El debate a cinco acaba en bronca por los pactos y la corrupción

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Feijóo logra que los candidatos de izquierda, en contra de lo pactado previamente, se posicionen en la TVG sobre eventuales alianzas tras el 25-S

X.R.M.

De izquierda a derecha, Luis Villares (En Marea), Xaquín Fernández Leiceaga (PSdeG), Alberto Núñez Feijóo (PP), Ana Pontón (BNG) y Cristina Losada (Ciudadanos)
De izquierda a derecha, Luis Villares (En Marea), Xaquín Fernández Leiceaga (PSdeG), Alberto Núñez Feijóo (PP), Ana Pontón (BNG) y Cristina Losada (Ciudadanos)

en A Coruña, 13 de septiembre de 2016 (00:33 CET)

Dos debates en uno. Así ha sido la cita de este lunes en la TVG entre los candidatos de los principales partidos que concurren a las próximas autonómicas. La primera parte, plúmbea hasta el sopor, transitó por datos y réplicas, con mucho más pasado y balance de gestión que futuro y propuestas. Esa era la parte económica, cansina y plagada de números, con un Núñez Feijóo abonado a la letanía de un gobierno que tuvo que remar contra la crisis, frente al denominador común de la Galicia de los recortes que apuntaron tanto Fernández Leiceaga (PSdG), Ana Pontón (BNG) y Luis Villares (En Marea). En medio, buscando su sitio, Cristina Losada (Ciudadanos).  

Todo se encendió cuando el candidato popular, dentro del bloque dedicado a regeneración democrática, el tercero de los cinco pactados previamente, abrió la caja de los truenos al forzar que los cabezas de lista de izquierda (PSdeG, BNG y En Marea) se tuviesen que posicionar sobre las eventuales políticas de pactos postelectorales. Feijóo jugó hábilmente a romper un bloque que hasta ese momento se movía exclusivamente sobre la ciénaga de la corrupción de los populares: la imputación de Baltar en Ourense por ofrecer trabajo a cambio de sexo, el pago en dinero negro de la sede del PP en Génova o, simplemente, las puertas giratorias de Ence. No entró el popular a la crisis generada por el "caso Baltar". Simplemente contraatacó en el momento oportuno.  

"Está prohibido"

Feijóo introdujo ese elemento con el objetivo de desestabilizar a sus rivales y forzarles a dibujar un gobierno imposible, que no logró. Su tesis, la negativa del PSOE en Madrid a pactar con Podemos una alternativa a Mariano Rajoy frente a los nulos problemas que, a su juicio, tendrían los socialistas gallegos para aliarse con En Marea si con eso se logra la Xunta, con el BNG de comodín. "No hablan de los pactos postelectorales porque está prohibido", espetó un Núñez Feijóo provocador.  

Nada edificante final, por momentos, ha tenido el debate a cinco, y ha sido exclusivamente gracias a los candidatos, que atropelladamente se llegaron a quitar la palabra, para desvelo de los presentadores. Incluso hizo falta un tiempo muerto, en forma de publicidad, para devolver serenidad a la cita, que se alargó media hora más de lo previsto.  

Falta de propuestas

Por lo demás, ha sobrado balance y han faltado propuestas. Demasiados datos y escasa política. Así discurrió un debate a cinco que, por momentos y antes de calentarse, fue cosa de dos. El candidato popular buscó la centralidad física (de pie, en medio de los otros cuatro contendientes) y también política. Lo consiguió por momentos. En síntesis, se podría concluir que Feijóo apenas se despeinó en un debate del que Fernández Leiceaga ha salido reforzado.  "Si soy presidente de la Xunta no estaré más de ocho años al frente del Gobierno, no como usted, que lo lleva prometiendo desde que llegó y aquí lo tenemos", dijo el socialista en alusión al actual presidente, que va a por su tercer mandato.  

Antes de rematar, Feijóo volvió a atacar: "Tenemos aquí a tres candidatos que proceden del BNG", en alusión al pasado de Luis Villares y Fernández Leiceaga. Y un recado del líder popular para el candidato de En Marea, que se estrenaba este lunes en lides televisivas: "Usted está aquí por el dedo infalible de uno de los alcaldes de las Mareas", en alusión a Xulio Ferreiro, "usted está aquí por una gran cacicada", aseguró Núñez Feijóo. Luis Villares, mucho más suelto en la segunda que en la primera parte, plantó cara al candidato del PP y apenas tocó a sus eventuales socios (PSdeG y BNG), pero el de En Marea lo hizo con más ruido que mensajes.
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