La proliferación de nuevas escuelas para actores ha coincidido con un mercado a la baja en España. En la imagen, fotograma de un spot publicitario

La híper-inflación de actores condena al sector al trabajo gratis

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La proliferación de nuevas escuelas de interpretación en España ha coincidido con una caída de la oferta de papeles y una merma en las condiciones laborales

Economía Digital

La proliferación de nuevas escuelas para actores ha coincidido con un mercado a la baja en España. En la imagen, fotograma de un spot publicitario

en Barcelona, 22 de abril de 2017 (07:41 CET)

A nadie se le escapa que el mundo de la cultura ha sido uno de los más golpeados por la crisis económica. Sin embargo, dentro de este sector, existen profesiones que viven una situación especialmente delicada; casi al límite para una mayoría de profesionales. Hablamos del oficio de actor. Una apuesta que siempre ha sido arriesgada pero que en los últimos años parece haberse convertido en una batalla perdida de antemano.

Constance Hurlé, joven actriz de 27 años afincada en Barcelona, explica lo difícil que resulta encontrar una oferta de carácter remunerado. Sea el proyecto pequeño o grande. Cuenta cómo recientemente tuvo que salirse de un proceso de selección en el que había llegado lejos porque “no le salía a cuenta”: la productora buscaba una actriz para la grabación de un corto en Sabadell y la empresa ofrecía el cáterin durante el rodaje pero no pagaba el desplazamiento.

Un vistazo a portales como Yatecasting.com o Soloactores.com da una idea de la abundancia, cuando no mayoría, de este tipo de ofertas. Webs como las mencionadas ya se han convertido en la principal búsqueda de empleo para los jóvenes profesionales de la interpretación en España. La cuestión es que las generaciones más veteranas, formadas y acostumbradas a otro tipo de mercado, viven igualmente en sus carnes las consecuencias de una peligrosa tendencia: la tradicional precariedad evoluciona sin aparente remedio hacia el trabajo gratis.

¿Puede un actor ganarse la vida ejerciendo?

En el otoño pasado la Fundación Aisge, entidad privada que gestiona en España los derechos de propiedad intelectual de los profesionales de la escena, presentó un estudio demoledor. A través de más de 3.000 encuestas ratificó que apenas el 8,1% de los actores españoles pueden vivir de su profesión. O lo que es lo mismo sólo ese porcentaje alcanza la condición de mileurista (12.000 euros anuales o más). Si se eleva el listón hasta los 30.000 euros anuales la tasa desciende hasta el 2,1% del colectivo.  

Ser actor en España: sólo el 8% alcanzaba en 2016 la condición de 'mileurista'

La comparativa con las ediciones previas del estudio refleja más claves. Si en 2004 (28%) y en 2011 (23%) en torno a uno de cada cuatro actores estaba en el paro, en 2016 el índice de desempleó se había duplicado, hasta alcanzar al 48% de la profesión.

Iñaki Guevara, secretario general de la Unión de Actores y Actrices, menciona la subida del IVA cultural al 21% durante la primera legislatura de Mariano Rajoy como un elemento clave para el deterioro de la profesión. Especialmente en el caso del teatro, donde las compañías, por lo general más débiles económicamente, redujeron de manera drástica su actividad o la derivaron a salas alternativas, con menor capacidad de recaudación y por tanto de pagar sueldos dignos.

Más escuelas, más actores

A la nociva política fiscal y los recortes de las subvenciones públicas, Guevara añade otro factor fundamental para explicar su estado actual. La proliferación de escuelas de interpretación en la última década ha disparado el número de graduados y, por tanto, la bolsa de jóvenes actores en busca de su primer empleo. Y en un mercado donde la demanda va precisamente a la baja. “Los representantes lo tienen claro; hay una hiper-inflación de actores en España”, comenta Guevara en conversación con este medio.

Los datos recogidos en el estudio de la Fundación Aisge refuerzan esta valoración. También si se analizan desde el punto de vista generacional. Dicho documento, que lleva la firma del sociólogo Walter Actis, refleja cómo los actores españoles menores de 35 años trabajan más (48%) que sus colegas mayores de 45 años (43%), aunque lo hacen por menos dinero: los primeros son mayoría entre los que reciben poco (hasta 6.000 euros al año) o nada de dinero a cambio de su trabajo, mientras que los segundos destacan entre los (poquísimos) afortunados que perciben más de 30.000 euros en un año.

Nuevos actores: la proliferación de escuelas ha disparado el número de nuevos demandantes de empleo

El dilema de la primera oportunidad

La actriz catalana Rosa Andreu, miembro de la ejecutiva de la Associació d’Actors i Directors Professionals de Catalunya (Aadpc), el principal sindicato del sector en Cataluña, confirma el boom vivido en los últimos años en esta profesión. El cual vincula, entre otros factores, a la “dignificación social” del oficio después de décadas en las que ser actor estaba mal visto. Una percepción que se acabó de dar la vuelta con el matrimonio de éxito que forjaron, especialmente entre los jóvenes, la televisión y las series con la llegada del nuevo siglo, opina Andreu.

De un mercado con una bolsa de actores cada vez mayor se han aprovechado muchas productoras, tal y como la Aadpc denuncia desde hace años. Esta organización, por ejemplo, no publicita aquellas ofertas de empleo que no se ajusten al convenio colectivo del sector, a pesar de que éste sea ignorado reiteradamente por múltiples empresas. La cuestión es que, aún con esa drástica “rebaja de las condiciones laborales”, los productores parecen no tener demasiados problemas en encontrar candidatos para sus papeles.

Productoras de ciner y teatro: a pesar de la rebaja en las condiciones laborales, parecen no tener problemas en econtrar candidatos

“Cuando empiezas, de lo que tienes ganas es de subir al escenario”, comenta Andreu, casi mirando a los inicios de su carrera, que coincidió con la vuelta de la democracia a España, una etapa especialmente fértil para el cine y el teatro español. El problema quizás radica en que lo que antes era una excepción ahora se ha convertido en norma. Así lo refleja el testimonio de una actriz anónima, recogido en el estudio de Aisge: “Yo hago un montón de cosas [por las que] que no cobro, pero un montón. ¿Y voy a decir que no? Bueno, es lo de siempre: ¿dónde está el límite?”.

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