El conselleiro de Sanidade, Julio García Comesaña / EFE

Galicia se cierra: ¿vamos camino del confinamiento de abril?

La celebración de Halloween, el Día de todos los Santos y la oleada de duras restricciones en otros territorios están detrás de la decisión de la Xunta

La Xunta decretó por sorpresa prohibir las entradas y salidas de personas en 15 municipios que, sumados a los que ya tenían esta restricción, suponen el 45% de la población de Galicia, ya que el cierre afecta a las siete ciudades. El comité clínico tomó la decisión, o al menos la anunció, el viernes por la mañana sin que nada hiciera pensar en los días previos semejante medida. Entró en vigor poco después, a las tres de la tarde, cuando apenas habían pasado 45 minutos desde su publicación en el DOG.

La vertiginosa aplicación de los cierres fue de lo más oportuna para evitar un éxodo hacia zonas sin restricciones, fundamentalmente a segundas residencias en la costa o en el rural. Uno de los objetivos de la Consellería de Sanidade es, precisamente, blindar a esos municipios de los más infectados núcleos urbanos y su área de influencia en un fin de semana que se celebra el Día de Todos los Santos y se produce la visita a cementerios de familiares que trabajan en la ciudad.

Otros dos factores influyeron en la decisión de la Xunta. Por un lado, la celebración de Halloween, que facilitaría la concentración de personas. Desde este viernes en todos los municipios afectados están prohibidas las reuniones de no convivientes. Por otro, las fuertes restricciones adoptadas por países como Francia o Alemania, además de los cierres perimetrales de numerosas comunidades españolas.

Un cierre corto o lo peor está por llegar

Alberto Núñez Feijóo alentó estos motivos contingentes y aseguró que el Gobierno gallego valoraba adoptar la solución que propuso Isabel Díaz Ayuso de cerrar territorios en aquellos días de mayor movilidad social, como un festivo o el fin de semana. Daba así a entender que el cierre decretado este viernes podría levantarse pronto. La medida se revisa el próximo martes para valorar su continuidad.

En el lado contrario, endurecer todavía más las medidas ante otro nuevo acelerón del coronavirus nos llevaría a una situación similar a la de marzo y abril del año pasado, pues las restricciones que adoptó la Xunta ya son del máximo nivel de alerta. Una vez agotadas estas, la siguiente estación es el confinamiento domiciliario.

“Pensamos que no va a ser necesario llegar hasta ahí, pero la situación es muy grave”, dijo este viernes el ministro de Sanidad, Salvador Illa. El Gobierno prepara un decreto para permitir a las comunidades confinar a la población en su casa. Sin embargo, el ministro cree que “con las medidas que se ponen a disposición de las comunidades” será suficiente para “estabilizar, doblegar y mantener a la baja la curva”.

Situación grave, pero diferente a marzo y abril

La situación es diferente a la de la primera ola, aunque en la comparativa no siempre es mejor. De hecho, nunca hubo tantos casos activos diagnosticados en Galicia --8.363 según los datos de este viernes-- y nunca el virus se extendió tan rápido, con alrededor de 700 casos diarios en los últimos días --cierto es que ahora se hacen más PCR que en la primera ola--.

La otra diferencia fundamental con marzo y abril es la presión hospitalaria. En la comunidad hay 407 personas ingresadas por causa del Covid-19, a las que se suman 69 pacientes en UCI. Precisamente, la presión sobre las unidades de críticos en Ourense motivó que se mantuviera el cierre a pesar de la mejoría en cuanto a la incidencia del virus en los últimos días.

El uno de abril, por ejemplo, había 807 pacientes ingresados, además de 157 en UCI, en ambos casos, casi el doble de la presión hospitalaria que ahora. Según los datos del Ministerio de Sanidad, Galicia es la segunda comunidad con menos presión hospitalaria, con un 6,75% de las camas ocupadas y un 9,78% de las UCI. La peor situación está en Ourense, con 19 pacientes en unidades de críticos, seguida por los 14 de A Coruña y los 12 de Santiago.

Por otro lado, la experiencia adquirida, la implantación de protocolos para lidiar con el virus y el acopio de material, que se buscó con frenética urgencia en la primera ola, facilita tomar medidas menos restrictivas que entonces.  

Un mes para ver si funcionan las restricciones

Las mismas medidas que ahora se han extendido al 45% de la población gallega se tomaron hace 20 días en la ciudad de Ourense y en el municipio limítrofe de Barbadás, que llevaban desde septiembre aplicando restricciones más leves sin lograr frenar el avance del coronavirus. El cierre de la urbe todavía no se levantó y la directora xeral de Sanidade Pública, Carmen Durán, reconoció que no fue hasta estos últimos días y tras una fase de estabilización cuando comenzó a rebajarse la curva, tres semanas después. 

Un artículo de Rubén Rodríguez

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