El temor de Jesús Vázquez: El PXOM de Ourense, siete años después, ni está ni se le espera

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Empresarios amenazan con llevar al juzgado el plan urbanístico, que lleva años atascado, ante la parálisis de las inversiones y la fuga de empresas de la ciudad

Jesús Vázquez, alcalde de Ourense

en A Coruña, 09 de agosto de 2015 (11:59 CET)

Viejos problemas amenazan al nuevo Gobierno de Ourense, el único de las siete ciudades gallegas que mantiene el Partido Popular. El primero es la batalla interna del propio partido, escenificada recientemente en la salida del número dos del alcalde, Francisco González, por la presión ejercida por José Manuel Baltar, presidente de la Deputación y del PP ourensano. Jesús Vázquez, que gobierna en minoría la corporación, es un hombre de Feijóo en territorio de Baltar y tanto desde San Caetano como desde la cidade das Burgas han puesto a funcionar la maquinaria política y mediática para ganar la guerra.

El segundo problema es el plan de urbanismo de Ourense, una losa muy pesada con la que tendrá que cargar el ex conselleiro de Educación. La tercera ciudad de Galicia lleva, en la práctica, sin hoja de ruta desde 2003, cuando el alcalde popular Manuel Cabezas aprobó un plan general que tumbaron definitivamente los tribunales en 2008. Desde entonces, sacar un nuevo PXOM adelante ha sido una odisea. No lo consiguió aprobar definitivamente el PSOE y, por el momento, el nuevo alcalde se ha limitado a mantener reuniones con distintos colectivos –constructores, propietarios de fincas...- para prometer consenso.

Entre la espada y la pared

Vázquez tiene por delante el reto de llegar a un acuerdo con Democracia Ourensana o con el PSOE para aprobar por mayoría el ordenamiento urbano. Con los socialistas, su opción pasaría con respetar la hoja de ruta marcada en el anterior gobierno. El PSOE aprobó inicialmente un nuevo PXOM con el apoyo del BNG y teniendo como cara visible a la entonces edil de urbanismo, Áurea Soto, que dimitió de todos sus cargos al ser imputada por un presunto delito de prevaricación.

Ese plan recibió más de 5.000 alegaciones durante la fase de exposición pública, una gran parte todavía pendientes de respuesta. El PP se opuso y Democracia Ourensana, la segunda fuerza en el Concello, emprendió una guerra sin cuartel contra la edil de urbanismo. La alternativa al plan del PSOE sería redactar uno nuevo –el actual lo redactó la empresa Oficina de Planeamiento y costó un millón de euros--, pero eso llevaría toda la legislatura y dejaría a la ciudad más de una década sin PXOM.

Al no contar con los escaños suficientes, el alcalde está en una encerrona. O va contra su partido para acercarse al PSOE o se condena a una batalla contra una oposición nada amigable. Mientras se decide, la ciudad avanza con un lastre atado al pie.

Fuga de inversiones y de empresas

La inseguridad jurídica que sobrevuela todo el urbanismo ourensano ha frenado las inversiones. En la memoria quedan proyectos perdidos como el de Hipercor, que ahora reclama cuantías millonarias al Concello por el pago de tasas y licencias.

En este escenario, los empresarios empiezan a estar hartos y ya advierten que si no se aprueba el ordenamiento en el plazo legal, llamarán a la puerta de los juzgados. Es el caso de la patronal inmobiliaria Adeido, que fue de las primeras en presentar alegaciones al PXOM del PSOE.

Desde el sector inmobiliario recuerdan la urgencia de sacar adelante el planeamiento y piden a Jesús Vázquez y al concejal de urbanismo, Jesús Cudeiro, que presenten ya su propuesta. Alertan de que las empresas están instalándose en municipios próximos, como San Cibrao, Pereiro de Aguiar o incluso Monterrei, para huir de la incertidumbre que genera el planeamiento urbano ourensano. Lógicamente, su tributación va a parar a las arcas vecinas de los Ayuntamientos limítrofes. También constatan que las inversiones y los proyectos de desarrollo, como el perseguido hotel termal, están paralizados. 

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