Pablo Casado y Alberto Núñez Feijóo en un acto de precampaña en Vigo / EFE

La debacle del PP atornilla a Feijóo a Galicia

El discurso del presidente de la Xunta se impone en el partido, pero todos dan por hecho que no optará a liderarlo después de las municipales

Aturdido todavía por el golpe electoral, en el PP manejan dos lecturas de la catástrofe. Por un lado, la herencia recibida de Mariano Rajoy con la gestión en Cataluña y la lista interminable de casos de corrupción que sacude la trayectoria del partido. A esto puede echársele la culpa del batacazo, pues había síntomas de fatiga en el partido desde mucho antes que los votos la explicitaran. Pero la otra lectura señala directamente a Pablo Casado, a la errónea estrategia de abandonar el centro y el centro-derecha para que Pedro Sánchez y Albert Rivera camparan a sus anchas. La situación es peliaguda, pues no hace falta ser un gran estratega para saber que el camino más corto de Ciudadanos al Gobierno es la demolición del Partido Popular.

Dirigentes de la formación trasladarán a Pablo Casado en el comité ejecutivo la necesidad de girar al centro y meter de nuevo en el armario al aznarismo y sus discípulos, desempolvados por el nuevo líder para la ocasión con consecuencias desastrosas. El discurso de Alberto Núñez Feijóo aspira a imponerse a los grandes detractores de Mariano Rajoy y su herencia, el último refugio que le cada a Casado además de la tesis compartida de la división del voto de la derecha.

Feijóo y Ana Pastor para volver al centro político

Como siempre que hay una crisis de liderazgo, en el PP miran a Galicia, donde están dos de sus referentes más sólidos, Alberto Núñez Feijóo y Ana Pastor, que cada vez gana más peso como figura transversal y de consenso ante tanto descalabro. De reojo también se mira a Juan Manuel Moreno, el nuevo presidente andaluz con buenas relaciones con Feijóo. En tierras gallegas creen que los tres serán claves para impulsar los cambios que necesita el partido, ese curioso giro al centro si se tiene en cuenta que ante los medios negaban que hubieran girado a la derecha.

Cualquier renovación se producirá después de mayo. Nada se moverá hasta las elecciones europeas y municipales bajo la esperanza de que el partido aguante. En el PP creen que podrán taponar la fuga de votos hacia Vox, un partido sin implantación territorial, falto de estructura, sin dirigentes municipales y fuera de foco si no puede hablar de Cataluña. Algunas de estas ventajas también las tendrían respecto a Ciudadanos.

Los más pesimistas creen que las próximas elecciones pueden iniciar un desmantelamiento del PP si se produce una fuerte pérdida de poder territorial. Las cuotas de poder son un pegamento mucho más sólido que la ideología para tan prodigiosa arquitectura, por lo que una pérdida acelerada de territorios, dan por hecho en el partido, provocaría una fuga de cargos hacia plazas más cálidas, se llamen Albert Rivera o Santiago Abascal.

Feijóo, más cerca de Galicia que de Madrid

Una vez pasados los comicios y digeridos los resultados, se iniciará el camino hacia una nueva renovación, no está claro si de estrategia y cargos solamente, o también de dirección. La puerta se abrirá de nuevo para Núñez Feijóo, pero, aunque el presidente de la Xunta es una incógnita hasta para su propio partido, la mayoría en Galicia da por hecho que no tiene interés en ponerse al frente si no hay un clamor popular que lo reclame. Esgrimen dos argumentos. Por un lado, la ocasión es mucho menos propicia que en el relevo de Mariano Rajoy y entonces el mandatario autonómico rechazó dar la batalla. Por otro, si las peores previsiones se cumplen, el PP necesitará un liderazgo joven y con fuerza para reconstruir el partido. Feijóo tiene 58 años y habría de presentarse a las próximas generales con 62.

El dilema de Feijóo radicaría, en consecuencia, en si se presenta o no a una nueva legislatura en la Xunta más que en su aterrizaje en Madrid, lo que no significa que deje de tener una fuerte influencia en el partido. Estas mismas fuentes recuerdan que Soraya Sáenz de Santamaría se ha mantenido leal con Pablo Casado, pero que ni mucho menos, a su juicio, ha abandonado la idea de liderar el PP.  Estos dos nombres, junto al de Ana Pastor, vuelven ahora en las quinielas de Génova, que parecen calcadas a las que hicieron hace menos de un año. 

Un artículo de Rubén Rodríguez

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