La portavoz del PP en el Congreso, Cayetana Álvarez de Toledo | EFE/Mariscal/Archivo

Álvarez de Toledo: “Harán un PP más homogéneo, pero no más fuerte”

La exportavoz del PP afirma tras su cese que la moderación la marcan en España “los nacionalistas y la extrema izquierda”

Sin aclarar su futuro en el PP ni el de su acta como diputada, Cayetana Álvarez de Toledo se cerró este viernes alguna puerta más dentro del partido, una vez que Pablo Casado le comunicó su cese como portavoz en el Congreso y dio a entender que su apuesta personal había resultado fallida y que los más moderados del partido habían ganado la confrontación.

La exportavoz se marcha dejando clara su postura sobre los “desdichados” motivos de Casado para destituirla, vinculados a la falta de disciplina con la línea marcada con Génova y, en consecuencia, con el “ataque” a la autoridad del líder del PP. “La discrepancia no es sinónimo de deslealtad, la libertad no es indisciplina, y el pensamiento propio no es un ataque a la autoridad”, dijo Álvarez de Toledo tras convocar a la prensa frente al Congreso. En la memoria estaba el episodio en el que llamó terrorista al padre de Pablo Iglesias, echando por tierra la estrategia de Génova para atacar a Grande-Marlaska. Hasta el Constitucional dijo que llevaría el asunto Álvarez de Toledo para que sus palabras vuelvan al diario de sesiones, aunque su partido no le haya querido apoyar. 

La "esclavitud" de los partidos

La diputada volvió a combatir las “etiquetas” de “moderación” y “radicalidad” que tanto la enojan y que la situaron en el “reduccionismo” de ser “una sola cosa”, impidiendo ver “la complejidad del pensamiento de una persona adulta”.

“En la política española infravaloramos la fuerza constructiva y creativa de la libertad y el pensamiento crítico. Lo que esconde es una visión resignada de los partidos políticos, como si estuvieran condenados a ser camarillas cerradas o una secta. Como si fuera una forma de esclavitud formar parte de un partido porque no te puedes expresar con libertad. Esa visión solo abunda en la degradación y descapitalización de los partidos. Bajo esa visión solo prosperan personas que repiten consignas de manual fabricadas por la sede central. Y esa visión no refleja la realidad. No creo en los colectivos homogéneos, ni siquiera en el caso de los partidos políticos”, se explayó Álvarez de Toledo.

Por el camino deslizó que su cese estaba vinculado a la negociación con el PSOE para renovar el Consejo del Poder Judicial, debate que no le interesa en absoluto porque su prioridad, dijo, es la independencia de la justicia, el último dique de contención del constitucionalismo, a su entender.

“Propuse dar libertad de votos en el grupo en asuntos morales. Eso se consideró una amenaza a la cohesión interna. Yo creo que ensancha el partido. Puede que hagan un PP más homogéneo, pero no por eso más grande y fuerte. La homogeneidad lo que hace es convertir algo en más pequeño y más pobre”, prosiguió.

La radicalidad que combate Álvarez de Toledo

Sí que cree Álvarez de Toledo en otras etiquetas. La del nacionalismo y la extrema izquierda, que, a su juicio, son los que marcan actualmente dónde está el centro político. Con esa lectura de base, cómo no ser radical con el Gobierno más radical de todos, el que ella ve en el Ejecutivo de Pedro Sánchez, al que le pide que abandone a Unidas Podemos y vuelva a la mesa de los constitucionalistas.

Desde una óptica liberal, la exportavoz trazó una línea entre la transición y el reformismo constitucional que quedó quebrada, apuntó, cuando Sánchez se alió con la “extrema izquierda y el nacionalismo”, ambos agentes al margen de los consensos del 78. “Ellos querían ruptura, no reforma”, sentenció. Contra ellos combatió hasta que cayó en la batalla. 

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