Mariano Rajoy, en el Congreso durante el debate de la moción de censura | EFE

El adiós del gallego impasible

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Mariano Rajoy se despide recordando que lo ha hecho todo en el PP y advirtiendo que será fiel y leal con su sucesor

A Coruña, 05 de junio de 2018 (14:33 CET)

Ha querido mirar a sus orígenes hasta en su despedida de Génova, ante visibles gestos emocionados, caras largas y alguna lágrima entre la cúpula del PP. Al anunciar su marcha, Mariano Rajoy ha tenido tiempo hasta para hacer un repaso de urgencia, con imágenes a modo de fogonazos, a su carrera política, esos cuarenta años que ahora terminan. Y se ha quedado con las pegadas de carteles en Sanxenxo, municipio próximo a Pontevedra por el que ahora podrá transitar en verano casi como uno más. Realizaba esas pegadas , ha detallado ante la atónita cúpula popular, a las diez de la noche, porque lo hacía en su etapa de opositor.

Casi todos los cargos que puede ostentar un político los ha ocupado Rajoy Brei, ese señor de Pontevedra al que sus afines describen como un hombre tranquilo, paciente, pero hábil calculador de los tiempos políticos, y sus detractores definen como un resistente nato con algún tic perezoso a la hora de abordar problemas. Un político casi impasible, en cualquier caso.

Coleccionista de cargos

Diputado autonómico con 26 años, director xeral de Relaciones Institucionales de la Xunta con 27 y presidente de la Diputación de Pontevedra y vicepresidente del Gobierno gallego con 31. La precocidad siempre fue con este gallego muy de Pontevedra, sí, pero nacido en Santiago, de familia de opositores y matrimonio tardío.

Llegó con Aznar al Gobierno, y durante los años del PP en La Moncloa saltó de cartera en cartera sin que se recuerde con certeza alguna ley determinante que llegase a impulsar desde los ministerios que ocupó. Primero, Administraciones Públicas. Después vendrían Educación y Presidencia, para desfilar más tarde por Interior antes de ocupar la vicepresidencia primera.

Rajoy fue siempre fiel a Aznar, y esa actitud tuvo su recompensa cuando le nombró en 2003 para sucederle. Ahora, es el propio Rajoy quien ofrece lealtad y fidelidad hacia su sustituto en el proceso de suceción que acaba de abrir.

Los lazos con Feijóo

Siempre muy de sus amigos, de los de Pontevedra, de toda la vida, Rajoy se ha apoyado en estos años en una mujer para mantener sus vínculos con Galicia: Ana Pastor. La presidenta del Congreso ahora, y antes ministra de Fomento, ha sido la mensajera e interlocutora con Núñez Feijóo, a quien todas las miradas apuntan ahora. Entre ambos, entre Rajoy y Feijóo, una cordialidad fría, y pocos encuentros en los últimos años.

La impasibilidad del todavía presidente de los populares, ahora prácticamente en funciones, según ha remarcado, se ha alternado en estos años con una capacidad de resistencia a prueba incluso del fuego amigo, de todos esos detractores dentro de las filas populares que lo dieron por muerto una y otra vez. Y ha ido de victoria en victoria hasta la derrota final, la más inesperada.

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