¿Un hombre de San José en el 'banco malo'?

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11 de noviembre de 2012 (15:57 CET)

El lobo cuidando ovejas. La pretensión de las grandes inmobiliarias de acceder a los puestos orgánicos y de control del futuro banco malo, que gestionará los activos tóxicos del ladrillo que se les han atragantado las entidades financieras, resulta más que llamativa. La Sociedad de Gestión de Activos Procedentes de la Reestructuración Bancaria, que así se llama el engendro, tendrá su correspondiente plantilla, y cómo no, una nómina de ejecutivos para la que ya han tomado posiciones financieros procedentes de la banca y el propio sector inmobiliario. Cerrar el círculo se llama eso.

Y entre los nombres que ya están sobre la mesa, además de Belén Romana, que desde Banesto no logro hacerse con la presidencia de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), se encuentra un ejecutivo que se ha movido como pez en el agua revuelta de la crisis: Miguel Zorita. Después de haber pasado por el BBVA y por Deloitte, Zorita recaló en 2008 en Constructora San José, en una operación diseñada por su presidente, Jacinto Rey, para fortalecer sus vínculos con los bancos, habida cuenta del pasivo de la compañía gallega y los pactos de refinanciación de la deuda que tuvo que cerrar. La compra de la vallisoletana Parquesol por parte del grupo gallego sí que fue tóxica para Jacinto Rey. Zorita ha ocupado el puesto de consejero delegado de San José desde 2008 hasta hace escasamente un mes, cuando fue relevado por el constructor gallego.

Sin embargo, el nuevo pretendiente del sillón del banco malo se mantiene en el núcleo de poder que ha tejido el presidente de la compañía pontevedresa, y ha recalado nada menos que en la concesionaria creada por el grupo a raíz de la adjudicación de los hospitales de Maipú y La Florida (Santiago de Chile). Bien es cierto que su salida efectiva de la primera línea ejecutiva de San José no se producirá hasta el próximo 31 de diciembre, según la propia compañía. O sea que, quizá, a Zorita no le dé tiempo para hacer las maletas si al final alguien tiene la ocurrencia de dar su ok para su entrada en el dichoso banco malo. La gran banca, a buen seguro, y no Jacinto Rey, tendrá la última palabra.
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