Coca-Cola premia el despotismo empresarial de Daurella

La multinacional otorga la presidencia de la nueva embotelladora europea a la empresaria que ideó el polémico ERE en España, remodeló la empresa a su gusto y que se resistió a cumplir las sentencias judiciales

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La empresaria catalana que ha concebido la polémica reestructuración de la embotelladora española, que ha ordenado el cierre y despidos colectivos y que ha creado una nueva compañía a su gusto, ha sido premiada por la multinacional en Atlanta para dirigir las riendas de la nueva embotelladora europea que funcionará en trece países.

Sol Daurella, la empresaria catalana que siempre ha tenido influencia en la cúpula de Coca-Cola, ha dado un enorme salto en su carrera profesional al pasar de controlar una empresa familiar a la presidencia de una embotelladora multinacional que cotizará en las bolsas de Nueva York, Amsterdam y Madrid.

Le embotelladora Coca-Cola Iberian Partners, que todavía encara el proceso de fusión de la distribución en España y Portugal, se ha unificado con la europea Coca-Cola Enterprises y la alemana Coca-Cola Erfischingsgetränke AG. Sol Daurella, que contará con el 34% del accionariado de la nueva compañía, será la presidenta del conglomerado, aunque las funciones ejecutivas recaerán en John Brock, hasta ahora responsable de Coca-Cola Enterprises, que contará con el 48% de las acciones.

Desgaste en imagen, ganancia económica

Daurella diseñó la nueva Coca-Cola Iberian Partners a su gusto en un proceso en el que las embotelladoras fuera de Cataluña sufrieron el mayor perjuicio. Casi todos los que estaban fuera de su paraguas resultaron salpicados. Su mano derecha en ese proceso, Víctor Rufart, consejero delegado de Coca-Cola Iberian Partners, también ha sido premiado por la multinacional y dirigirá el proceso de fusión de las embotelladoras europeas, con el que el fabricante de bebidas espera obtener ahorros millonarios.

Cuando aún no han terminado la fusión ibérica, Daurella y su equipo ya se ocupan en la fusión empresarial que ha creado un gigante empresarial con 300 millones de clientes y 12.600 millones de euros en facturación. Es un proceso que Coca-Cola está ejecutando en todo el mundo para disponer de menos embotelladores y ahorrar, de esta forma, en costes operativos, puestos de trabajo e impuestos.

Pero la dulzura del ahorro ha tenido que pasar por un proceso traumático en España. Con el cierre de fábricas y despidos colectivos, la compañía ha tenido que soportar huelgas y un enorme coste en los juzgados que ha obligado a Coca-Cola no sólo a reenganchar a los trabajadores sino también a pagarle los salarios caídos, más las indemnizaciones.

Erosión descontada

La fusión española ha ocasionado un enorme daño a la imagen de Coca-Cola que se ha enfrentado a boicots y campañas contra la bebida. «Tuvo un enorme coste en imagen. Es un proceso que desgasta la marca y que tiene grandes costes económicos, pero todo eso ya estaba descontado cuando se formuló el ERE», explicó a este medio Iván Gayarre, socio del despacho Sagardoy que asesoró a Daurella en los despidos colectivos en España.

Hasta ahora la empresa no ha anunciado despidos ni cierres de fábricas, pero los ahorros previstos auguran importantes medidas de recortes. Es probable que nadie se atreva a cuestionar a Daurella y regresen las huelgas, los paros y las campañas contra la bebida que promete felicidad. Los ahorros justificarán los despidos, los recortes y el escándalo en Twitter. Pero Europa seguirá bebiendo agua carbonatada con azúcar, colorantes, acidulantes y ciclamato sódico (E-952).

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