El plan de Mas para chocar con el Estado

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El ex presidente autonómico traza un plan para celebrar el referéndum tras la Diada de septiembre con la esperanza de que la reacción del Gobierno lleve a los catalanes a la calle

Manel Manchón

Carles Puigdemont y Carme Forcadell, posan junto al expresidente Artur Mas; Joana Ortega e Irene Rigau (d), a las puertas del Palau de la Generalitat, este lunes. EFE/Toni Albir
Carles Puigdemont y Carme Forcadell, posan junto al expresidente Artur Mas; Joana Ortega e Irene Rigau (d), a las puertas del Palau de la Generalitat, este lunes. EFE/Toni Albir

Barcelona, 19 de febrero de 2017 (05:00 CET)

Artur Mas se ve de nuevo presidente de la Generalitat. Ha logrado volver a influir, y de qué manera en el Govern, y prepara con estrechos colaboradores el choque con el Estado. Siempre estuvieron a su lado, y ahora cuenta con ellos, con los que mantiene periódicas reuniones. Son José Antich, ex director de La Vanguardia y ahora de El Nacional.cat; David Madí, su ex mano derecha cuando fue conseller en cap en el Ejecutivo de Jordi Pujol y su gran asesor en toda su etapa como jefe de la oposición con los gobiernos tripartito; Pilar Rahola, columnista en La Vanguardia y animadora y agitadora del proceso soberanista; Francesc Homs, el ex consejero de Presidència, y Jordi Turull, presidente del grupo parlamentario de Junts pel Sí.

Con ese núcleo de colaboradores, Mas está dispuesto a plantar cara al Estado, con la complicidad del presidente Carles Puigdemont, que sólo aspira a poder convocar el referéndum, y que ha renunciado a ejercer un cargo realmente ejecutivo al frente de la Generalitat. En la última semana la colaboración se ha intensificado, con una estrategia que ha llevado a Mas a protagonizar espacios televisivos, en 8TV y en TV3, conferencias de prensa en el Palau de la Generalitat, totalmente medidas y controladas, y charlas y conferencias en la Universitat Pompeu Fabra y en la Autónoma de Madrid.


Agitar, agitar

El plan es arriesgado, y surge, según fuentes conocedoras, de un análisis previo: las movilizaciones, ahora, a favor del referéndum, a favor de que el proceso soberanista pueda culminar, ya no serán tan importantes e impetuosas como en las últimas diadas, las que se han celebrado desde el 11 de septiembre de 2012. El independentismo nota el cansancio. Aunque no se reconoce de forma oficial, se admite en privado que la movilización a favor de Mas el día del juicio en el TSJC fue mucho menos numerosa de lo esperado, unas 16.000 personas, que no aguantaron, como se habia diseñado, todo el día en los alrededores del tribunal.

Lo que el proceso necesita es una reacción del Gobierno español, que actúe como gran despertador de la sociedad catalana. En eso confía Mas, y sus estrechos colaboradores, que han ido ideando el plan en las últimas semanas.

Ante esas intenciones, con un protagonismo cada vez mayor de Artur Mas, Esquerra Republicana se siente incómoda. Con el objetivo de aparecer como el gran partido de gobierno en los próximos años, capaz de exhibir una buena gestión, aunque sin renunciar a medio plazo a la independencia de Cataluña, el líder de Esquerra, Oriol Junqueras, entiende que el momento de Mas ya pasó.


El PDECat, en fuera de juego

La paradoja es que también su partido, el PDECat, considera que debería pasar página lo antes posible, y volver a representar a las clases medias moderadas de Cataluña, con un acento en la posición ideológica, para tratar de alejarse lo máximo posible a las posiciones de la CUP, que ha logrado marcar la agenda política, ante la desesperación de los dirigentes jóvenes del PDECat, como su coordinadora general, Marta Pascal. 

Pascal es independentista, sí, pero partidaria de un modelo socio-económico diametralmente opuesto a lo que representa la diputada de la CUP, Anna Gabriel, con quien Puigdemont coqueteaba esta semana ante el asombro de ex cargos, todavía influyentes como el ex secretario de Comunicación del Govern, Josep Maria Martí Blanch.


