¿Qué fue del Club de Iñás?

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El 'lobby' que impulsó Méndez pasó a mejor vida

Imagen de archivo de los socios del Club de Economía Iñás, en un acto con Antonio Garrigues en 2010

09 de julio de 2013 (23:39 CET)

El muerto al hoyo financiero y el vivo al bollo empresarial. Algo así le ha sucedido al conocido como Club de Iñás, un cenáculo armado por el ya jubilado director general de la también desaparecida Caixa Galicia que tuvo diez años de vida. Lo que comenzó como un grupo de empresarios afines, que cenaban tras escuchar las palabras de un ponente de primer nivel (Zapatero, Aznar, Fraga, Garrigues, José Blanco, Fernández Toxo, entre otros), se convirtió en una pautadísima comida en un pazo de Oleiros por la que desfilaba cada dos meses lo más granado de la clase empresarial gallega para departir con un ponente de postín. Su presidente y fundador era el otrora "rubio de oro"

Manuel Rodríguez (Rodman), José Antonio Quiroga (Cámara de Comercio de A Coruña), Antonio Fontenla (patronal), Ángel Jove (Anjoca), Manuel Areán Lalín (La Voz de Galicia), Antonio Couceiro (Begano), Felipa Jove (Inveravante), Gómez Franqueira (Coren), José Silveira (A Nosa Terra XXI), Chicho Calvo (Grupo Calvo), Fernández Somoza (Azkar), Pierre Ianni (Citroën), Emilio Pérez Nieto (Pérez Rumbao), Zalecho Ortíz (Cámara de A Coruña), Jesús Alonso (Jealsa).... Muchos fueron los empresarios socios del club, por descontado también clientes, cuando no socios, de la caja de Méndez y Cía.

Pero lejos de ser un grupete de amigos para hacer negocios, el Club de Iñás era más bien una suerte de lobby por cuyos salones pasaba lo más granado de la política y la economía españolas, que en más de una ocasión, en vez de exponer sus ideas, tuvieron que escuchar reivindicaciones y reprimendas de los propios empresarios. Curiosamente, una de sus últimas incorporaciones en calidad de socio fue la de Rosalía Mera. Y entre los últimos invitados, cuando ya sonaban los tambores de la fusión entre Caixa Galicia y Caixanova, se encontraban Marta Fernández Currás y Pedro Puy Fraga. Si las paredes hablasen...
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