El maquinista hablaba por teléfono con Renfe cuando el tren descarriló

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Se activó un freno, que redujo la velocidad a 153 km/h en el momento del accidente

 Garzón es trasladado en un coche de la Policía Nacional a los juzgados | EFE

31 de julio de 2013 (03:28 CET)

Francisco José Garzón, el maquinista del tren siniestrado en Angrois, recibió una llamada de Renfe en su teléfono profesional momentos antes del accidente. La conversación versaba sobre el camino que tenía que seguir para la entrada del convoy en Ferrol. A 192 kilómetros por hora y manteniendo la comunicación telefónica se aproximó a la curva de A Grandeira, donde el Alvia descarriló. Antes se activó un freno. Cuando el tren se salió de vía la velocidad se había reducido a 153 km/h.

Esta es la escena que dibuja la información extraída de las dos cajas negras del convoy, un proceso que se realizó en la mañana del martes en presencia de la policía científica y del juez titular del número 3 de instrucción, Luis Aláez. Los datos se extrajeron en un lápiz de memoria y, posteriormente, se hicieron copias autentificadas con firma digital. Como la información que se obtiene de las cajas está encriptada, se pasa por un programa informático para proceder a su desencriptación.

De todo este proceso, la primera conclusión es que Francisco José Garzón hablaba por teléfono en el momento del accidente con alguien que "parece ser un controlador", aunque por el momento no queda claro si se trataba de una llamada desde la central de control o de un compañero desde dentro del propio tren. Por el ruido de fondo, parece que el maquinista está consultando un plano o algún documento similar en papel, según ha explicado el Tribunal Superior de Xustiza de Galicia (TSXG).

Velocidad

La otra información clave es la velocidad. Según los datos provisionales que se extraen del análisis de los últimos kilómetros recorridos por el tren, antes de la salida de vía el Alvia circulaba a 192 kilómetros hora. Antes de descarrilar se activó un freno, que redujo la velocidad a 153 km/h. Un informe policial determinará si el freno fue activado por el propio maquinista, todo hace indicar que sí, y si empleó el dispositivo de mano o de pie.

En su declaración ante el juez, Francisco José Garzón reconoció que iba a esa velocidad debido a un “despiste”. Creía que estaba en otro punto del recorrido y cuando frenó, ya era demasiado tarde. El titular del Juzgado número 3 de Santiago, Luis Aláez, le imputa 79 delitos de homicidio, tantos como víctimas mortales ha provocado hasta ahora el siniestro, y una pluralidad de delitos de lesiones, todos ellos cometidos por imprudencia profesional.

Perros, ruedas y vagones

El juez ha autorizado este martes mediciones de las ruedas de los vagones y se baraja la posibilidad de que perros realicen una última inspección de los restos del tren. De la medición se encargarán los técnicos de la Comisión de Investigación de Fomento, acompañados en todo momento por agentes de la Policía Judicial.

Los vagones, que permanecen custodiados en una nave de la parroquia de A Escravitude, en Padrón, no se moverán hasta que se completen las inspecciones oculares, ya que todavía está pendiente el acceso a pequeñas zonas cerradas por hierros que hay que cortar.

Refuerzos para Aláez

El Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) estudiará este miércoles la aplicación de un plan de refuerzo para el Juzgado de Instrucción número 3 de Santiago de Compostela, con el fin de aligerar a Luis Aláez, que acaba de suspender sus vacaciones, la carga de trabajo de este órgano y permitirle dedicar todos sus esfuerzos a esclarecer el accidente ferroviario del pasado miércoles.

De esta forma, se analizará crear una especie de "juzgado bis" al de Aláez, con un juez de refuerzo, secretario judicial y cinco funcionarios que se harán cargo de todas las causas que hayan entrado en este órgano desde el momento del accidente, dejando al titular dedicarse "a tiempo completo" a la investigación del accidente, así como a la práctica de diligencias de otras causas que ya estuviera tramitando.
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