Pablo Casado con Alberto Núñez Feijóo, en el acto de este sábado en A Coruña

Las tribulaciones de Feijóo deterioran su imagen en Madrid

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El empeño de los candidatos a liderar el PP por buscar el apoyo del presidente de la Xunta contrasta con el enfado de pesos pesados del partido

en A Coruña, 25 de junio de 2018 (04:55 CET)

Desde que el 5 de junio Mariano Rajoy anunció que dejaría la presidencia del PP para regresar, como se sabría después, a su puesto de registrador de la propiedad en Santa Pola, todo le salió mal al partido. Génova quería un solo candidato y tiene siete; quería evitar un enfrentamiento entre Dolores de Cospedal y Soraya Sáenz de Santamaría, y se presentaron las dos; para colmo de males, descubrió que las bases, un neologismo que asumió el partido en la última reforma de los estatutos, tenían intención de opinar en la sucesión.

Del peor escenario posible que temía la cúpula del PP hace veinte días se culpa a Alberto Núñez Feijóo, quien justificó su negativa a dar el salto a Madrid por el compromiso que había adquirido con “los gallegos” de acabar su mandato en la Xunta. El enfado se produjo en dos tiempos. Primero, por la dilación en tomar la decisión pese a saber que sería el candidato oficialista, apoyado por la ejecutiva; y después, por la propia decisión, hecha pública el 18 de junio en un hotel compostelano y ante la junta directiva del PPdeG, la escenografía que estaba prevista desde cuatro días antes.

El argumento emocional o la alusión a la palabra comprometida tienen poco crédito más allá de Galicia, donde sabían que el presidente de la Xunta había preparado su candidatura durante toda la semana, recabando información y sondeando apoyos, por lo que los motivos éticos y los personales, seguramente ambos importantes, son, solamente y como mucho, una pieza de puzle. Tres días antes del anuncio, cuando la idea de que Feijóo se echase atrás cobraba fuerza, el enfado en Génova apenas se disimulaba.

El plan b

La alternativa oficialista a la negativa del líder de los populares gallegos era Ana Pastor, la presidenta del Congreso y ex ministra de Fomento, siempre bien considerada en el partido. La presión sobre la diputada por Pontevedra fue notable, en base a un plan que le garantizaría el respaldo de la Ejecutiva Nacional y del PP gallego.

Pastor dijo que no, pues, además del desagradable asunto de sacrificar la presidencia del Congreso, tampoco entendió que fuera el momento para saltar al escenario, con las candidaturas de Pablo Casado, Soraya Sáenz de Santamaría y Dolores de Cospedal lanzadas hacia la presidencia. El manejo de los tiempos no favoreció a la exministra, que dijo haberse llevado un “disgusto” al conocer la decisión de Feijóo.

El plan c

Sobre el silencio de Feijóo y del PP gallego respecto a quien apoyarán en la carrera para suceder a Mariano Rajoy hay dos teorías. Una tiene que ver con el plan c de Génova, la última bala para tratar de llegar a las municipales y a 2020 con el partido lo más unido posible. Esta pasaría por intentar que en la segunda vuelta, cuando queden dos candidatos, se logre una lista de integración para el congreso. El anuncio de Feijóo de no decantarse por nadie hasta que solamente queden dos podría responder a esta estrategia.

La otra teoría es más sencilla. El presidente de la Xunta quiere apoyar al que gane para salir reforzado del proceso interno y contrarrestar el “disgusto” que tienen con él en la ejecutiva. Y para acertar necesita recopilar información y aclarar el paisaje, por ahora todavía incierto, pues a la presencia de Cospedal y Sáenz de Santamaría se suma la buena acogida que está teniendo Pablo Casado entre la militancia, a pesar de las dudas que pesan sobre la honestidad de su currículum académico.

La baronía gallega

Pese al empeño del dirigente ourensano por dejar todas las puertas abiertas, es más sencillo imaginarse a Feijóo optando a su cuarto mandato en la Xunta que aventurándose hacia Madrid en un futuro próximo. La campaña para liderar el partido está evidenciando su sólida posición como ‘barón’ del PP, con el propio Casado, recién llegado a A Coruña, ofreciéndole este sábado el puesto que quisiera si lograba hacerse con la presidencia.

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