Gobierno en la sombra de Artur Mas

Todo eso ahora no cuenta para el gobierno en la sombra que ha organizado Mas. La intención es forzar la situación, y esperar a septiembre. Antes, Mas es consciente, y también sus colaboradores, como Antich, Madí y Rahola, que se celebrará el juicio del Palau de la Música a partir del 1 de marzo y que puede erosionar enormemente su propia figura y también el propio proceso soberanista.

También está pendiente el juicio a Francesc Homs, el 27 de febrero, sobre el 9N, en el Tribunal Supremo, y las sentencias finales, sobre la causa también del 9N, en el TSJC, que afectan al propio Mas, y a las ex consejeras de Educación, Irene Rigau, y de Governación, Joana Ortega. Diferentes juristas consultados insisten en que la posibilidad de que no queden inhabilitados no es descabellada. En ese caso, Mas tendría las puertas abiertas para tener un buen resultado en las elecciones al Parlament. Y queda la movilización a favor de Carme Forcadell, la presidenta del Parlament, si es, finalmente, inhabilitada.


¿Objetivo? El poder, de nuevo

¿Pero, es lo que desea Mas, ir a las elecciones? El plan del ex presidente y sus colaboradores es buscar el pulso con el Estado. Tras un verano caliente, con proclamas continuas, se preparará el ambiente para lograr una nueva Diada con una enorme repercusión ciudadana. Tras el 11 de septiembre, con la colaboración de Puigdemont, se aprobará la ley de transitoriedad nacional –la que señala a Cataluña como "una república de derecho", y, en el mismo momento, se firmará la convocatoria del referéndum con carácter prácticamente inmediato.

El Gobierno central ya ha advertido que reaccionará al primer segundo de esas convocatorias. Será el momento de la verdad. En función de las medidas que tome el Ejecutivo de Mariano Rajoy, que pueden pasar por la asunción de competencias que ahora son autonómicas, --la apelación al artículo 155 de la Constitución no implica una suspensión automática de la autonomía-- Mas y todo el gobierno catalán apelará a la movilización de los ciudadanos de Cataluña, al margen de si comparten o no el proyecto independentista, al entender que se tratará de un atentado a todo el pueblo catalán.

Sin embargo, quedará en el último segundo la vía de las elecciones al Parlament. Y Mas jugará sus bazas para ser, de nuevo, presidente de la Generalitat.


La incógnita de Junqueras

Sus palabras en la Universidad Autónoma de Madrid de este pasado jueves, en las que daba a entender que podría aprobar una alternativa propuesta por el Gobierno español, constatan que Mas querrá negociar una vez ya ha alcanzado el poder. No lo esconde. Lo dejó claro en una conferencia en la Cambra de Comerç, cuando aseguró, hace unos meses, que si no se podía celebrar el referéndum, el objetivo sería el de alcanzar una amplia mayoría independentista en el Parlament, para negociar, después, con más fuerza que ahora, con el Gobierno de Rajoy. Sobre qué se debería negociar, eso Mas no lo dice. Sólo que cualquier acuerdo se debería poder votar en Cataluña.

Pero hay muchas incógnitas. La principal es el papel de Oriol Junqueras. Una de las ideas que Mas y sus colaboradores manejan es que el decreto de convocatoria del referéndum lo deberían firmar todos los miembros del Govern, para hacerlos corresponsables, con el peligro de que queden inhabilitados.

Si eso fuera así, se entendería como un triunfo, para provocar una mayor movilización del "pueblo de Cataluña". Pero para el líder de Esquerra supondría un alteración de todos sus planes. No para renunciar ni un ápice a su proyecto independentista, pero sí para lograr encauzar una situación que supone un auténtico callejón sin salida para todo el movimiento independentista.

Mas, Antich, Madí y Rahola lo saben. Pero lejos de resituar las cosas, han decidido seguir adelante. Sin red, a por todas, con el objetivo, sin inmutarse, de recuperar el poder.
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