Bernanke da la puntilla a unas bolsas acorraladas por las malas noticias

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MERCADOS

El presidente de la Reserva Federal (Fed), Ben Bernanke

22 de septiembre de 2011 (10:55 CET)

Las bolsas se han acostumbrado a vivir en el alambre y el resultado es que una mala noticia puede destruir en cuestión de minutos el castillo de naipes construido con mucho esfuerzo en las sesiones anteriores. Ha bastado una decisión de la Reserva Federal que el mercado ha considerado como insuficiente para que las cotizaciones se vengan abajo sin contemplaciones.

El Ibex ha perdido con claridad la cota 8.000 puntos y ahora lucha con denuedo por mantener este nivel psicológico. Y, en el mercado de deuda, la prima de riesgo española salta hasta los 370 puntos básicos mientras la italiana da miedo con un repunte hasta los 410 puntos que sitúa al país transalpino en alerta roja.

Los inversores han decidido soltar lastre a la vista de que la Fed no ha aportado nada nuevo para inyectar confianza en los mercados. Se ha limitado a hacer lo que todos esperaban: venderá bonos a corto plazo por 400.000 millones de dólares que serán utilizado para comprar títulos a largo plazo. El objetivo es reactivar el consumo y ayudar al sector hipotecario.

Pero el jefe de la Fed, Ben Bernanke, no realizó previsión alguna sobre una nueva fase del Quantitative Easing (QE3) que los mercados esperan como agua de mayo. El resultado es que los inversores han puesto en marcha la máquina vendedora tanto en Asia como en Europa.

La consigna es reducir riesgos después de las fuertes caídas entre el 2% y el 3% de anoche en los índices estadounidenses, máxime teniendo en cuenta que hoy se publican datos clave al otro lado del Atlántico como las peticiones iniciales de desempleo y el índice de indicadores líderes de agosto, susceptibles de mover, y mucho, las bolsas estadounidenses.

Máxima presión


Mientras, los inversores siguen digiriendo los 300.000 millones de euros que según el FMI necesitan los bancos europeos para sobrevivir a la crisis de deuda soberana. El resultado es un ataque de desconfianza que siete sesiones después devuelve al Ibex por debajo de los 8.000 puntos aunque los mínimos situados en los 7.640 quedan todavía lejos.

El otro foco de atención es, claro está, Grecia. El anuncio de nuevas medidas de austeridad como la reducción del importe de las pensiones o la rebaja del número de funcionarios no sirven para calmar a los inversores, que sufren un ataque de incertidumbre en toda regla la vista de que no hay decisiones contundentes para solucionar los grandes problemas de la eurozona y de Estados Unidos.
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