Feijóo cierra la campaña mirando a Madrid y Leiceaga al retrovisor

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El candidato del PP pronuncia un discurso con partes que suenan a despedida, mientras que el del PSdeG se sitúa por delante de "populismos" que amenazan con el 'sorpasso'

Alberto Núñez Feijóo y Xaquín Fernández Leiceaga

en A Coruña, 24 de septiembre de 2016 (01:00 CET)

Los candidatos del PP y del PSdeG han cerrado la campaña con la preocupación de si se verán superados por sus respectivos rivales; la oposición en el caso del primero, y En Marea, con el temido 'sorpasso', el segundo.

Alberto Núñez Feijóo, candidato a la reeleción ha pronunciado un discurso que por momentos ha sonado a despedida. "Fue un honor presidir la Xunta", dijo antes de proclamar que Galicia "merece cuatro años más de estabilidad" que permitan recoger sus frutos de su gestión.

Para ello, en el mitin de cierre de la campaña en el Teatro Afundación de Vigo, ante un millar de militantes y simpatizantes, ha pedido el apoyo de los gallegos, aunque con la vista puesta en Madrid. El presidente de la Xunta y candidato del PPdeG a la reelección, ha llamado ejercer el domingo "el voto de la dignidad" y lanzar "un mensaje a toda España": el mensaje del "sí" frente al "bloqueo". Y es que, ha esgrimido, Galicia "debe ser guía de lo que está bien y no copia de lo que está mal".

Enemigo difícil

Su oponente, el candidato socialista Xaquín Fernández Leiceaga, tiene muy claro que el PSdeG es quien debe liderar la alternativa a Feijóo. Sin embargo las encuestas no acaban de ver tan claro cuál será la segunda fuerza política en Galicia tras el 25S.

Con un ojo puesto en ese posible 'sorpasso' de En Marea, ha señalado que "el gran objetivo" de Feijóo es situar enfrente de su partido al "populismo", pues así "gana mejor", pero ha recalcado que el PSdeG es su principal "adversario", porque tiene un proyecto y es "bien diferente".

"No nos sacarán de en medio", ha proclamado, antes de animar a los suyos a "dar un revolcón" en las urnas al PP el domingo. "¡Nos jugamos mucho!", incidió, aunque reconoció que "el enemigo es difícil de derrotar".
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