El accidente de O Porriño pone en jaque las alianzas entre Renfe, Adif y Comboios de Portugal

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El siniestro, en el que perdieron la vida cuatro personas, pone en cuestión un servicio y una infraestructura sometida a mejoras que posibilita la única conexión ferroviaria entre Galicia y Portugal

Pablo Barro

Manuel Queiró, presidente de Comboios de Portugal, hace declaraciones tras el accidente | EFE
Manuel Queiró, presidente de Comboios de Portugal, hace declaraciones tras el accidente | EFE

en A Coruña, 10 de septiembre de 2016 (00:16 CET)

Todavía es todo muy confuso. No se conocen con certeza las causas del accidente de tren que en la mañana de este viernes causó la muerte a cuatro personas y dejó cerca de medio centenar de heridos en O Porriño. Algunos de los pasajeros apuntaban tras el siniestro que el convoy se movió bruscamente antes de salirse de las vías e impactar con un poste de la luz. La velocidad es otro aspecto que no está claro, unos dicen que iba deprisa y otros a un ritmo normal.

Lo que sí es evidente es que el accidente, aparte del dolor en las familias de las víctimas, es un duro golpe para el transporte ferroviario transfronterizo. Un transporte que en los últimos años había recuperado el pulso, incluso batido todas las previsiones. Entre 2012 y 2015, la conexión entre Vigo y Oporto multiplicó prácticamente por tres el número de pasajeros, al pasar de los 28.300 viajeros de ese año a los 72.300 del pasado ejercicio.

Renfe y Comboios de Portugal, compañía que en 2011 amenazó con una "espantada" que supondría dejar a Galicia sin conexión directa por tren, dieron el primer paso de esa mejora en julio de 2013 con la supresión de paradas intermedias –lo que redujo el tiempo de viaje en casi una hora– y con la comercialización única de billetes. El tren pasó entonces a conocerse como "Celta".

Dudas sobre el material

A pesar de que el presidente de Comboios de Portugal, Manuel Queiró, afirmó que no había indicios de que el accidente se pudiese atribuir a un fallo humano o material, lo cierto es que las críticas al estado de los trenes que cubren la ruta por parte de algunos usuarios no tardaron en llegar. Señalan que son vehículos viejos, pero el ministro de Justicia y Fomento español, Rafael Catalá, no tardó en salir al paso de estas apreciaciones para subrayar que el tren fue revisado este mismo jueves y que cumplía "todas las garantías".

El titular de Fomento, que acudió al lugar acompañado por el secretario de Estado de Infraestructuras, Julio Gómez-Pomar, recalcó que en la zona en la que se ha registrado el accidente se están realizando obras de mantenimiento, motivo por el cual todos los trenes tienen que utilizar la vía provisional y no la principal y, necesariamente, esta desviación obliga a una necesaria reducción de la velocidad, dijo.

Infraestructura

Precisamente, las mejoras en la infraestructura es un tema que está todavía a medio cocinar. Con el proyecto de alta velocidad guardado en el cajón desde 2011 por decisión del Gobierno portugués, el Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (Adif) tiene todavía que electrificar el tramo entre la localidad de Guillarei y la frontera portuguesa, de unos 8 kilómetros.

Portugal, por su parte, con una inversión cercana a los 145 millones de euros, trabaja en la electrificación entre Nine (Braga) y Valença (frontera con España), además de en la duplicación de la vía entre Contumil e Ermenside y el aumento de la capacidad útil del trazado.

Mientras todo esto no llega, Galicia y Portugal seguirán conectadas por un tren de principios del siglo pasado. Las investigaciones sobre el siniestro, que llevan a cabo tanto el Adif como Comboios, arrojarán luz sobre las causas del siniestro, pero dependiendo del lado de la frontera en el que recaiga la culpa, los acuerdos entre las partes se pueden llegar a ver comprometidos.
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