Ana Belén Vázquez Blanco / Twitter

Ana Vázquez: la apuesta más viral de José Luis Baltar

La diputada de Ourense que entusiasmó al ala dura del PP y a los seguidores de Vox, creció en el sector más galeguista del partido al abrigo de Baltar padre

Ana Vázquez Blanco es de Bande; de vaqueros y chaqueta, más que de traje; de boina más que de birrete. Pero nada de esto importó cuando la diputada ourensana le habló en el Congreso al PSOE de prostíbulos y cocaína y a Podemos de corrupción. El ala dura y la no tan dura del PP aplaudió entusiasmada y hasta los seguidores de Vox preguntaban por aquel nuevo descubrimiento que superaba en ímpetu a Cayetana Álvarez de Toledo. Ana, de Bande, se había hecho viral y su intervención corría como la pólvora entre la derecha patria.

Aunque su rostro no es el más conocido de la Cámara, Ana Vázquez es una joven veterana de la política. A los 20 años ya era concejal en el municipio ourensano de Bande, del que llegó a ser alcaldesa durante seis meses tras el fallecimiento del entonces regidor, Amador de Celis. La diputada no se presentó a las elecciones municipales para revalidar el cargo, sino que lo hizo el que entonces era su marido, José Antonio Armada, actual diputado popular, prolongando la arraigada tradición ourensana de intercambiar cargos públicos entre familiares.

La temprana irrupción en la política y toda una vida a cuenta del erario público se la debe Ana Vázquez al histórico barón ourensano José Luis Baltar, quien la arropó desde Nuevas Generaciones hasta el Concello de Bande --un municipio de 1.500 habitantes-- y hasta el comité ejecutivo del PP gallego. Dicen algunos de los que compartieron mesa con ella que siempre fue directa e incluso dura al hablar, algo conocido entre las filas de los populares ourensanos hasta el punto de tragar saliva cuando se aproximaba una de sus intervenciones.

De hecho, añaden que la participación de la diputada en las tribunas de Madrid no es más que una parte de la vehemencia que mostraba antaño, ahora rebajada por el paso de los años y por el talante de Ana Pastor, quien la acogió en su círculo de confianza, en buena sintonía con Cuca Gamarra.

De Baltar a Pablo Casado y Ana Pastor

Ana, de Bande, tiene fama en Ourense de política habilidosa. Al fin y al cabo, no forma parte de los allegados a Manuel Baltar y, aún así, cada vez está más cerca de la planta baja del Congreso y más lejos del gallinero. Cuando el líder del PP ourensano, hijo del que fue su gran valedor en política, cerró filas con Soraya Sáenz de Santamaría ella apostó por Pablo Casado y después cobró la recompensa. Tampoco se le conoce sintonía alguna con Miguel Santalices, presidente del Parlamento gallego, fiel a Baltar y, como Ana, de Bande.

Si algo tienen claro en Ourense es que Ana Vázquez no va de nada. Su círculo de amistades es el de siempre, el de sus conocidos de Bande, donde sus padres tienen un restaurante y ella una casa para la que pidió un préstamo hipotecario de 200.000 euros a Banco Santander. Tiene plan de pensiones privado y dos coches de alta gama, un Audi A-4 y un Mercedes GLA, aunque uno de ellos, según dijo a El Español, lo utiliza su sobrino. En medio del ajetreo político, se sacó una oposición a la Diputación de Ourense a la que está todavía pendiente de sacarle brillo.

"Centrista" y "galeguista", pero por tradición

No deja de ser llamativo que una de las intervenciones más celebradas por la derecha más dura la protagonice una diputada cuya tradición política se inserta en la rama más moderada y galeguista del PP, esa que pregunta de vez en cuando "qué hay de lo mío" sin que tiemblen por ello los cimientos de la unidad de España. Esto era lógico en la etapa de José Luis Baltar, un atributo que llevaba aparejado a su imagen el PP ourensano como el del clientelismo. La irrupción de Ciudadanos primero, que llegó a Galicia diciendo que el galeguismo era una forma de nacionalismo; y de Vox después, que aterrizó en la comunidad llamando racista a Castelao; lo pusieron en duda. Entre los dos suman cero diputados en el Parlamento gallego.

Ana, de Bande, no desperdicia ocasión para cargar contra el independentismo catalán o para quejarse del cierre de Madrid mientras Ourense está confinada. Está jugando su partido fuera de casa. 

Un artículo de Rubén Rodríguez

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