¿Quién debe temer a Unió tras el 27S?

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ELECCIONES CATALANAS

Manel Manchón

Ramon Espadaler, secretario general de Unió y candidato a la Generalitat, arropado por Duran i Lleida en un acto en Madrid / EFE
Ramon Espadaler, secretario general de Unió y candidato a la Generalitat, arropado por Duran i Lleida en un acto en Madrid / EFE

Barcelona, 12 de septiembre de 2015 (20:00 CET)

Sorprende la cautela, y la seguridad de los dirigentes de Unió Democràtica estos días. Tras la encuesta del CIS, en la que los democristianos, que se presentan por primera vez en solitario desde la República, no aparecen con representación, la actitud fue de absoluta calma. "Son encuestas elaboradas hace semanas, no recogen la campaña que se está realizando", aseguraban miembros de su cúpula.

No hay previsiones concretas en Unió. El objetivo es tener representación, y, con una buena campaña electoral, ir viendo qué posibilidades habrá para ser decisivos en un Parlament fragmentado y, previsiblemente, sin mayoría absoluta de la candidatura independentista Junts pel Si. 

El PP no apoya a Duran

En Madrid hay simpatías por lo que pueda hacer Unió, pero tampoco existen apoyos.

El PP se distanció del partido democristiano, porque entendió, en el inicio de la legislatura de Mariano Rajoy, que Josep Antoni Duran Lleida no había forzado las cosas con Convergència, y que no podía ser ya el hombre clave en Barcelona.

El hecho es que Unió, dividida –una buena parte ha seguido los pasos de Mas—quiere seguir en la brega, y tiene algunas bazas.

Espadaler asegura que "el objetivo es reconstruir un catalanismo político que no se puede dar por muerto, y que tendrá mucho trabajo a partir del 28 de septiembre". En una entrevista este sábado en el programa Converses de la Cadena Cope,  el candidato de Unió insistió en que la idea es lograr un nuevo pacto entre Cataluña y España a través de "una disposición adicional en la Constitución", sin necesidad de plantear una reforma que sería muy complicada de realizar, por los grandes consensos que requiere.


España ya es un país asimétrico

En esa disposición adicional se debería incluir "el reconocimiento como nación, y el blindaje de competencias en materia de lengua y cultura". Es la misma idea que defiende Miguel Herrero y Rodríguez de Minón, y otros teóricos constitucionalistas, que no ven por qué no se puede plantear para Cataluña lo mismo que se hizo con el País vasco y Navarra.

Porque, a pesar de las burlas que despierta en algunos círculos del PP y del PSOE, y también en ámbitos empresariales de la CEOE, España ya es un país que apunta hacia una federalismo asimétrico. Hay comunidades con diferentes competencias y con sistemas fiscales distintos. Y entre el País Vasco y Navarra, por ejemplo, hay diferencias.

Y lo que plantea Espadaler lo defiende una mayoría de la sociedad catalana, como muestran las diferentes encuestas, que dejan claro que si existiera una tercera vía viable y sólida –esa disposición adicional lo sería—sería claramente la ganadora. 

Quienes están seguros de ello son unos 150.000 electores, procedentes de CiU, calificados de "moderados" según los expertos consultados, que todavía no saben qué votarán el 27S.


Roca, aparece para apoyar a Unió

La lista de Junts pel Si, en la que Artur Mas figura de número cuatro, lo sabe perfectamente. Y por eso hay cierto nerviosismo. La cúpula de Convergència, con Josep Rull, a la cabeza, habla de 60 diputados como meta, porque se ve muy complicado superar esa barrera. La mayoría absoluta se alcanza con 68 escaños.

Unió aparece en ese instante. Espadaler repite que se situará "en el centro", lejos de la ruptura independentista, pero también del inmovilismo del PP o del proyecto recentralizador, a su juicio, de Ciutadans. Esos 150.000 electores pueden virar hacia Unió, o hacia Ciutadans, como detectaron las encuestas en los últimos meses, o pueden quedarse en casa.

Esta semana Unió jugará fuerte. Miquel Roca, un tótem del catalanismo político, ex mano derecha de Jordi Pujol en Convergència, presentará en Tribuna Barcelona –un foro que organiza La Vanguardia—a Ramon Espadaler. Sus palabras serán escuchadas, y sus críticas al proceso soberanista serán analizadas. Muchos electores catalanistas podrían inclinarse, en ese momento, por Unió.

Las opciones de Unió no son elevadas, es cierto. Pero, ¿qué ocurrirá si la lista de Mas, en la que va también Oriol Junqueras, necesita los votos de la CUP para tener la mayoría absoluta, pero también pudiera sumar con Unió?


Presión a la CUP, con Unió de fondo

Fuentes nacionalistas consideran que, en ese instante, Junts pel Si podría presionar a la CUP para que facilitara la investidura de Mas –se han negado a ello, según su candidato Antonio Baños—con la tesitura del posible apoyo de Unió, que pediría claramente bajarse del carro independentista.

Todo ese escenario es ahora una incógnita. Pero Unió quiere estar presente. En la encuesta del CIS aparece un 26% del electorado que no ha decidido el voto. Esos indecisos pueden condicionarlo todo.

La carta de Espadaler es atractiva a priori: una disposición adicional en la Constitución no necesitaría votarse en toda España, al no ser considerada como una reforma constitucional. Pero sí debería votarse en Cataluña, según el candidato de Unió, con lo que se garantizaría la voluntad de los catalanes, que es, realmente, lo que está en juego desde la Diada de 2012.

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