Feijóo tendrá enfrente una oposición bicéfala

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Los populares convierten la excepción en regla en Galicia, y arrollan, con un PSdG que deja paso a En Marea como segunda fuerza, aunque empatan a escaños

Alberto Núñez Feijóo con su pareja Eva Cárdenas, directora de Zara Home /EFE

en A Coruña, 26 de septiembre de 2016 (00:46 CET)

Núñez Feijóo tenía un objetivo oculto en estas elecciones, que ponían a prueba la única mayoría absoluta autonómica que quedaba en pie. Tras el resultado obtenido por Íñigo Urkullu en el País Vasco, el candidato de los populares en Galicia se convierte en el último coleccionista de mayorías absolutas en un mapa autonómico abonado a la fragmentación. Núñez Feijóo no solo revalida los 41 diputados que ya tenía, sino que sube prácticamente dos puntos en porcentaje de voto y logra, sin contar con la emigración, hasta 8.000 papeletas más que en las elecciones de 2012. 

Ni la Galicia interior ni la atlántica han fallado esta vez. El PP sube en porcentaje de voto en todas las provincias, especialmente en Ourense, donde mejora cuatro puntos, y en A Coruña, donde rebasa los dos puntos porcentuales de mejora sobre el 2012.  Con la mayoría absoluta de este domingo, Núñez Feijóo clava el lema de campaña de los populares: "En Galicia, sí", en una legislatura que será la última después de las victorias de 2009 y 2012, según sus promesas de campaña. La comodidad de esta convocatoria electoral para el PP se resume en un dato más: los populares han sido la fuerza más votada en 305 de los 314 ayuntamientos gallegos. 

"Sorpasso" pero empate

A pesar de la holgura de la victoria, Núñez Feijóo puede tener una legislatura incómoda en el Parlamento, al menos dialécticamente, de mantenerse el tono de la campaña de la que ya es la segunda fuerza en Galicia, En Marea. La coalición inspirada por Xosé Manuel Beiras y encarnada en la figura del neófito Luis Villares ha consumado el "sorpasso" por la mínima al PSdeG. Unos 17.000 votos, con el 99% escrutado, separan a los aliados de Podemos de los socialistas, que tocan fondo y rompen su suelo electoral, por debajo de su peor resultado obtenido en Galicia, los 15 diputados de Abel Caballero. 

La izquierda paga la fragmentación y abona también el peaje la improvisación. En Marea saca algo más de un punto porcentual al PSdeG, pero empatan en escaños, con 14 actas cada uno. La legislatura que comienza será, por tanto, bicéfala, a la espera de la decisión que tome sobre su futuro Xoaquín Fernández Leiceaga, que en la noche electoral prefirió aplazar. 

Los otros peajes

Los socialistas gallegos, con un candidato casi improvisado, aunque de sobrada capacidad, están en manos de una gestora, lo que añade todavía más incertidumbre a su situación y encaje en el nuevo escenario político que se abre, en el que serán tercera fuerza, algo inédito dese las autonómicas de 1997, cuando el BNG, con Beiras, logró 18 diputados y rebasó a los socialistas. 

El reto de En Marea estará en consolidarse como segunda fuerza con un candidato también novel. El entusiasta Luis Villares también lo ha sido en la noche electoral, aunque las aspiraciones de la organización de las confluencias eran mucho mayores. Villares pone ahora fecha para el cambio: será en 2020. La Galicia atlántica se ha convertido en su mejor aliado. En Marea es segunda fuerza en las provincias de A Coruña y Pontevedra, y tercera, por detrás de los socialistas, en Lugo y Ourense. 

Ciudadanos, con otra novata al frente, Cristina Losada, ha sido el mejor aliado del PP en estas elecciones, convertido su resultado en una auténtica nadería. Intrascendente ha sido el papel que le han otorgado los gallegos a la formación naranja, que no llega al 3,4% de los votos, mientras el BNG da una de las sorpresas mayúsculas al lograr desmentir todas las encuestas (el CIS, por ejemplo, le otorgaba dos escaños) y pierde solo uno, al quedarse con seis actas.
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