Iglesias y el vendedor de alfombras--España vuelve a la casilla de salida

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El dirigente de Podemos dinamita la negociación con el PSOE y obliga a la convocatoria de nuevas elecciones en las que la abstención podría ser muy superior al 20D

Pablo Iglesias en su presentación el sábado 9 de abril en Barcelona. / EFE

Madrid, 09 de abril de 2016 (23:00 CET)

Al final ha sido Pablo Iglesias quien ha dinamitado la negociación. Presentó una propuesta de 20 puntos para contraponer a las doscientas suscritas por el PSOE y Ciudadanos, y no ha les ha dado tiempo a sus interlocutores ni de leerla.

Se me ocurren dos profesiones de futuro para Pablo Iglesias si fracasa en su vertiginosa carrera de actor político. Puede ganarse tranquilamente la vida en la calle Preciados o en alguna plaza adyacente, ejerciendo de trilero.

El trilero

Muy difícil averiguar donde esconde la bolita. Además de la capacidad de modular su voz y los gestos en función de si quiere parecer un lobo o un cordero, sería capaz de engañar a amas de casa que apostarían el precio de la compra, confiando en la bondad del trilero. La otra es de mercader en un mercado árabe.

Me refiero, sobre todo, a las dos últimas ruedas de prensa de Pablo Iglesias; la que utilizó para proclamar su humildad, su disposición a multiplicarse por cero y a la última en donde trasladó la responsabilidad de la negociación para formar gobierno a las bases de su partido.

Rota la baraja por Iglesias, volvemos a la casilla de salida. A la noche electoral del 20 de diciembre pasado. Y quedan 22 días para que se convoquen automáticamente las elecciones.

¿Cómo han quedado retratados los actores de esta comedia?

Empecemos por el presidente en funciones. La verdad es que me lo imagino a Mariano Rajoy fumando un puro tras otro. Vestido de don Tancredo viendo pasar las vaquillas a su alrededor. Ni siquiera se ha molestado en formular un programa de Gobierno para buscar apoyos en otros grupos parlamentarios. Ahora le toca actuar. Le toca coger lápiz y papel y formular una oferta que ofrecer al PSOE y a Ciudadanos. La última posibilidad de que haya un gobierno pasa por un acuerdo del PP, con Ciudadanos y el PSOE; en forma de "gran coalición" o consiguiendo la abstención del PSOE.

Los pasos de Sánchez

Pedro Sánchez ha tenido etapas desde el 20-D. Empezó nervioso, pensando que se le escapaba la oportunidad de consolidarse como líder del PSOE y, a lo mejor, de ocupar La Moncloa. La misma noche electoral proclamó los resultados históricos del PSOE pasando por alto que han sido los peores en cuarenta años.

Aprovechó la desidia de Rajoy para conseguir que el rey le encargara formar gobierno.

Ocupó el escenario con una inusual maestría para un aprendiz. Copó los focos durante muchos días. Se defendió bien en la tribuna del Congreso. Se equivocó aguantando las diatribas de la "cal viva" sin dar cumplida respuesta. Se notó que tenía pánico a aparecer como culpable de nuevas elecciones.

Y con la investidura fallida se acabaron sus aciertos.

Se ha empecinado en intentar lo imposible porque no ha visto o no ha querido ver que Pablo Iglesias no tenía ninguna intención de llegar a un acuerdo. En el fondo tiene que darle las gracias al líder de Podemos por haber sido el responsable de acabar con esta farsa.

Qué puede hacer Rivera

Albert Rivera ha confirmado que es un buen tipo. Que se le pueden dejar los niños para que los cuide. Ha ganado en seguridad pero empieza a parecer un vendedor de aspiradoras a quien nadie le compra una. Tiene que acomodar su perfil para no parecer solo un acompañante.

Si se le encasilla en la derecha, el voto útil le devorará a favor de Rajoy. Tiene el reto de demostrar que puede ser decisivo, que puede dar un salto en escaños para hacer valer el carácter de derecha europea, moderna, independiente y  reformista.

Recuerdos de Marruecos

De Pablo Iglesias ya hemos hablado. También se podría ganar la vida vendiendo alfombras en la Kasbah de Marrakech. Recuerdo mi primera visita a esta ciudad. Accedí a visitar a un primo del taxista que me llevó a la Plaza de Jamaa el Fna el primer día de mi estancia. Fue un experimento inolvidable.

