Alberto Núñez Feijóo e Inés arrimadas

Así naufragó la alianza entre Feijóo y Ciudadanos

El presidente de la Xunta desdeña las presiones de Arrimadas y Casado y 'pasa' de Ciudadanos, que pedía al menos asegurar el escaño de Beatriz Pino

A última hora del lunes, el PPdeG hizo públicas las candidaturas para las elecciones del 5 de abril, unas listas continuistas con los conselleiros ocupando puestos de cabeza. No incorporan ningún nombre de Ciudadanos salvo a Juan José Chouza, un exdelegado de la formación naranja en Galicia que estará a título individual como suplente por A Coruña.

La alianza que intentaron Inés Arrimadas y Pablo Casado para que Ciudadanos y PP presentaran una sola candidatura en Galicia estaba descartada desde la mañana del lunes. El presidente de la Xunta apenas dio opción a un entendimiento a pesar de las presiones de su propio partido y solo aceptó una integración en las listas del PP que Arrimadas calificó el pasado viernes en Ourense como una “absorción”.

Naufragado el intento de unión, habrá tres candidaturas a la derecha del PSdeG, sumando la de Vox. Presumiblemente, el voto de la derecha se fragmentará, pero Ciudadanos parte de una posición de desventaja, con el partido dividido, perdiendo afiliados y con desconfianza interna tras la victoria ajustada de Beatriz Pino en las primarias para ser candidata a la Xunta.

Dos escaños y autonomía en el Parlamento

Ciudadanos fue rebajando sus pretensiones desde que Miguel Tellado, el secretario xeral del PPdeG y negociador de la naufragada alianza, trasladó a José Manuel Villegas el ‘no’ definitivo a la coalición cuando éste ya ofrecía sacrificar la marca Mejor Unidos.

Con la integración en las listas de los populares como única opción para intentar evitar someterse a las urnas en plena crisis del partido, Ciudadanos pidió al menos dos puestos --inicialmente demandaba cuatro-- con garantías de salir elegidos por Pontevedra y A Coruña, además de autonomía para trabajar en el Parlamento de cara a tener visibilidad. A cambio se comprometía a garantizar estabilidad en asuntos clave de la legislatura, como los presupuestos.

Galicia no es (ni se cambia por) Cataluña

Aunque a Pablo Casado no le parecía mal esta ecuación, pues ya se la cobraría en Cataluña, los populares gallegos hacían una lectura distinta del escenario. Por un lado, consideran que no es equiparable el caso gallego, donde el PP tiene mayoría absoluta; al catalán, donde Ciudadanos no está en el Gobierno. Por otro, temían que uno de los planteamientos de la formación naranja, el de pasarse al Grupo Mixto una vez elegidos, se materializase pese a la negativa a dicha propuesta. Y por último, tampoco es sencillo de explicar internamente que cedes puestos a una formación que probablemente no obtenga representación si concurre a las elecciones.

Feijóo no quería ni la marca ni los dirigentes de Ciudadanos, solamente los votos; mientras en el otro lado de la mesa, con Beatriz Pino y el delegado territorial Laureano Bermejo como cabezas visibles, crecía el desasosiego por la división del partido y la debilidad que le auguraban los sondeos. La estrategia de Arrimadas de poner todas las cartas sobre la mesa para que Génova presionase a Feijóo quitó margen de negociación en Galicia una vez que el mandatario autonómico dijo no a la coalición.

A última hora, después del viernes en el que Arrimadas dio por casi imposible el acuerdo en su visita a Ourense, hubo contactos para que, al menos, Beatriz Pino tuviese un puesto de salida por Pontevedra. El PP mantuvo su posición inicial, que aceptaba la integración en listas, pero no garantizaba puestos cabeceros. Ciudadanos consideró desde el principio que era una “absorción” inaceptable.

Un artículo de Rubén Rodríguez

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