Feijóo ve presiones empresariales para cerrar rápido la investigación

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Cree que se intenta desacreditar a la alta velocidad española para frenar contratos en el exterior

Núñez Feijóo y Mariano Rajoy en el lugar del accidente | EFE

27 de julio de 2013 (22:55 CET)

El accidente de tren en Santiago ha cogido a la industria ferroviaria del Estado en plena caza de contratos en el exterior. El más importante, el de la línea de Paulo-Campinas Rio-Sao, la primera de alta velocidad de América del Sur. Un consorcio de empresas españolas, en el que se integran Renfe y Adif, optará a un contrato de 13.000 millones de euros.

El presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, ha hecho referencia a esta situación para afirmar que “hay intereses económicos por parte de determinadas empresas o de suministradores de alta velocidad” que planean sobre la investigación para determinar las causas del siniestro. Estos intereses pasarían por desacreditar a la alta velocidad española a raíz del accidente, de manera que perdiera reputación y competitividad en el exterior. "Es evidente que hay concursos internacionales de construcción de líneas de alta velocidad en los que España participa y eso es un dato", apuntó el líder del PPdeG.

Feijóo insistió en que la investigación del siniestro se hará en profundidad “por respeto a las víctimas, a los heridos, al pueblo gallego", y lanzó una advertencia: “Las prisas son contrarias a una investigación y las precipitaciones son contrarias al rigor que exige dar información definitiva y contrastada de la causa o las causas que pueden coincidir en esta tragedia", sentenció.

Los matices del concurso


El millonario contrato del AVE a Brasil consolidaría a España entre los líderes en construcción ferroviaria. Actualmente, cuenta con la red de alta velocidad más extensa de Europa, con 3.000 kilómetros de líneas de altas prestaciones en explotación.

Pero las bases del concurso para la alta velocidad en Sudamérica establecen que los candidatos deben declarar que no han tenido ningún accidente con víctimas en su sistema de trenes de alta velocidad durante al menos cinco años. Con premura, el presidente de Renfe, Gómez Pómar, advirtió pocas horas después del siniestro que ha costado la vida a al menos 78 personas que el accidente “no se produjo en una línea de alta velocidad y que, por lo tanto, no es aplicable a lo que entenderíamos por un accidente en un tren de alta velocidad".

Feijóo se sumó este sábado a la tesis. El titular del Ejecutivo gallego indicó que la alta velocidad a Galicia está en construcción, pero no finalizada, de forma que "mientras no concluya su conexión con Madrid", los trenes y las vías que se emplean "no pueden gozar de la calificación técnica que conlleva ese vocablo".

El peso, sobre el maquinista

La defensa a ultranza que desde Adif y Renfe están haciendo sobre la seguridad de los sistemas de control y de la infraestructura, los obliga a apuntar al error humano como causa del accidente. Es decir, al maquinista, que se encuentra imputado por un presunto delito de homicidio por imprudencia y a la espera de pasar a disposición judicial.

“Sencillamente, es peligroso circular a velocidades superiores a aquellas que están asignadas a cada trazado, respetando la velocidad no existe ningún trazado que sea peligroso", afirmó este viernes Gonzalo Ferre, presidente de Adif.

El presidente de la Xunta, el día en que el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, visitó Galicia, también se alineó con el discurso de la seguridad. "España en alta velocidad y en seguridad de alta velocidad es de los mejores países del mundo, aunque a algunos países les pueda no interesar este hecho", afirmó. "No es una opinión política, sino técnica", remarcó Feijóo.

Preguntas “excesivas” de medios extranjeros


Lanzado el mensaje, Feijóo fue mostrando los indicios que le han llevado a detectar la presión que pesa sobre la investigación y que, según señaló, atañe también a intereses económicos. Interrogado de nuevo, horas después, afirmó que las preguntas de algunos medios extranjeros están siendo “excesivas”.

Calificó ante los micrófonos de La Sexta como “falta de respeto” empezar a hablar sobre si se trata de una línea y un tren de alta velocidad y "si funciona o no" y ha insistido en la “presión” de determinados medios extranjeros para conocer las causas.
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