El plan de Feijóo: obviar a Vox y acelerar el derrumbe de Ciudadanos

El plan de Feijóo: obviar a Vox y acelerar el derrumbe de Ciudadanos

El presidente de la Xunta adelanta las elecciones para coger con el pie cambiado a sus rivales y antes de confirmar su candidatura a la reelección

Con cierta imagen de precipitación, Alberto Núñez Feijóo anunció que las elecciones gallegas se adelantan al 5 de abril, una decisión que tenía tomada desde al menos el fin de semana y que comunicó tras hablar con el lehendakari Íñigo Urkullu. Si ya hay cierta naturalidad en la coincidencia de los comicios gallegos con los vascos –sucedió en 2009, 2012 y 2016--, más extraño resulta que el presidente de la Xunta acorte tanto el calendario de una plácida mayoría absoluta y rompa con la ortodoxia de cumplir los plazos como mandan los cánones de la estabilidad, uno de los mantras de los que ha vestido su imagen. El anuncio se produjo antes de que el propio Feijóo se postule como candidato. Lo hará este martes, tras una reunión de la directiva del PPdeG

El pragmatismo se impuso. Aunque el líder de los populares gallegos era partidario de agotar la legislatura, se convenció o lo convencieron de las bondades de un adelanto, opción que su círculo más próximo estudiaba desde finales del año pasado, como explicó este medio. Las ventajas más evidentes de una carrera de 54 días son la de coger a Vox sin estructura en la comunidad; a Ciudadanos hecho añicos tras el varapalo de las generales y con Beatriz Pino como único referente; y a la llamada izquierda rupturista sin tiempo para rearmarse y con Podemos intentando imponerse sobre el resto de potenciales socios del espacio.

El miedo y la oportunidad

El enfoque de Feijóo es claro. El objetivo es aglutinar el voto del centro derecha para que Ciudadanos desaparezca del mapa y para arañar todas las papeletas posibles al PSOE de Gonzalo Caballero. De hecho, la Xunta lleva tiempo confrontando con el Ejecutivo central a modo de precampaña. No habrá disputa ‘a lo Casado’ por los apoyos de la extrema derecha. En el PP entienden que Vox tendrá los votos que le aporte su marca, pero que carece de estructura y caras visibles en la comunidad como para hacer algo relevante. El desarme de la formación naranja y la falta de armazón del partido de Santiago Abascal, sumado a la desintegración de En Marea, componen el mapa de virtudes del adelanto electoral.

El temor en el PP, que lo hay, también es cristalino. Por el lado de Ciudadanos y Vox, por muchas que sean sus carencias, se pueden ir al limbo unas 70.000 u 80.000 papeletas que acabem sin representación, pero impidan a Feijóo alcanzar los 38 diputados que necesita. En las filas populares dan por hecho la tendencia ascendente del PSdeG, el notable salto del BNG de Ana Pontón (que tendrá que interrumpir su baja de maternidad) y el desplome de los partidos aglutinados en En Marea en las anteriores autonómicas, incluido Podemos

Para que las cuentas salgan, el PP, que tiene una mayoría absoluta con 41 diputados, debe conservar los escaños de Ourense y Lugo, de manera que pueda corregir los previsibles retrocesos en A Coruña y Pontevedra. Sin embargo, algunas crisis significativas, como la sanitaria, podrían erosionar el caladero de votos que tienen los populares en el rural. Desde esta perspectiva, alejar la polémica respecto al cierre del paritorio de Verín o la multitudinaria manifestación del pasado domingo sería más aconsejable que celebrar ya las elecciones. 

El efecto Pedro Sánchez

La coincidencia con las elecciones del País Vasco tiene dos ventajas para Feijóo. Por un lado, acortan el tiempo del líder socialista Gonzalo Caballero para consolidarse en el Parlamento gallego y asentarse como líder de la oposición. Por otro, provocarán un reparto de cargos entre los dos territorios. El equipo de Feijóo cree que Caballero saldrá beneficiado del desembarco de ministros en Galicia, así como del propio Pedro Sánchez, para apoyar su candidatura; mientras que al dirigente de Os Peares no le daría mayor impulso la llegada de Pablo Casado u otros líderes del partido enviados desde Génova. 

Un artículo de Rubén Rodríguez

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