La traidora de las grandes cosméticas

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Con apenas 35 años la empresaria Paola Gugliotta fundó en Barcelona una firma de cosmética que hace temblar a las grandes multinacionales. Sepai, que ya exporta a 15 países, desvela los principios activos de las cremas contra el envejecimiento y los pone a disposición del consumidor para que los administren como quieran

Paola Gugliotta

05 de diciembre de 2011 (17:52 CET)

En la hermética industria cosmética a nadie se le había ocurrido hasta ahora desvelar las composiciones exactas de los principios activos de las cremas contra el envejecimiento y señalar todos los ingredientes y componentes que no sirven para nada. El equilibrio entre los ingredientes, un secreto bien guardado por todos los fabricantes, es ahora ventilado sin tapujos por una recién llegada a la industria.

Paola Gugliotta, directora de la compañía, quiere revolucionar el actual modelo de negocio convirtiendo a los compradores en expertos cosmetólogos que se hacen en casa sus propias cremas. Las grandes fabricantes ya la comienzan a ver como una traidora de la industria, pero hasta ahora la empresa Sepai ha logrado facturar el su segundo año 350.000 euros y exportar a 15 países, entre ellos Alemania, Suiza, Austria, Italia, Suecia, Holanda, Noruega y Singapur. Sólo en Alemania ya han logrado 40 puntos de distribución.

En España se ha colado en perfumerías tradicionales y exclusivas como el instituto Saurina de la calle Provença, en Barcelona, pero no ha llegado a las tiendas de consumo masivo. “Es muy difícil competir con las grandes multinacionales Dior, Sisley o Channel porque no invertimos nada de publicidad. Nosotros nos hemos enfocado a un público más exclusivo aunque ya hemos podido entrar en grandes almacenes como Harrods en Reino Unido”, explica Gugliotta.

Todo externalizado

La empresa ha podido lograr un crecimiento exponencial por sus bajos costes laborales: solo tiene 3 trabajadores en plantilla y el resto de los servicios están externalizados. Cuenta con laboratorios en Les Franqueses del Vallès, Polinyà y un tercero en Milán, Italia, donde se fabrica un gel que en España no han podido producir bajo los parámetros que la empresa desea.

Gugliotta, una arquitecta venezolana con especialidad en restauración de monumentos, comenzó a trabajar en España en una empresa de cosméticos encargada de la exportación. Allí descubrió que la mayoría de las multinacionales cosméticas utilizan una gran cantidad de componentes que no aportan nada. “Agregan ingredientes para dar olores o texturas pero no contribuyen al propósito de mejorar el estado de la piel ni de prevenir ni corregir el envejecimiento. Nosotros solo trabajamos con los activos puros, que son muy caros, pero con esto no engañamos a nadie”, explica Gugliotta.

La compañía espera el próximo año lograr una facturación de un millón de euros.
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