La detención de Strauss-Khan revoluciona el panorama político francés

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ESCÁNDALOS

Dominique Strauss-Kahn

16 de mayo de 2011 (07:58 CET)

Francia se despertó ayer conmocionada por la noticia de la detención en Estados Unidos del director general del Fondo Monetario Internacional (FMI), Dominique Strauss-Khan (o como le llaman los franceses DSK), acusado por una empleada de un hotel de un presunto caso de agresión sexual.

Es obvio decir que el asunto ocupó todas las portadas de los diarios digitales (la noticia estalló en la madrugada del domingo, por lo que no pudo ser recogida por las ediciones en papel), además de horas de televisión y radio. Y no sólo por la condición de francés de DSK, sino por las repercusiones políticas que este asunto podría tener para el futuro político de Francia: en la práctica totalidad de los sondeos publicados por la prensa, el patrón del FMI era el candidato preferido por los votantes socialistas y máximo favorito para las presidenciales que deberán celebrarse en 2012.

Cierto es que Strauss-Khan aún no había oficializado su candidatura a las primarias que celebrarán los socialistas antes de finales de año para elegir al cabeza de lista con la que pretenden derrotar a Nicolas Sarkozy y recuperar así la presidencia francesa. Pero todo el mundo daba por hecho que DSK iba a presentarse a las primarias socialistas y todos los sondeos le daban ganador.

Tras la consternación inicial, a lo largo de la jornada de ayer la prensa francesa fue poco a poco analizando las consecuencias políticas que puede provocar este espinoso asunto.

A diferencia del puritanismo estadounidense, los franceses no se escandalizan por los líos de faldas de sus políticos. Ni lo hicieron cuando el último presidente socialista, François Miterrand, mantuvo una doble vida y una doble familia cuando estaba en el cargo, ni lo hicieron cuando Sarkozy, al poco tiempo de ser elegido presidente, se divorció de su esposa, ni cuando poco después se casó con Carla Bruni.

De hecho, no es la primera vez que DSK se ve envuelto en líos de faldas. La última estuvo a punto de costarle el puesto en el FMI al revelarse a finales de 2008 que Strauss-Khan había mantenido una relación con una economista húngara que trabajaba en la misma institución.

Pero analistas y políticos coincidieron en que una cosa es un asunto de faldas y otra muy distinta, en caso de prosperar, son las acusaciones de agresión sexual y secuestro de las que se acusa a DSK. Lo primero no deja de ser un asunto privado, lo segundo “es un crimen”, tal como dijo el co-presidente del Partido de Izquierdas Jean-Luc Mélenchon

Prudencia oficial


Los primeros espadas de la política francesa fueron desfilando ayer por los diferentes medios para valorar la situación, pero la mayoría de ellos lo hicieron para apelar a la “presunción de inocencia” del acusado, a la “contención” en las valoraciones políticas y para expresar su asombro y consternación por la noticia.

Así lo hicieron los llamados a ser los principales adversarios de DSK en las primarias socialistas: la actual líder del Partido Socialista Francés Martine Aubry, la candidata socialista en las presidenciales de 2007 Ségolene Royal y François Hollande, ex hombre fuerte del partido.

Precisamente, muchos analistas vieron ayer en Hollande el gran beneficiado del asunto DSK de cara a las primarias socialistas. Todas las quinielas daban por hecho una alianza entre Aubry y Strauss-Khan, con éste como cabeza de cartel, por lo que deberá verse ahora qué hace ahora la ministra que impulsó en su día la jornada laboral de 35 horas semanales. Y Royal está a años luz de tener la popularidad que disfrutó en 2007.

Así pues, fuera de juego el carismático y prestigioso economista Strauss-Khan, el gris Hollande podría erigirse como el candidato favorito en las primarias en un partido socialista dividido y donde DSK no gozaba de un fervor unánime: demasiado liberal para una parte de los socialistas, que ven mejor un candidato de un perfil más de “izquierdas” como Hollande.


¿Y Sarkozy que piensa de este escándalo? El presidente no habló públicamente ayer, pero el diario Le Monde informó que el entorno del jefe del Estado quiso mostrarse prudente para “no dar la impresión de regocijarse”. Sin embargo, estas fuentes coincidieron que la derecha tendrá que cambiar de estrategia, ya que desde sus medios afines se había presentado a DSK como el candidato ideal para enfrentarse a Sarkozy, porque ambos tienen el mismo punto débil: su gusto por la ostentación. Piensan que nadie hubiese criticado los gustos refinados de Sarkozy si el candidato socialistas fuese un jefe del FMI con los mismos gustos.

Semana 'horribilis'

No en vano, la pasada fue una semana “horribilis” para DSK: la prensa francesa publicó el martes unas fotografías del patrón del FMI subiendo a un imponente Porsche. Aunque el coche fuese de uno de sus consejeros, los seguidores de Strauss-Khan vieron en esa publicación una maniobra de El Elíseo para desacreditar al candidato socialista. Por ello no fue sorpresa que desde los sectores más cercanos a DSK se valorase ayer el escándalo como un complot o una trampa de la derecha para sacarse de encima el rival que les superaba en todos los sondeos.

Deberá esperarse a ver cómo evoluciona el proceso contra Strauss-Khan en Estados Unidos y si finalmente queda imputado por los delitos de los que le acusa una empleada de un hotel neoyorkino para poder analizar con más calma las consecuencias de este terremoto político y quiénes son los principales beneficiados: Hollande, Sarkozy o… la candidata de extrema derecha Marine le Pen.

A diferencia de la moderación desde las filas del gobierno, la candidata a las presidenciales del Frente Nacional dijo que DSK quedaba ya “desacreditado” para ocupar la presidencia francesa. Los sondeos más recientes dan a Le Pen como favorita para pasar a la segunda vuelta de los comicios de 2012 para disputar la presidencia al propio Strauss-Khan.


Le Pen no dejó pasar la oportunidad de ensañarse con su adversario político e insinuó que todo París estaba al corriente del comportamiento “patológico” del jefe del FMI con respecto a las mujeres.

La lucha por la presidencia francesa puede convertirse en una guerra de trincheras sin cuartel, en la que ningún candidato esté a salvo de que ver como sus adversarios le saquen cadáveres de los armarios.
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