, el CIS catalán, que predice un crecimiento en nuevas elecciones de los cuatro diputados actuales de la CUP hasta once. Esta tarde saldremos de dudas.

Empieza a cundir la idea de que quizá no sea una mala solución la repetición electoral

Unanimidad en los diagnósticos de las intervenciones de todos los líderes no nacionalistas en el Parlament. Otra vez un candidato nacionalista apuesta por ampliar la quiebra en la sociedad catalana.

Empieza también a cundir la idea de que quizá no sea una mala solución la repetición electoral. Sería una vuelta a la casilla de salida, con la duda de si la situación ahora es peor.

Nadie esperaba milagros en el proceso de formación de gobierno en Cataluña. Pero los ecos que llegaron ayer desde el Parlament de indican que una vez que Puigdemont se ha instalado en el control de mando del procés por encima de ERC y de su propio partido, JpC, es prácticamente imposible encontrar una mayoría parlamentaria que apueste por el respeto a la ley porque se ha instalado la convicción de que el coste electoral de desautorizar a Puigdemont sería muy grande.

Profundo desánimo porque no se encuentra la receta para desarticular a Puigdemont.

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