Mariano Rajoy felicita con un abrazo a Pablo Casado por haber sido elegido presidente del PP. Foto: EFE/Zipi

Casado, a la sombra de Suárez, oficia el entierro del 'marianismo'

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Con un discurso a la medida para ganar un congreso del PP, Pablo Casado enterró la carrera política de Mariano Rajoy

en Madrid, 22 de julio de 2018 (00:33 CET)

Habíamos escrito que las primarias las carga el diablo. Se ha cumplido otra vez el adagio. Ocurrió con Joaquín Almunia, cuando Felipe González intentó dirigir su sucesión. Más recientemente con Pedro Sánchez, al quien el aparato había defenestrado.

Los militantes de los partidos, cuando el aparato les suelta las bridas, salen corriendo en dirección contraria a la que les conducían. Es, sencillamente, una revancha de libertad, casi el placer que se produce cuando desobedeces a quien te había puesto el yugo. Mas que un voto a favor de alguien es un grito profundo de protesta.

Los casadistas hicieron más ruido. Se levantaban y aplaudían cada invocación a España. Un discurso medido para ganar un congreso que transmutó con la toma de posesión.

El PP de Casado, distante del de Rajoy

Pablo Casado, el nuevo líder del Partido Popular, demostró que es capaz de hacer dos arengas distintas en una misma mañana. No sabemos cual será la definitiva. O quizá está preparando una nueva versión. Pero más importante que lo que dijo es que ha creado la imagen de que este PP es distinto y distante del de Rajoy.

Ha sido también la derrota de los abogados del Estado y de los registradores de la propiedad. El liderazgo del PP ya no lo ganan los primeros de la clase, los empollones. Fue una victoria generacional y sobre todo desde las entrañas de las emociones que depara el conocimiento de la libertad, de tomar las riendas.

Aunque parezca mentira, Casado era la novedad, el futuro; María Dolores de Cospedal y Soraya Sáenz de Santamaría ya pertenecen al pleistoceno.

Mariano Rajoy ya es solo historia, enterrado por Pablo Casado

La víspera, Rajoy ofició su funeral. Requisito para que se reconozcan sus virtudes y sus valores. En España es muy difícil que se reconozca a alguien si no cumple el requisito de su muerte, física o política.

Pablo Casado lo enterró. Fin de la cita. Rajoy ya es solo historia, como toda su guardia pretoriana.

Uno de los misterios de la jornada es la omnipresencia de Adolfo Suárez Illana. Significará algo que todavía no hemos descifrado.

Casado ha tenido dos padrinos: José María Aznar, con una presencia latente y Adolfo Suárez, como hijo de su padre. En realidad estas dos sombras formaban parte del requisito de enterrar a Rajoy. De sellar el sepulcro político.

Rivera y Sánchez hubieran estado más cómodos con Soraya en el timón del PP

Soraya arrastró toda la campaña la imagen del ama de llaves de Rajoy y pretendió ser la albacea de su testamento. Se demostró que los compromisarios, por encima de todas las cosas, ya no soportaban un minuto más el legado de Rajoy.

Con sus discursos contradictorios o complementarios, Casado demostró que todavía no ha anunciado cuáles van a ser sus banderas. Está husmeando todavía el espacio que hay entre Albert Rivera y Pedro Sánchez. Los dos hubieran estado mas cómodos con Soraya en el timón del PP.

Integración imposible

Empieza una nueva partida. No va a haber integración porque es imposible.

Soraya en un baúl viejo pendiente de que alguien la coloque en el desván. Si es lista, se colocará ella misma. Y los demás miembros de su partida no van a dar guerra porque lo que quieren es un puesto en las listas electorales. Ahora todo el mundo va a pretender que su apoyo, en realidad, era para Casado.

No sabemos nada del proyecto del nuevo líder porque de eso no se ha hablado en el Congreso. Fanfarrias y fuegos de artificio.

Nadie apostaba un duro por Casado y se ha llevado la partida, sin despeinarse

Ahora hay que esperar a la sesión del Congreso del próximo martes para hacer las fotos de Casado en el sillón donde la ex vicepresidenta puso el bolso cuando Rajoy hacia la digestión en medio de la moción de censura. Quizá la clave esté en el color de la corbata que lleve el nuevo líder. O a lo mejor va descamisado.

Ha demostrado que sabe de marketing. Nadie apostaba un duro por él y se ha llevado la partida, sin despeinarse. Ha nacido un líder. Y quizá sea lo mejor que le ha pasado al PP como símbolo para dejar atrás su pasado.

Tenemos que estar atentos.

En esta partida de la política se han dado cartas con baraja nueva.

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