La pureza de la raza de medio de cerdos ibéricos está bajo sospecha. En la imagen, un grupo de cerdos pastando en Jerez de los Caballeros (Badajoz). EFE / JERO MORALES

La pureza de la raza de medio milón de cerdos ibéricos está bajo sospecha

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Cerdos ibéricos sin el máximo pedigrí se cuelan en el libro genealógico que debe garantizar la pureza racial

David Placer

La pureza de la raza de medio de cerdos ibéricos está bajo sospecha. En la imagen, un grupo de cerdos pastando en Jerez de los Caballeros (Badajoz). EFE / JERO MORALES

en Madrid, 20 de enero de 2018 (05:00 CET)

El cerdo ibérico sufre una “contaminación genética” sin precedentes y el consumidor no lo sabe. Y tal vez nunca lo sabrá. El libro genealógico del cerdo ibérico, el registro oficial que debe certificar la pureza racial de los animales inscritos, registra la entrada de miles de hembras reproductoras cuyos progenitores no figuran censados como de la raza ibérica. Se trata de una infiltración masiva de 450.000 animales que podrían contaminar la futura genética del cerdo ibérico puro. Toda una tragedia para el producto autóctono más emblemático de España que, además, cuenta con el beneplácito de las autoridades. 

La entidad encargada de certificar la pureza de los cerdos ibéricos, la Asociación Española de Criadores de Cerdo Ibérico, Aeceriber, ha registrado en los libros genealógicos a cerdos cuyos padres y abuelos nunca fueron certificados como ibéricos puros, tal como exige la ley.

Los animales sin historial genético de la raza han sido incluidos en una sección anexa del libro genealógico tras un cambio normativo en 2008. Ahora, los reproductores ibéricos son considerados como “puros” aunque no cuenten con progenitores conocidos ni análisis de su ADN genético que los acredite como tal.

La entrada de estos animales en el registro oficial que certifica su máxima pureza racial supone una contaminación genética sin precedentes. Ya no tanto por la cantidad de cerdos que han sido registrados como ibéricos puros sin la verificación de su ascendencia genealógica (450.000 ejemplares que hoy suponen el 85% de todas las hembras reproductoras registradas) sino también por el beneplácito de las autoridades: tanto la entidad que gestiona el libro como el propio ministerio de Agricultura avalan esta inclusión masiva.

La secretaria técnica de Aeceriber, Elena Diéguez, reconoce que estos polémicos ejemplares han sido registrados en el libro genealógico del ibérico sin pruebas genéticas que certifiquen su pureza racial y a través de una simple inspección visual. La responsable de la entidad asegura que los técnicos de Aeceriber pueden determinar “fácilmente” y “a simple vista” si un cerdo es puro ibérico o no. También desmiente que en el libro se hayan colado animales cruzados (que no tienen genética pura).

Pero la propia entidad mantiene, por escrito, una postura completamente contradictoria. El libro de registro genealógico de los ibéricos está compuesto por dos secciones: la principal, donde todos los animales matriculados cuentan con el pedigrí verificado de padres y abuelos, y la sección anexa, donde se han colado los cerdos que no tienen progenitores conocidos y pueden estar contaminados con carga genética de otras razas.

“Pertenecer como hembra reproductora a la sección aneja del libro genealógico de la raza porcina ibérica no garantiza en ningún caso una pureza racial al 100%”, admite la entidad tras la polémica generada por una pregunta parlamentaria del diputado Toni Cantó, de Ciudadanos, que ha denunciado las malas prácticas de esta asociación.

“Esta posibilidad sólo existe para los reproductores pertenecientes a la sección principal de los que se conoce un mínimo de dos generaciones de ascendientes, tal y como contempla la legislación comunitaria y nacional”, admite la propia entidad.

Pero para engendrar un cerdo 100% ibérico no es necesario que su madre esté incluida en la sección principal del registro. También vale una madre de este cuestionado apartado anexo donde puede producirse una “contaminación genética masiva”.

En otro escrito, la entidad asegura que desde los años 50 los sementales de la raza duroc (de origen norteamericana que se desarrolla más rápido y tiene un mayor rendimiento comercial) están siendo cruzados “de forma indiscriminada” con hembras reproductoras de la raza ibérica. Por tanto, explica Aeceriber,  es su "obligación” realizar análisis genéticos para garantizar la pureza de todos los cerdos matriculados. 

¿Fuera de la ley?

Aeceriber es una asociación de criadores de porcino ibérico sin ánimo de lucro que recibe ayudas millonarias del ministerio y las comunidades autónomas para velar porque los cerdos que califican como ibéricos puros sean auténticos y no animales cruzados, con un valor muy inferior en el mercado.

La contaminación, además, también abre la puerta a que los jamones cruzados (los vendidos como 50% o 75% de la raza ibérica) incumplan la ley. Si su madre no dispone de un 100% de pureza genética, sus descendientes nunca llegarán a poseer un 50% de sangre ibérica, porcentaje mínimo que exige la ley para poder etiquetar como ibérico cualquier jamón. Desde el ente que gestiona el libro también tienen una explicación. “Eso es muy complicado de determinar”.

Mientras tanto, los cerdos ibéricos siguen reproduciéndose e inscribiéndose en un libro difuso y sin garantías completas. La duda se extiende por todo el sector. ¿Cuántas madres reproductoras del casi medio millón de inscritas en el anexo del libro genealógico son ibéricas en grado puro?

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