La CUP y la cúpula de CDC echan a Mas

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El todavía líder de Convergència, que renuncia a mantener un puesto en el Govern, asume que su partido no podía ir en solitario a unas nuevas elecciones y que necesita una refundación

Artur Mas, presidente en funciones de la Generalitat de Cataluña / EFE

Barcelona, 09 de enero de 2016 (20:03 CET)

Lo han echado. Y Artur Mas lo ha asumido. ¿Por qué?

La candidatura de Junts pel Sí, en la que se integra Convergència y Esquerra Republicana, y la CUP han llegado a un acuerdo en el último minuto para que Mas se aparte, y sea Carles Puigdemunt, alcalde de Girona, el nuevo presidente de la Generalitat.

Mas aseguró este sábado, en una precipitada conferencia de prensa, que la decisión "tiene costes, pero que los costes habrían sido mucho más elevados con la convocatoria de unas nuevas elecciones".


El miedo de CDC a unos nuevos comicios


Es exactamente lo que explica su retirada. La cúpula de Convergència, que se había reunido con Mas en el Palau de la Generalitat, a primera hora de la tarde, --Rull, Turull y Corominas—le hicieron ver a Mas que no se podía optar por otra alternativa. Convergència no quería ir a otras elecciones, de carácter muy incierto, teniendo en cuenta que Esquerra ya no quería repetir la candidatura de Junts pel Sí. Eso ha pesado como una losa.

El presidente en funciones, que lo dejará de ser en las próximas 24 horas, ha interiorizado esa cuestión, aunque en la noche del jueves afirmara todo lo contario. Los argumentos en aquel momento ya los conocía, y por ello Economía Digital indicó que era una posibilidad muy real que anunciara su paso atrás, o diera indicios en la entrevista que concedidó en TV3.


Pero también figura otro argumento, ligado directamente al proceso soberanista. Si no se aprovechaba este momento, con una mayoría independentista en número de diputados, no se podría presentar un plan frente al Gobierno español que todavía no se ha constituido.


Frente contra Madrid

Y la posibilidad de perder esa opción, también ha sido determinante para la cúpula de Convergència, que realmente se cree el proceso: sólo desde una opción de fuerza, sólo desde los hechos concretos que marca la hoja de ruta soberanista, el Gobierno español, sea el que sea, podría asumir un referéndum de autodeterminación.

¿Es todo eso creíble? Sí lo es para el bando soberanista. Mas lo ha asumido y se va, porque no le queda otra, y también porque Convergència ha visto una puerta abierta, que el propio Mas reconoció este sábado desde el Palau de la Generalitat: la refundación de CDC.

Carles Puigdemunt "es una realidad y representa claramente el futuro", afirmó Mas. El presidente en funciones aseguró que a partir de ahora se dedicará a trabajar en ese campo, en la refundación de Convergència, aunque también fue claro. Se desdijo de su compromiso para no volverse a presentar como candidato a la Generalitat. Si las cosas van mal, Mas se ve capaz de volver. Pero eso, en estos momentos, puede ser una quimera.


El sabor agridulce de ERC

Lo cierto es que la CUP ha acabado echando a Mas, con la necesidad de que el president lo asumiera por parte de CDC, y ante la incredulidad de Esquerra Republicana, que lo quería, pero no del todo.

Para Oriol Junqueras se trata de una buena decisión para mantener el pulso con el Estado, pero los republicanos ya se veían gobernando la Generalitat después de las próximas elecciones, e intentar ejercer de partido central en Cataluña.

Nadie se engaña tampoco que la inestabilidad puede ser enorme a partir de ahora. El compromiso con la CUP es, como mínimo, innovador: de los diez diputados, dos de ellos participarán en todas las reuniones de Junts pel Sí, y los otros ocho se comprometen a no votar en la misma dirección que la oposición.


La CUP asume un enorme riesgo

Con ello, Puigdemont y Junqueras, los dos pesos pesados a partir de ahora de Junts pel Sí, se quieren asegurar la máxima estabilidad, para no perder votaciones. Además, la CUP asume que esos diez diputados no podrán ser los mismos. Y que los contrarios al acuerdo deberían dejar el cargo, poniendo claramente en peligro su propia existencia como fuerza política, que podría ser aprovechada con contundencia por los referentes en Cataluña de Podemos, con Barcelona en Comú a la cabeza, el partido de la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau.

La idea es que en el Parlament se conforme, en realidad, una mayoría sólida de 72 diputados, los 62 de Junts pel Sí, y los 10 de la CUP. Pero puede ser un despropósito.


PP y PSOE, ¿gran alianza a la vista?

La otra mirada hay que fijarla en Madrid. El miércoles se constituye el nuevo Congreso, sin que el PP ni el PSOE tengan ninguna posibilidad, por ahora, de formar gobierno. La situación en Cataluña, donde Puigdemont, un independentista sin complejos, tratará de forzar la máquina, puede ser un aliciente para que los dos grandes partidos conformen una alianza. Sin embargo, eso es lo que querría el bloque independentista en Barcelona, para incrementar el pulso, y ver qué sucede.

El objetivo, que admiten fuentes de Convergència y de Esquerra, es que se llegara a forzar, realmente, "un referéndum de autodeterminación a la escocesa".

Ahora Mas deberá procesar lo que le acaba de ocurrir. Simplemente lo han echado, porque ni para el proceso, ni para su propio partido, que ya es otra cosa que la Convergència conocida hasta ahora, era una pieza ahora necesaria. Más bien al contrario. La paradoja es que ha sido Mas quien con más determinación ha querido llegar hasta aquí.
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