¿Gobierno de concentración?

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Gallardón activa la cuenta atrás de Rajoy mientras los grandes empresarios prefieren una solución financiera para la crisis

Gallardon-Rubalcaba

23 de julio de 2012 (20:37 CET)

El breve. Ése es el sobrenombre de Mariano Rajoy en los cenáculos políticos y económicos madrileños. Son mentideros en plena efervescencia desde que hace 15 días dieron por terminado el periodo de gracia dado al presidente del Gobierno. Y en ellos se trama la caída del líder popular por “incapacidad”. La tensión de los mercados es el clavo al que se agarran los detractores del inquilino monclovita para ocupar más espacios de poder. Sólo los grandes empresarios permanecen al margen de cualquier solución no financiera a la crisis.

De momento, quien mueve hilos intensamente es el entorno del Ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, que ha visto en la erosión de Rajoy su oportunidad para ocupar la presidencia del Gobierno, “su fin último”, recuerdan los incondicionales del Presidente y, de paso, para arrinconar a Esperanza Aguirre, la todopoderosa presidenta de la Comunidad.

La constitución del Gobierno de concentración se ha debatido al menos en tres ocasiones --dos de ellas en el Ritz-- en el último mes con el círculo de Alfredo Pérez Rubalcaba (PSOE), que ve imposible recuperar la confianza de los electores a menos que el Partido Socialista participe activamente en la salvación de España. Mientras, el Partido Popular se desploma nueve puntos en las encuestas, los socialistas sólo remontan ocho décimas. Ni el ministro ni el líder de la oposición han hablado directamente sobre el asunto.

El plan

En esas cenas ambas partes se pidieron gestos concretos: Gallardón abrió las puertas del Consejo Superior de Justicia a la izquierda, el máximo órgano de la judicatura, con el visto bueno a Gonzalo Moliner; el PSOE ha movilizado a su principal activo, el ex presidente del Gobierno Felipe González, que ha defendido públicamente la idoneidad del pacto PP-PSOE para sustituir a Rajoy.

La semilla ya está plantada en los caladeros electorales moderados para asegurar los suelos de ambas formaciones. Mientras tanto, Gallardón intenta satisfacer a los votantes más conservadores anunciando medidas como el endurecimiento de la ley del aborto, que quedarían edulcoradas o postergadas. En otros ámbitos políticos han comenzado a circular con insistencia los nombres de Josep Piqué y Joaquín Almunia como tándem de un eventual gobierno de concentración.

Sin pasar por las urnas

No habrá elecciones anticipadas y los arquitectos del futuro Ejecutivo de unidad esperan convencer al Presidente para que dimita. La fecha que se barrunta es agosto. El Congreso debería votar un nuevo candidato y sería en ese momento, en la investidura, cuando se visualizaría la estratagema. Los analistas políticos de ambas formaciones coinciden en que una convocatoria ahora sólo beneficiaría a Rosa Díez (UPyD) y a la Izquierda Unida de Cayo Lara.

Las élites madrileñas dan al gallego por amortizado y Moncloa no oculta que ha tirado la toalla. La última baza del Ejecutivo es la ofensiva internacional puesta en marcha este mismo fin de semana para convencer a los socios internacionales de España y que respalden la compra masiva de deuda. La esperanza de Rajoy se llama Mario Monti.

Ambos podrían amagar con la ruptura del euro y las consecuencias catastróficas que ello tendría para Alemania. Sus empresas viven de vender a los socios de la moneda única. Angela Merkel ya empieza a notar la presión de los lobbies patronales de su país para que garantice la solvencia de ambas economías.

Solución financiera

Y esta es la baza en la que confían los grandes empresarios. Los dueños del Ibex creen que “el Presidente logrará hacer frente común con Italia y plantarle cara al resto de Europa”, asegura una alta fuente empresarial. Las multinacionales españolas sólo aprecian una crisis financiera y no política “y debe solucionarse con iniciativas económicas”. “El problema de España son 50.000 millones para pagar vencimientos de deuda. Una vez puestos encima de la mesa, se acabó”. Pero a pesar de que los empresarios parecen tener claro cómo desenmarañar la situación, admiten “que el clima está muy enrarecido”.

En todo caso, el Presidente pasará las vacaciones en el palacio presidencial “para reflexionar”, aseguran fuentes de su entorno. Se le gira trabajo. Si logra controlar a los mercados y asociarse a Monti, tendrá brechas que cerrar en su propio partido.
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