Alvariño pierde en cuatro meses parte de los apoyos que lo llevaron a la patronal

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El presidente de la CEG no consigue cerrar la reforma prometida por las presiones de A Coruña y Pontevedra

José Manuel Fernández Alvariño, presidente de la CEG | EFE

17 de noviembre de 2013 (23:18 CET)

No hay paciencia con la patronal. La gestión de José Manuel Fernández Alvariño suma apenas cuatro meses de vida y desde los sectores que lo apoyaron para alzarse con el trono de la Confederación de Empresarios de Galicia frente a Fontenla lo apremian para que encauce la reforma prometida.

Principalmente, que reparta juego entre las federaciones provinciales llamadas a ganar peso en la nueva etapa. Y que ponga sobre la mesa la reforma estatutaria con la que limitará el número de mandatos al frente de la patronal a dos, impedirá que el presidente de la CEG pueda ocupar el mismo cargo en una confederación provincial e impulsará una mayor equidad en la distribución territorial. Para esto, A Coruña y Pontevedra deben perder peso en la Asamblea General, el máximo órgano de decisión de la patronal, en favor de Lugo y Ourense.

Es este un punto delicado. Alvariño ha adoptado como lema la unidad del empresariado, pero entre los apoyos que logró para llegar a la presidencia --las provinciales de Pontevedra, Lugo y Ourense pero también un sector de los empresarios coruñeses y varias sectoriales-- le llegan mensajes contradictorios. El más preocupante es el de aquellos que urgen la reforma para antes de que finalice el año y que se sienten “decepcionados” por la lentitud con la que avanza.

Mensajes contradictorios

Desde su llegada a la patronal, Alvariño ha tendido la mano a todos. Evitó un enfrentamiento abierto con Antonio Fontenla, a pesar de que el empresario coruñés lanzó el guante, y transmitió siempre el mismo mensaje: diálogo, unidad y nada de localismos. Pero al intentar cuadrar el reparto de poder se le han presentado dos problemas.

El más notable, que empresarios de A Coruña y Pontevedra que lo apoyaron no tienen ganas de que se equilibre la distribución territorial en la Asamblea General. Es un cambio clave, ya que afectaría también a la Junta Directiva, donde las vocalías dependen del número de representantes en la Asamblea. A estas provincias les beneficia el reparto actual basado en el número de empresas de cada territorio. Sin embargo, en Ourense y Lugo urgen el cambio, por la razón contraria.

Alvariño se mueve entre dos frentes. Los que lo azuzan para que comience ya la reforma y los que le piden un cambio sosegado y debatido.

El equipo de Fontenla

El otro problema es configurar los nuevos nombres que llevarán el día a día de la patronal, los directores de departamento y resto de representantes dependientes de la Secretaría General que constituyen el brazo operativo de la CEG.

Alvariño, que estudia en profundidad las cuentas que dejó Fontenla, quiere conocer bien la salud interna de la patronal antes de avanzar en esta tarea. Es un cambio complejo y quiere medirlo con las cuentas en la mano. Pero, por el momento, la Confederación de Empresarios sigue funcionando con el equipo que dejó Fontenla, con pocas excepciones, cuestión que molesta entre los empresarios que lo apoyaron.

Ninguna de estas dos razones es motivo, por el momento, de ruptura, pero ya ha emergido un grupo crítico que quiere mandar mensajes contundentes para apremiar al presidente de la patronal.

¿Debilitado en el sur?

Y uno de esos mensajes empieza a perfilarse en Pontevedra. Las elecciones a la Confederación de Empresarios de la provincia, que se celebrarán el 4 de diciembre, tienen ya a dos candidatos sobre la mesa. Luis Nóvoa, el propietario del grupo Dáfer, que suplió a Alvariño en la patronal pontevedresa cuando alcanzó la presidencia de la patronal. Y el propietario de Academia Postal y presidente de la Asociación Gallega de Emprendedores, César Blanco.

Nóvoa llegó de manera provisional a la confederación provincial, pero mostró interés en seguir al frente de los empresarios pontevedreses. Alvariño tenía a otros hombres fuertes en su lista, como Jorge Cebreiros, vicepresidente a su salida de la CEP, pero no vería mal la continuidad de Nóvoa, cuando menos, en el año y medio que resta hasta las próximas elecciones, según informan fuentes próximas al líder de la patronal.

También conoce bien a César Blanco. Fue uno de sus apoyos para alcanzar la CEG y medió en Ourense para lograr votos para Alvariño. Pocos consideran que una posible presidencia del propietario de Academia Postal debilite al presidente de la patronal en su antigua casa. Pero lo cierto es que su candidatura no entraba en los planes.

En sectores próximos a la patronal, han interpretado la candidatura como un mensaje a Alvariño con el objetivo de presionarlo para que acelere el proceso de renovación en la Confederación de Empresarios. Pero, por el momento, el presidente continúa buscando el mayor consenso posible. Una tarea difícil y laboriosa que está comenzando a movilizar a parte de los empresarios que lo apoyaron.
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