Feijóo, solo ante la crisis

La rotunda victoria de Feijóo refuerza su hiperliderazgo en Galicia y proyecta su sombra en Madrid, pero debe afrontar en solitario una crisis impredecible

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Asegurar en la campaña electoral que Núñez Feijóo fue un «presidente ausente» durante la crisis del Covid-19 revela algo más que un fallo de cálculo indefendible. Es una clara demostración de miopía. Porque si algo hizo la pandemia fue convertir a Feijóo en omnipresente de un plumazo. Gonzalo Caballero fue quien describió al líder popular como ese «presidente ausente», de igual modo que durante la noche electoral el candidato socialista apuró a buscar explicaciones a los malos resultados del PSdeG y encontró la pandemia como mejor argumento. Cuestión de dioptrías.

La rotunda victoria de Núñez Feijóo en las autonómicas refuerza su hiperliderazgo con una cuarta mayoría absoluta que las encuestas le negaban hace tan solo tres meses, antes de la crisis del Covid-19, cuando pasar de los 38 escaños era una cuesta demasiado empinada para los populares. Por eso el error de Caballero pasa de anécdota a categoría, al tiempo que le deja desamparado para la larga travesía que ahora comienza, como líder de la segunda y última fuerza de una oposición que es cosa de dos.

Caballero y la «presidenciable» Pontón

El «error Caballero» se traduce en otros catorce diputados, sin avance en cuanto a representación, con unos 6.500 votos menos frente a 2016, pero también sin aprovechar toda la caída de la izquierda rupturista a la que sí ha sabido seducir el BNG. La campaña permitió colocar en la «pole position» a cada uno de los candidatos y Ana Pontón buscó su espacio desde el minuto uno al presentarse como «presidenciable» y ser, además, la primera mujer con opciones de lograr la Xunta. Hubo convicción en la de Sarria. Dos por uno: el «sorpasso» estaba en marcha, con un claro guiño a la parroquia femenina además. Dicho y hecho.

Ana Pontón y el BNG han multiplicado por algo más de tres sus apoyos, rompiendo la cintura a los socialistas como hizo en su día Beiras en una dulce venganza, y dejando que los errores de cuatro años de las confluencias hicieran el resto, al atraer el voto del desconcierto ante tanto conflicto interno con un mensaje claro y, sobre todo, mantenido en el tiempo. Invariables los postulados del BNG en todo este tiempo. Eso es sembrar.  

La nueva normalidad del líder Feijóo

Pero si alguien ha cosechado el 12-J, ese es Núñez Feijóo. El de Os Peares logra lo imposible en estos tiempos de fragmentaciones parlamentarias a izquierda y derecha. Lo hace con 42 diputados, ganando uno sobre 2016, aunque se deje unos 62.000 votos. Especial e incontestable golpe en las provincias de A Coruña y Lugo, precisamente las más castigadas por la crisis industrial.

Ese hiperliderazgo de Feijóo que ahora se refuerza en Galicia también se proyecta como una alargada sombra sobre Madrid, porque aquí ganó el candidato que se presentaba y en el País Vasco era Pablo Casado quien se la jugaba con Iturgáiz: logró seis escaños, tres menos que en la anterior cita, y eso que iba de la mano de Ciudadanos. El PP se ha ensanchado en Galicia como lo ha hecho también el BNG. Y los resultados están a la vista. Casado deberá tomar nota de las estrategias ganadoras.

La soledad ante la crisis

 Con Ana Pontón como jefa de la oposición, Núñez Feijóo sabe que los próximos cuatro años, los últimos, según aseguró de nuevo al final de la campaña, no van a ser un paseo por mucha mayoría absoluta reforzada como la lograda este domingo.  La de Sarria lleva desde los 27 en el Parlamento, y peina 43 años. Es BNG y también UPG.

Feijóo se enfrenta a otro enemigo que le acompañará al menos la mitad de la legislatura que está a punto de comenzar. Y es la crisis económica, de consecuencias todavía no del todo predecibles, pero que llevará a que Galicia tarde al menos dos años en recuperar el PIB previo a la llegada de la pandemia. Ahí el de Os Peares estará solo, con la oposición enfrente, sin Gobierno amigo en Madrid y con un líder nacional más cuestionado ahora. El 12-J ha demostrado que el viaje al centro de Feijóo funciona. Ahora le queda dar con la fórmula para salir de un túnel que no deja ver la luz al final. Como Gary Cooper, el sheriff de «Solo ante el peligro».

 

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