Las incógnitas de las elecciones gallegas que resolverá (o no) el 26-J

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Feijóo pone a prueba la táctica del voto útil para liquidar a Ciudadanos, que puede saltar por los aires en Galicia tras las generales; la política de pactos de Pedro Sánchez abrirá o cerrará la puerta al cambio en la Xunta

Los alcaldes 'del cambio' en un acto de En Marea celebrado este miércoles en Santiago | EP

en A Coruña, 26 de junio de 2016 (05:26 CET)

El nuevo escenario político tiene este 26-J sabor a viejo. La tozudez de los partidos forzó la repetición de las elecciones ante la incapacidad para formar gobierno. Salvo sorpresa, los nuevos comicios depararán una arquitectura similar y, una vez más, PP y Podemos mirarán a Pedro Sánchez para saber a quién tiende la mano.

Galicia vota con la mirada puesta en las autonómicas del próximo otoño. Entonces, las posibilidades de cambio en la Xunta pasarán por el acuerdo entre En Marea y PSdeG, como en el Ejecutivo español pasan por el entendimiento entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias.

El 'sorpasso' y el diputado de Pontevedra

Xoaquín Fernández Leiceaga, candidato socialista a la Xunta, abrió la puerta al pacto con En Marea y, con ese discurso, ganó las primarias del PSdeG. Sin embargo, la celebración de las elecciones generales a unos meses de las autonómicas tensionará por fuerza las relaciones entre ambos partidos.

Entre otros motivos porque se juegan la hegemonía de la izquierda, que el 20D conquistó En Marea. La coalición gallega podría consolidar el sorpasso, pero poco más. Los sondeos indican que apenas están en juego un escaño por Pontevedra y, quizá, otro por A Coruña: el de Ciudadanos. Pero es poco probable que José Canedo no consiga un asiento en el Congreso y todo quede como estaba.

En Marea lucha contra sí misma

El 26-J mide la frustración del voto nacionalista arrebatado al BNG por parte de En Marea, que acudió a las urnas con la promesa de un grupo propio y no fue capaz de conseguirlo ni de ofrecer más garantías de lograrlo en la repetición de los comicios. Podemos y Esquerda Unida vetaron la creación del partido instrumental que pedían Anova y Podemos Galicia, agrietando una vez más la coherencia en el discurso de la formación.

Las tensiones internas, incluída la bronca entre Yolanda Díaz y Xosé Manuel Beiras, no parece que haya afectado a los resultados de la coalición, que aspira a superar los seis diputados obtenidos el 20D y confirmar el sorpasso al PSdeG.

Feijóo, en el laboratorio

La repetición de los comicios llega con Núñez Feijóo proclamado candidato del PP a la Xunta, tras un largo periodo deshojando la margarita. El argumentario de socialistas y populares contra las mareas se fundamentó con frecuencia en el caos o la parálisis de los concellos que gobernaban. Pero era una tesis con poca fuerza.

Las mareas demuestran que el mundo sigue girando con ellos en las instituciones. Como contrapartida, pierden parte de la ilusión que los impulsó, pues los cambios ni son radicales ni son rápidos.

Núñez Feijóo ha encontrado réplica en el voto útil que agita contra Ciudadanos –lo repitió en varias ocasiones durante la campaña--, pues el partido de Albert Rivera resulta intrascendente por su volumen de votos en Madrid, un escenario que puede repetirse en Galicia.

La influencia del brexit en las elecciones es una incógnita de última hora que quiere aprovechar el PP. El presidente de la Xunta tiene el 26-J el laboratorio perfecto para saber qué argumentos funcionan para recuperar el voto que le birló Ciudadanos y desmovilizar a las mareas. El relato macroeconómico y contra el populismo toma nuevo aliento tras el referendum en el Reino Unido.

El cambio permanente de Ciudadanos

Ciudadanos, por su parte, aspira a obtener dos diputados, uno por A Coruña y otro por Pontevedra. No se esperan mejores noticias para la formación de Albert Rivera, que viene de una revuelta interna por colocar a dedo a José Canedo en el número uno de la lista coruñesa.

Aquella batalla traerá previsiblemente consecuencias tras el 26-J, pues la cupupula todavía no ha hecho cambios importantes en el partido desde entonces. Está a la espera de los resultados. Mientras tanto, los primeros espadas en Galicia están debilitados. 

María Rey, la número uno por Pontevedra y una de las personas que conforma un núcleo de poder del partido en el sur, se la juega en búsqueda del escaño que no se consiguió el 20-D.
Juan José Chouza y José Canedo, en el norte, también están en una posición de debilidad tras la guerra interna. En primer lugar, por permitir que estalle. Y, en segundo término, porque buena parte de las críticas de los militantes recayeron sobre ellos.

Si hay batacazo en estas elecciones habrá cambios importantes para las autonómicas.
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