Sentando sobre una alfombra tomamos té verde que nos obsequió el propietario mientras echaba alfombras con maestría proclamando las virtudes de cada una.

Llegados a una que me deslumbró, le pregunté cuanto costaba. "Está hecha a mano por mujeres que casi se quedan ciegas durante quinientas noches. Es la más suave de todas las que tengo, nunca la he querido vender a los muchos que me han ofrecido fortunas".

Había leído sobre los mercados de Estambul y del norte de África, hice acopio de paciencia y escondí cualquier gesto de ansiedad. Conocía que no regatear era una ofensa y creer que se le podía engañar a un comerciante árabe una ingenuidad.

Al final me dijo una cifra que me pareció exorbitante. Le respondí en francés que me estaba insultando, que había creído que era un comerciante honesto. Llegó a decirme en francés que "esa alfombra la disfrutaría yo, mis hijos, los hijos de mis hijos y muchos más descendientes". Casi me emociona.

Bajamos sucesivamente las cifras en ofertas y contraofertas, hasta llegar al treinta por ciento de lo que me había pedido. Entonces le dije: "me ha hecho una rebaja espléndida desde una cifra disparatada. Se que me la vendería por la mitad de lo que ahora me dice, pero de todos modos no se la voy a comprar Y le doy las gracias porque hoy he aprendido mucho".

El regateo de Iglesias

Pablo Iglesias, igual que el comerciante de Marrakech, comenzó pidiendo la vicepresidencia del Gobierno, los ministerios que más control tienen sobre el aparato del estado, Radio Televisión Española, el CNI y nombrar a un ministro que tramitase los referéndum de autonomía de las comunidades autónomas que lo solicitasen. Y ha acabado pretendiendo ser el más humilde de los servidores del Estado, sacrificando incluso su inclusión en la vicepresidencia del gobierno.

Todo ello con cara de matón de taberna como para que abofetear a los socialistas con sus alusiones a la "cal viva".

Hace unos días, con un tono de sobrevenida humildad, repitió diez veces que ni siquiera pretendía estar personalmente en un gobierno de Pedro Sánchez, que se iba a dejar la piel, remangado, para conseguir un acuerdo con el PSOE, y que ellos estaban demostrando que sabían ceder. La transmutación de Jack el Destripador en Teresa de Calcuta.

Las puestas en escena

Los periodistas ya se ríen en las ruedas de prensa de Podemos. Se cruzan apuestas sobre como empezará su intervención, para parecer inteligente e ingenioso. Cavilan sobre el lugar que ocupa cada quien en la guardia pretoriana del líder. En el encumbramiento mediático de Irene Montero en la medida que se difumina y desplaza la posición de Carolina Bescansa que ya no dispone de la primera fila en el Congreso para enseñar a su niño.

Los sutiles escarceos de Montero para ocupar la izquierda del líder en esas ruedas de prensa en la que apiñan los líderes para escoltar al jefe desplazando a Iñigo Errejón.

Cansancio general

Lo demás también demuestra la capacidad de Iglesias para sostener lo increíble. Les va a preguntar a sus bases si quieren regalarle el gobierno a Pedro Sánchez y Albert Rivera o si prefieren un maravilloso gobierno progresista, de cambio y a la valenciana, que es ya metafísicamente imposible. No conozco pregunta de referéndum más tramposa. Ni siquiera las que hacía Francisco Franco sobre Gibraltar. Por si faltaba alguna guinda o si hay inscritos de Podemos que no entiendan la jugada, les avisa que si gana la opción de Sánchez y Rivera, él asumiría responsabilidades políticas. ¡Casi nada!

Hay un ambiente general de alivio por una situación que parece despejada. Ya no parece una catástrofe que haya elecciones. Y se empiezan a reconsiderar juicios formulados sobre quién será beneficiado en las urnas. Las encuestas tienen valor de inventario y solo hay consenso en que aumentará la abstención por el agotamiento que promoverá la próxima campaña electoral. Para ser la primera vez que en España lidiamos una situación como esta, podemos colegir que la actuación de nuestros líderes es manifiestamente mejorable.

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